Luis Rivas

En los años 40 del pasado siglo, en la Alemania nazi se consideró a los eslavos como "familias de conejos, vagos y desorganizados que se multiplican como una ola de inmundicia".

Hitler, Goebbels y sus propagandistas extendieron el uso de la palabra 'untermenschen' (subhumanos) para referirse a gitanos, judíos, bolcheviques soviéticos —sic—, polacos y serbios.

En la campaña electoral de Estados Unidos para las elecciones de 2016, el candidato Donald Trump manifestó que los inmigrantes mexicanos eran violadores; "algunos no", aclaró poco después. Pero sería injusto, estúpido y ofensivo comparar a Trump con Hitler.

En el siglo XXI, en una región de Europa llamada Cataluña, el nuevo presidente del territorio aboga por separarse de España y ha dejado escritos sus pensamientos a lo largo de su carrera. Para Joaquim Torra, elegido como 131 president de Cataluña, los españoles son "bestias con forma humana". En 2012 aseguraba: "miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana que enjuagan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como una dentadura postiza de moho, contra todo lo que representa la lengua [catalana]"…

Para juzgar la evolución del socialismo catalán, Torra tenía en 2011, y quizá sigue teniendo, una explicación biológica: "los socialistas han entrado en un proceso de decadencia ineludible, al mezclarse con la raza del socialista español. Los cruces con la raza del socialismo español fueron aumentando hasta mutar el propio ADN de los autóctonos".

Recordemos que los teóricos nacionalsocialistas definían al "untermensch" como "el que está por debajo de la norma de capacidad y adaptabilidad impuesta por el orden social en el que viven. Pero sería injusto, estúpido y ofensivo comparar a Torra con Hitler.

Conceptos que se pensaban obsoletos, como el etnicismo —por no hablar de racismo—, o el supremacismo, vuelven a oírse estos días en Cataluña para juzgar a un nuevo presidente, elegido por la mayoría independentista del Parlamento local.

Pero Joaquim Torra, dicen también sus oponentes políticos, debe ser juzgado por sus actos y no por sus escritos. Torra es el candidato designado por el expresidente catalán, Carles Puigdemont, huido de la justicia española y retenido ahora en Berlín por la justicia alemana. Un hombre de paja, dicen en la oposición anti-independentista catalana. Un títere, juzgan otros. Y el interesado no lo niega. Para Torra, el verdadero president es Puigdemont, y él mismo le considera como "legítimo".

En sus discursos de investidura, el nuevo mandatario ha declarado su intención de seguir el camino hacia la "República independiente catalana". El problema es que, para ello, deberá violar, como su antecesor, las leyes vigentes en el Estado español, la Constitución española y el Estatuto de autonomía de la comunidad autónoma catalana, que le confiere precisamente la posibilidad de ejercer la presidencia de Cataluña.

Cuando el gobierno de Mariano Rajoy, apoyado por el Partido Socialista y por la formación Ciudadanos, aplicó el artículo 155 de la Carta Magna española para gestionar temporalmente Cataluña, se estableció que la medida dejaría de aplicarse en el momento de la formación del nuevo Gobierno local.

Ante el temor al programa de enfrentamiento institucional anunciado por Torra, los partidos constitucionalistas estudiaban la conveniencia de mantener vigente el 155. Para Ciudadanos, el partido constitucionalista y anti-independencia, —y el más votado en Cataluña—, el artículo 155 debería mantenerse e incluso ampliarse con medidas como liberar a la televisión pública catalana del control ideológico y antipluralista ejercido sin contrapesos por los separatistas.

Pero Mariano Rajoy prefiere esperar a los hechos, antes de juzgar las palabras de Torra. Y no tanto por mesura y reflexión, sino porque los presupuestos del Estado dependen de su acuerdo con el Partido Nacionalista Vasco, la derecha vasca, que le exige el levantamiento del 155 para brindarle su apoyo en ese capítulo.

El Presidente Rajoy y su Partido Popular, ven cómo las medidas que han aplicado desde hace meses en Cataluña no han obtenido ni la calma social ni la disminución de las intenciones del voto secesionista. Con una representación insignificante en el Parlamento catalán, el PP comprueba cómo la adhesión popular a nivel estatal se evapora a la misma velocidad que Ciudadanos le despoja del liderazgo en los sondeos.

Desafiado por los independentistas de Cataluña y necesitado de los votos del nacionalismo vasco en las Cortes, Rajoy necesita a sus rivales de Ciudadanos y del PS para tomar medidas en defensa de la legalidad constitucional. Mientras tanto, en el extranjero siguen siendo las tesis del agit-prop independentista las más escuchadas, ante la absoluta incapacidad de los "cerebros" de la comunicación gubernamental para defender el punto de vista de la legalidad vigente, que es la que defienden más de la mitad de los catalanes y el resto de los españoles.

Con la ruptura con el orden constitucional anunciada por Torra, el desgaste de las instituciones del Estado español —y las de la comunidad autonómica de Cataluña— seguirá en marcha sin que se vislumbre una solución clara. Carles Puigdemont declaraba a un diario italiano, el día de la investidura de Torra, que se convocarán nuevas elecciones en octubre. En esas fechas está previsto el inicio de los juicios de los independentistas, ahora en prisión acusados de múltiples delitos. Puigdemont considera que en esa ocasión se despertará una mayor ola de adhesión a las tesis independentistas.

Si a ese objetivo se unen las acciones callejeras de control social y propaganda, la situación puede devenir explosiva. Así lo cree el líder de los socialista catalanes, Miquel Iceta, que advierte a Torra que "si se rompen las leyes de la convivencia esto acabará como el rosario de la aurora, es decir, con una batalla campal".

Ningún político se atreve a manifestarlo de forma clara, pero el peligro de un aumento de la violencia callejera es un temor que se extiende por Cataluña. Los independentistas necesitan la tensión permanente para mantener calientes sus aspiraciones, en paralelo a su acción política.

Desde hace tres años, Cataluña vive inmersa en el conflicto suscitado por el independentismo. En ese período, la batalla política ha dejado de lado las cuestiones económicas y sociales.

En el debate de investidura, el candidato Torra escuchó las críticas en ese sentido del representante de Catalunya en Comù, Xavier Domenech, quien reprochó a los otros partidos de la izquierda catalana, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la CUP (Candidatura d'Unitat Popular) que apoyen a un candidato conservador y se olviden de la lucha social. Declaraciones que sirven también para recordar a muchos despistados fuera de España que el nacionalismo no es precisamente una cuestión de izquierdas.

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

RECOMENDAMOS