Denis Lukyanov

Han pasado veinticinco años desde el día que empezó el genocidio de Ruanda, una de las masacres más grandes de la historia del mundo. El 7 de abril de 1994 el país africano quedó sumergido en un verdadero baño de sangre que continuó durante tres largos meses y le costó la vida a hasta un millón de personas.

Los orígenes del conflicto se hunden en la división del país entre dos pueblos hermanos, hutu y tutsi. Las diferencias entre ellos son insignificantes ya que hablan el mismo idioma llamado kinyarwanda y efectivamente siguen las mismas tradiciones.

Los estudios genéticos han comprobado que hutu y tutsi tienen el mismo linaje. De acuerdo con una de las teorías, inicialmente los dos grupos étnicos fueron un solo pueblo, pero luego se separaron en dos clases: los agricultores y los ganaderos, respectivamente.

Las discrepancias entre dos pueblos comenzaron a aparecer con la llegada de los colonizadores europeos, en particular, en la época cuando el territorio de la actual Ruanda pasó a formar parte de la colonia África Oriental Alemana en 1885.

Los tutsi

Los colonizadores alemanes creían que los tutsi eran superiores desde el punto de vista de la raza por eso apostaron por ellos en la tarea de gobernar la región.

La supremacía de los tutsi continuó cuando los belgas se apoderaron de esta zona a raíz de la Primera Guerra Mundial a pesar de que casi 90% de la población era de origen hutu.

En aquella época introdujeron carnés de identidad en los que se especificaba el origen étnico de cada persona. Antes de esto algunos hutu ricos se solían convertir en tutsi honorario. La introducción de dichos documentos hizo que se abandonara esta práctica.

El movimiento por los derechos de los hutu empezó a cobrar impulso, lo que culminó con un conflicto con los tutsi que ocurrió en 1959. Como consecuencia de este trágico evento muchos tutsi huyeron del país y encontraron refugio en los países vecinos, entre ellos, Uganda, Burundi y Zaire —actualmente llamado la República Democrática del Congo—.

Los tutsi fueron perseguidos en su propia tierra. Los que se refugiaron en Uganda exigían el derecho a regresar a su país de origen. Así se creó el Frente Patriótico Ruandés que no solo tenía un brazo político, sino militar también. El grupo entró en el territorio de Ruanda desde Uganda en 1990 lo que dio inicio a la guerra civil ruandesa.


Los integrantes del Frente lucharon contra las fuerzas leales al presidente Juvenal Habyarimana —de origen hutu— quien llegó al poder en 1973 como resultado de un golpe de Estado y fue reelegido en tres ocasiones y gobernó el país casi durante 21 años.

En la fase inicial ganó la popularidad tanto entre los hutu como entre los tutsi, pero luego empezó a tomar decisiones que desfavorecían a los últimos.

Hubo un intento de poner fin a la guerra civil en 1993 que pareció ser exitoso a primera vista. El acuerdo de paz suponía que los tutsi pasarían a formar parte del Gobierno, sin embargo, los hutu lo percibían como un intento de hacerse con el poder.

En Ruanda empezó a crecer la histeria anti-tutsi calentada por los medios locales que incitaban a los hutu a matar a los tutsi. No obstante, el conflicto alcanzó el punto de no retorno en abril de 1994 cuando un avión en el que volaba Juvenal Habyarimana fue derribado sobre la capital del país, Kigali, y murieron todos los pasajeros a bordo.

Los militares acusaron al Frente Patriótico Ruandés de haber orquestado el ataque aunque en realidad hasta hoy se desconoce el verdadero perpetrador. Los mismos militares llamaron a la población a erradicar al pueblo tutsi como una venganza por el asesinato del mandatario.

El genocidio comenzó junto en Kigali donde en una cuestión de varias horas fueron instalados los puntos de control en las calles de la ciudad. En aquellos puntos cada persona tenía que presentar su carné de identidad en el que estaba escrita la etnia. Mataban a todos los tutsi de forma indiscriminada.

En los días siguientes los puntos de control aparecieron en otras partes del país también. La violencia se propagaba a un ritmo muy rápido. Los que trataban de impedir la masacre a menudo se convertían en víctimas de esta carnicería.

Además de los tutsi, los hutu asesinaban a cualquier persona que le prestara apoyo a los tutsi, incluidos los hutu moderados, o que pareciera más tutsi que hutu. El peor destino fue el de las mujeres tutsi a las que violaban, sometían a torturas o mantenían como esclavas durante semanas.

 

Un hombre tutsi víctima de un ataque por parte de los hutu

La población hutu obedeció a los llamamientos a matar a los tutsi sin cuestionarlos. De hecho la mayoría ya estaba preparada y armada en los meses anteriores. Miles de tutsi trataron de esconderse en iglesias, hospitales y escuelas, pero en muchos casos esto no les ayudó.

Una de las excepciones más conocidas es el caso de Paul Rusesabagina —medio hutu, medio tutsi—, que era el asistente de dirección de un hotel en Kigali. Él ayudó a esconderse y protegió a unos 1.200 hutu y tutsi, que sobrevivieron. Su historia sirvió como base para el guion de la película Hotel Rwanda.

Los hutu prohibían sepultar a los tutsi muertos y dejaban los cuerpos justo en el lugar del asesinato. Los hutu creían que los predecesores de los tutsi provenían de Etiopia por lo cual a menudo tiraban a las víctimas a los ríos para enviarlos a 'su país de origen'.

 

Un niño cerca de unos cadáveres de tutsi

Al ver lo que estaba pasando con sus compatriotas los miembros del Frente Patriótico Ruandés, liderados por Paul Kagame, empezaron la acción y lanzaron una ofensiva casi sin oposición por parte de los hutu.

Como resultado a principios de julio de 1994 establecieron su control sobre la capital y para el 18 de julio establecieron el control sobre el país entero cuando capitularon los últimos focos de resistencia.

A lo largo de las últimas semanas del combate, los integrantes tutsi del Frente vengaron la muerte de sus familiares y amigos al asesinar a los que, desde su punto de vista, eran responsables del genocidio.

 

Cadáveres de tutsi hallados en un río de Uganda

Hay diferentes estimaciones en cuanto a la cantidad de personas que murieron como consecuencia de estos actos de venganza, pero aproximadamente se cifran en decenas de miles de personas.

Kagame reconoció que los actos tuvieron lugar y responsabilizó a algunos miembros del Frente de estos asesinatos al enfatizar que era imposible controlar la violencia en un país sumergido en el caos.

Cuando se hizo claro que los tutsi iban a establecer el control sobre el país entero cerca de dos millones de hutu abandonaron el país y se dirigieron a Zaire, entre ellos, los organizadores del genocidio.

Estos trataron de crear nuevos grupos armados e incluso realizaron incursiones en Ruanda desde el territorio de Zaire. Las milicias hutu de Zaire sufrieron una derrota cuando los hutus de las provincias del noroeste de Ruanda tomaron el lado del Gobierno de Kagame.

Después de la victoria, el Frente Patriótico Ruandés se convirtió en un partido, mientras su líder, Paul Kagame, se convirtió en el vicepresidente del país y también fungió como su ministro de Defensa. Venció en las elecciones presidenciales en 2000 y hasta hoy ocupa el cargo de mandatario de Ruanda.

Entre las posibles razones de la masacre masiva, además de las discrepancias entre los hutu y los tutsi, se encuentra la sobrepoblación del país que ocasionó una competencia por la tierra.

Este mismo hecho se considera una de las posibles causas que solo calentaron la situación ya demasiado tensa y determinaron la inevitabilidad de estos trágicos eventos.

Durante la guerra civil y el genocidio la infraestructura y la economía del país africano sufrieron un daño casi irreparable, sobre todo, en recursos humanos. Sin embargo, en los últimos 25 años la situación en Ruanda ha cambiado drásticamente.

Las autoridades quitaron la sección de la etnia de los documentos y tomaron el rumbo hacia el desarrollo del país. Hoy en día Ruanda es uno de los países que se desarrolla económicamente a un ritmo más rápido en el continente africano de ahí que se pueda decir que el país ha logrado sanar las cicatrices del pasado.

Anexos: Tres meses de infierno en Ruanda

Este 6 de abril, se cumplen 25 años del genocidio de Ruanda, producto del odio entre las etnias hutus y tutsis, así como la indiferencia de la comunidad internacional.

La muerte del presidente ruandés, Juvénal Habyarimana, en 1994 marcó el inicio de los asesinatos en masa, ya que la etnia hutu culpó a la minoría tutsi del fallecimiento. Aunque, otro teoría indica que a Habyarimana lo mataron los suyos (hutus) por firmar unos acuerdos de paz con una guerrilla de mayoría tutsi que ocupaba el norte del país.

En 100 días, el 70 % de la población tutsi de Ruanda fue exterminada y murieron muchos hutus moderados que defendieron a sus vecinos o se negaron a dejar sus casas cuando se dio la orden de evacuación.

El país africano fue escenario del mayor genocidio de los últimos 50 años, todo, ante la mirada indiferente de la comunidad internacional y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ciertos países occidentales y el régimen israelí alentaron la matanza vendiendo armas a los radicales hutus. En 2017, el Gobierno ruandés denunció que los funcionarios franceses tenían pleno conocimiento de la preparación del genocidio y “no solo no hicieron nada por evitarlo, sino que armaron a los perpetradores, les apoyaron en la creación y el mantenimiento de un gobierno de transición hutu y trataron de evitar que los responsables fueran llevados ante la justicia”.

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El cinismo de un Papa: Culpa solo a Occidente de la muerte de niños en las guerras de Asia y África

El papa Francisco ha criticado con dureza el negocio armamentístico de Europa y Estados Unidos ante los estudiantes y profesores del Instituto San Carlo de Milán. "Un país que produce y vende armas lleva en su conciencia la muerte de cada niño y la destrucción de cada familia", denunció el papa, citado por AP.

En su opinión, los países más desarrollados de Europa y EE.UU. fomentan las guerras mediante la venta de armas, un negocio sin el cual —afirma— no habría conflictos bélicos en países como Siria, Yemen o Afganistán.

"Hay toda una Europa para recibir a todos los migrantes"

El sumo pontífice también se refirió al acuciante tema de la migración, refutando los temores de los gobiernos que creen que el aumento de la criminalidad en sus países va asociado con los migrantes.

"Es cierto que un país no puede recibir a todos, pero hay toda una Europa para distribuir migrantes, hay toda una Europa, recalcó el Papa, según La Stampa.

Frente a la criminalización de los migrantes, el papa contrapone el argumento de que son ellos los que "nos traen riqueza", porque —recuerda— "Europa ha sido hecha por los migrantes".

Editorial de César Vidal: Ruanda: 25 años después

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