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Jorge Santa Cruz

El 24 de septiembre de 2019, en la sede más simbólica de los arquitectos del Nuevo Orden Mundial, el Presidente de los Estados Unidos dijo que el futuro no pertenece a los globalistas, sino a los patriotas

Era el 24 de septiembre de 2019, el reloj marcaba las 10:12 a.m., tiempo de Nueva York. El mundo no era sacudido todavía por la noticia de la inminente pandemia de Covid-19. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, iniciaba su discurso ante la 74ª Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas con la clara intención de definir posturas, de una vez y para siempre.

Con rostro adusto, comenzó su pieza oratoria con un escueto saludo protocolario: «Muchas gracias, Sr. Presidente, Sr. Secretario General, distinguidos delegados, embajadores y líderes mundiales».1

Pronunciadas esas trece palabras, procedió a plantear su visión de la realidad, la de su país y la del mundo: «Siete décadas de historia han pasado por este salón, con toda su riqueza y drama».2

Sobra decir que la palabra «drama» retumbó en cada rincón del salón de plenos del máximo templo del globalismo, ante el disgusto de los sumos sacerdotes que trabajan para imponer el nuevo orden mundial.

Acto seguido, Trump preparó el terreno para lanzar su ofensiva ideológica. Evocó a los oradores que han desfilado por la misma tribuna durante más de siete décadas —sin mencionar a ninguno por su nombre— y lanzó el primer misil:

Al igual que aquellos que estuvieron aquí antes que nosotros, nuestro tiempo es uno de grandes luchas, grandes riegos y opciones claras. La división esencial que se extiende por el mundo y a lo largo de la historia se ve de nuevo muy claramente. Es la división entre aquellos cuya sed de control los engaña haciéndoles creer que están destinados a gobernar a otros y a aquellas personas y naciones que solo quieren gobernarse a sí mismas.

Tengo el inmenso privilegio de dirigirme a ustedes hoy como el líder elegido de una nación que valora la libertad, la independencia y el autogobierno sobre todas las cosas. Estados Unidos, después de haber gastado más de 2.500 billones de dólares desde mi elección para reconstruir completamente nuestro gran ejército, es también, por mucho, la nación más poderosa del mundo. Esperamos que nunca tengamos que usar ese poder.

Los estadounidenses saben que en un mundo donde otros ven conquista y dominación, nuestra nación debe ser fuerte en riqueza, poderío y espíritu. Es por eso que Estados Unidos defiende enérgicamente las tradiciones y costumbres que nos han hecho quienes somos.

Al igual que mi amado país, cada nación representada en este salón tiene una historia, una cultura y una herencia preciadas que vale la pena defender y celebrar, y que nos brindan nuestro singular potencial y fortaleza.

El mundo libre debe acoger sus fundamentos nacionales. No debe intentar eliminarlos ni reemplazarlos.

Al mirar a nuestro alrededor y a todo este gran y magnífico planeta, la verdad es evidente. Si se quiere libertad, hay que enorgullecerse de su país. Si se quiere democracia, aferrarse a su soberanía. Y si se quiere paz, amar su nación. Los líderes sabios siempre anteponen el bien de su propio pueblo y su propio país.

El futuro no pertenece a los globalistas. El futuro pertenece a los patriotas. El futuro pertenece a naciones soberanas e independientes que protegen a sus ciudadanos, respetan a sus países vecinos y honran las diferencias que hacen que cada país sea especial y único.3

A continuación, expuso los logros de su administración (conseguidos entre el 20 de enero de 2017, cuando tomó posesión, y la fecha de su comparecencia ante la 74a Asamblea General de la ONU, el 24 de septiembre de 2019):

·       La reducción del desempleo a su nivel más bajo en medio siglo.

·       La disminución del desempleo entre afroestadounidenses y estadounidenses de origen hispano y asiático a las tasas más bajas jamás registradas.

·       El impulso al empleo con base en los recortes masivos de impuestos y la disminución de regulaciones, con la consiguiente creación de seis millones de empleos.

·       El rescate de 2.5 millones de estadounidenses que dejaron la pobreza.

·       El aprovechamiento ordenado de la vasta abundancia energética de Estados Unidos.

·       El liderazgo mundial de Estados Unidos en la producción de petróleo y gas natural.

Expuesta su plataforma nacionalista, Trump definió claramente su doctrina militar y comercial. Lo hizo en los siguientes términos:

A medida que reconstruimos el poder inigualable del ejército estadounidense también estamos revitalizando nuestras alianzas al dejar muy claro que se espera que todos nuestros colaboradores paguen su parte justa de la tremenda carga de defensa que Estados Unidos ha realizado en el pasado.

En el centro de nuestra visión para la renovación nacional se encuentra una ambiciosa campaña para reformar el comercio internacional.

Durante décadas, el sistema de comercio internacional ha sido fácilmente explotado por naciones que actúan de muy mala fe. A medida que los trabajos se subcontrataban, unos cuantos se hicieron ricos a expensas de la clase media.

En Estados Unidos, el resultado fue de 4,2 millones de empleos en manufactura perdidos y 15 billones de dólares en déficit comercial durante el último cuarto de siglo. Estados Unidos está ahora tomando esa acción decisiva para terminar con esta grave injusticia económica. Nuestro objetivo es sencillo: Queremos un comercio equilibrado que sea justo y recíproco.

Hemos trabajado estrechamente con nuestros colaboradores en México y Canadá para reemplazar el TLCAN con el nuevo, y que esperamos sea bipartidista, Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá.4

Dicho lo anterior, lanzó un misil directo contra China:

La diferencia más importante en el nuevo enfoque de Estados Unidos sobre el comercio se refiere a nuestra relación con China. En 2001, China fue admitida en la Organización Mundial del Comercio. Posteriormente, nuestros líderes sostuvieron que esta decisión obligaría a China a liberalizar su economía y fortalecer las protecciones para proporcionar cosas que eran inaceptables para nosotros y para la propiedad privada y el estado de derecho. Dos décadas después, se ha demostrado que esta teoría estaba completamente equivocada.

China no solo se ha negado a adoptar las reformas prometidas, sino que adoptó un modelo económico que depende de masivas barreras comerciales, grandes subsidios estatales, manipulación de divisas, competencia desleal, transferencias forzadas de tecnología y robo de propiedad intelectual, así como también de secretos comerciales a gran escala.

Como solo un ejemplo, recientemente me reuní con el director ejecutivo de una excelente compañía estadounidense, Micron Technology, en la Casa Blanca. Micron produce circuitos de memoria utilizados para innumerables productos electrónicos. Para avanzar en el plan económico a cinco años del gobierno chino, una compañía propiedad del estado chino supuestamente robó los diseños de Micron, valorados en hasta 8.700 millones de dólares.

La compañía china obtiene patentes para un producto casi idéntico y Micron tiene prohibido vender sus propios productos en China. Pero estamos buscando que se haga justicia.

En Estados Unidos se perdieron 60.000 fábricas después de que China ingresara a la Organización Mundial del Comercio. Esto le está sucediendo a otros países en todo el mundo.

La Organización Mundial del Comercio necesita un cambio drástico. No se debe permitir que la segunda economía más grande del mundo se declare a sí misma como un país en desarrollo para jugar con el sistema a expensas de otros.

Durante años, estos abusos han sido tolerados, ignorados e incluso alentados. El globalismo ejerció una fuerte influencia sobre los líderes del pasado, lo que les hizo ignorar su propio interés nacional.

Pero en lo que respecta a Estados Unidos, esos días han terminado. Para confrontar estas prácticas injustas, impuse aranceles masivos a productos fabricados en China por más de 500.000 millones de dólares. Como resultado de estos aranceles, las cadenas de suministro ya se están reubicando de regreso a Estados Unidos y a otras naciones, y se están pagando miles de millones de dólares a nuestro Departamento del Tesoro.

El pueblo estadounidense está absolutamente comprometido a restablecer el equilibrio de nuestra relación con China. Espero que podamos llegar a un acuerdo que sea beneficioso para ambos países. Pero como he dejado muy claro, no aceptaré un acuerdo que no sea bueno para el pueblo estadounidense.

Mientras nos esforzamos por estabilizar nuestra relación, también estamos monitoreando cuidadosamente la situación en Hong Kong. El mundo espera que el gobierno chino cumpla con su tratado vinculante hecho con los británicos y registrado en las Naciones Unidas en el que China se compromete a proteger la libertad, el sistema legal y las formas de vida democráticas de Hong Kong. La forma en que China elija manejar la situación dirá mucho sobre su papel en el mundo en el futuro. Todos contamos con el presidente Xi como un gran líder.

Estados Unidos no busca conflictos con ninguna otra nación. Anhelamos paz, cooperación y el beneficio mutuo con todos. Pero nunca dejaré de defender los intereses de Estados Unidos.5

Luego de arremeter contra Irán, defender a Israel y explicar sus contactos con el régimen comunista de Corea del Norte, Trump lanzó otro misil, dirigido específicamente contra el especulador y desestabilizador mundial disfrazado de filántropo, George Soros, promotor de la migración desordenada. Leamos:

Aquí, en el Hemisferio Occidental, nos unimos a nuestros socios para garantizar la estabilidad y las oportunidades en toda la región. En esa misión, uno de nuestros desafíos más críticos, es la inmigración ilegal que socava la prosperidad, destruye sociedades y fortalece a los despiadados carteles criminales.

La inmigración masiva ilegal es injusta, insegura e insostenible para todos los involucrados: Los países de los que provienen y los países que se han mermado. Y se han mermado muy rápido, porque no se ha atendido a sus jóvenes y el capital humano se desperdicia.

Los países a los que llegan están sobrecargados con más migrantes de los que pueden aceptar de manera responsable. Por lo que los propios migrantes son explotados, asaltados y maltratados por despiadados coyotes.

Casi un tercio de las mujeres que hacen el viaje hacia el norte hasta nuestra frontera son agredidas sexualmente en el camino. Incluso, aquí en Estados Unidos y en todo el mundo hay una creciente industria artesanal de activistas radicales y organizaciones no gubernamentales que promueven el tráfico de personas. Estos grupos fomentan la migración ilegal y exigen la eliminación de las fronteras nacionales.

Hoy tengo un mensaje para aquellos activistas que están a favor de fronteras abiertas y que se esconden en la retórica de la justicia social: Sus políticas no son justas. Sus políticas son crueles y malvadas. Están alentando a las organizaciones criminales que se aprovechan de hombres, mujeres y niños inocentes. Ponen su propio falso sentido de virtud antes que la vida, el bienestar y un sinnúmero de personas inocentes. Cuando se socava la seguridad fronteriza, se socavan los derechos humanos y la dignidad humana.

Muchos de los países que están hoy aquí están enfrentando los desafíos de la migración incontrolada. Cada uno de ustedes tiene el derecho absoluto de proteger sus fronteras. Y, por supuesto, también lo tiene nuestro país. Hoy debemos resolver trabajar de manera conjunta para terminar con el tráfico de personas, poner fin a la trata de personas y acabar con el negocio de estas redes criminales de una vez por todas.

A nuestro país, puedo decirle sinceramente: Estamos trabajando estrechamente con nuestros amigos en la región, incluidos México, Canadá, Guatemala, Honduras, El Salvador y Panamá para mantener la integridad de las fronteras y garantizar la seguridad y prosperidad de nuestro pueblo. Quisiera agradecer al Presidente López Obrador, de México, por la gran cooperación que estamos recibiendo, y por haber puesto a 27,000 soldados en nuestra frontera sur. México nos está mostrando un gran respeto, y yo los respeto a cambio.

En Estados Unidos, hemos tomado medidas sin precedentes para detener el flujo de inmigración ilegal. A todo aquel que considere cruzar ilegalmente nuestra frontera, escuche estas palabras: No pague a los traficantes de personas. No pague a los coyotes. No se ponga en peligro. No ponga a sus hijos en peligro. Porque si llega aquí, no se le permitirá la entrada. Se le devolverá de inmediato a su país. No será liberado en nuestro país. Mientras sea presidente de Estados Unidos, haremos cumplir nuestras leyes y protegeremos nuestras fronteras.

Para todos los países del Hemisferio Occidental, nuestro objetivo es ayudar a las personas a invertir en el brillante futuro de su propia nación. Nuestra región está llena de increíbles promesas: Sueños a la espera de ser realizados y destinos nacionales para todos. Y están esperando también ser realizados.

En todo el hemisferio hay millones de jóvenes trabajadores y patrióticos, ansiosos por construir, innovar y lograr. Pero estas naciones no pueden alcanzar su potencial si una generación de jóvenes abandona sus hogares en busca de una vida en otro lugar. Queremos que todas las naciones de nuestra región prosperen y que su gente prospere en libertad y en paz.6

Así fue la declaración de guerra de Trump contra los que se sienten predestinados a sojuzgar a todos los pueblos de la tierra por medio del globalismo.

Trump lo hizo en la mismísima sede del mundialismo: la ONU. En ese momento, se echó a andar la maquinaria del fraude cometido en las elecciones del 3 de noviembre pasado. El fracaso de la trama rusa lo único que hizo fue acelerar los preparativos del robo electoral.

Referencias electrónicas

1.     Embajada de Estados Unidos en Uruguay. “Discurso del Presidente Trump ante la 74ª Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas”. Gobierno de los Estados Unidos de América”. (24 de septiembre de 2019. [Fecha de consulta: 18 de noviembre de 2020]). Consultado en:  https://uy.usembassy.gov/es/discurso-del-presidente-trump-ante-la-74-a-sesion-de-la-asamblea-general-de-las-naciones-unidas/

2.     Íbid.

3.     Íbid.

4.     Íbid.

5.     Íbid.

6.     Íbid.

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