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El enfrentamiento entre Rusia y Occidente comenzó hace mucho tiempo, desde que Rusia tomó el lugar del derrumbado Imperio Romano. Desde ese momento, a la oposición al nivel geopolítico se ha sumado la confrontación de la ortodoxia, que se separó por razones políticas de esta misma ortodoxia del catolicismo. Ya en el último tercio del siglo XVI en el Occidente, se crean dos planes para establecer el control sobre Rusia: la católica (Habsburgo, Sacro Imperio Romano) y la protestante (Inglaterra). Ambos planes (con modificaciones) pasaron los siglos y al final del siglo XX tomaron la forma de enfoques de los Rothschilds y Rockefellers para el debilitamiento / destrucción de la URSS.

A principios del siglo XIX tras el final de las guerras napoleónicas, Rusia se convirtió el enemigo número 1 del Reino Unido en el continente y los británicos comenzaron a prepararse para la eliminación de ese competidor. Si en el XIX – principios del siglo XX fue una lucha ruso-británica sobre una base geopolítica, y luego casi toda la segunda mitad del siglo XX fue una confrontación soviética-estadounidense, en el cual el bando estadounidense no estaban únicamente sus “primos” británicos, sino también Occidente en su conjunto. En el siglo veinte al aspecto geopolítico de la confrontación con los anglosajones se añade la URSS, no sólo como una potencia, respeto a Occidente, sino también como un sistema anti-capitalista y mundial alternativo.

En la década de 1820 se puso en marcha el programa psicohistórico (informativo)- “Rusofobia”, que tuvo que preparar moralmente e ideológicamente a todos los europeos occidentales a participar en la lucha británica contra Rusia, cuya culminación fue la Guerra de Crimea en el siglo XIX, la primera guerra del oeste conjunto contra Rusia. Su resultado fue la reducción de la influencia rusa en Europa y un fortalecimiento de la posición de Francia de Napoleón III, pero al mismo tiempo, Rusia ha mantenido su estatus como una de las cinco grandes potencias europeas y consiguió resistir al Reino Unido en Asia Central.

 

A través de la lucha tanto británica como estadounidense contra Rusia, es decir, a través de toda la lucha de los anglosajones contra los rusos desde el siglo XIX y hasta el día de hoy se marcan dos “líneas rojas” más, estrechamente relacionadas con la gobernanza supranacional / mundial/ global. La primera “comenzó” en la década de 1820, simultáneamente con el comienzo de la lucha británico-rusa, la segunda – desde la década de 1880.

La primera “línea roja” está conectada con las ambiciones de los banqueros europeos, en primer lugar, los Rothschilds, para crear algo semejante al gobierno mundial, oficializando/institualizando la gobernanza supranacional. En el camino de estas aspiraciones objetivamente se encontró Rusia de Alejandro I, y luego de Nicolás I, lo que hizo la Rusia de Romanov enemigo no sólo del Reino Unido, sino también de los banqueros europeos, encabezados por los Rothschilds (más tarde financiaron la Guerra de Crimea y el movimiento revolucionario en Rusia). La situación no cambió después de la Revolución de Octubre. ..

omando el curso a la construcción de “socialismo en un solo país”, es decir, el “Imperio Rojo”, el equipo de Stalin objetivamente se puso en el camino de la transformación de la gobernación mundial en un gobierno mundial – tres veces Stalin frustró planes globalistas, tanto de lo derecho como de la izquierda, ganando el odio y de primeros y de segundos.

La lucha de los anglosajones y de Occidente en su conjunto contra Rusia no fue únicamente por la línea estatal, si no por la línea de las estructuras supranacionales cerradas de conciliación y gobernación mundial, los estados a menudo fueron solo unos medios y hacían papel de unas fachadas de esta lucha. Incluso se puede decir que la evolución de las formas de organización de la gobernanza mundial en el siglo XX estuvo determinada en gran medida por la lógica y las tareas de la lucha de los líderes de Occidente, la clase capitalista mundial con Rusia. En gran medida esto fue facilitado por todo lo que estaba conectado con la segunda “línea roja”, que comenzó en la década de 1880 y estaba conectada con la ambición de Occidente de poner los recursos rusos bajo control suyo.

En la década de 1880, las principales zonas de recursos del mundo ya habían sido puestas por Occidente bajo control a modo de colonias o semicolonias. El Capital demandó nuevas áreas de recursos (y de paso mercados de venta y fuente de mano de obra barata), esta demanda se vio reforzada por la coyuntura económica negativa, la depresión mundial de 1873-1896, que primero golpeó a Gran Bretaña.

En 1884 se celebró una conferencia en Berlín, en la cual se decidió que los países que poseen recursos naturales, pero que no son capaces de dominarlos, deberían abrirse a la “comunidad internacional”, es decir, a Occidente. Y aquellos que no quisieran hacer esto lo serían abiertos por la fuerza. Oficialmente declaró que se trataba de África, pero ciertamente no es verdad: sobre África en este contexto nadie tomaría estas decisiones, simplemente irían y tomarían el poder, lo que se realizó a finales del siglo XIX en relación con África, y no solo el África negra, sino también blanca. De hecho, la conferencia de Berlín envió una advertencia – una “marca negra” – a Rusia, probando la fuerza de su joven emperador. Los nervios de Alejandro III eran fuertes, y su Rusia era lo suficientemente fuerte, no como el imperio de su hijo-perdedor, aún no estaba sometida por las deudas, y por lo tanto el “punto negro” no había alcanzado su objetivo.

Los objetivos y las tareas de 1884 se resolverían a través de la Primera Guerra Mundial y revolución de febrero de 1917, que se suponía iba a sacar a Rusia de la categoría de grandes potencias (programa mínimo) o conducir a su desmembramiento con el establecimiento no solo del control económico, sino también político (el programa máximo).

 

A principios de la década de 1920, la fase internacional-socialista de la revolución rusa y la Guerra Civil, creó una situación muy cercana a la que buscaban las oligarquías transnacionales; parecía que los recursos rusos estaban a punto de pasar bajo el control occidental. Sin embargo, el equipo de Stalin cerró la NEP (la nueva política económica) junto con el proyecto “revolución mundial” y sólo una docena de años después de la expulsión de la URSS de Trotsky, se creó un poderoso complejo militar-industrial y se aseguró la autarquía industrial del mundo capitalista (dos del los cinco “centros” industriales del mundo de la época se encontraban en el territorio de la URSS).

El intento de Occidente (especialmente el Reino Unido) de poner los recursos rusos bajo su control con la ayuda de Hitler se frustró y la Unión Soviética se recuperó en 10 años, en lugar de 20, según los cálculos de los Estados Unidos y ya en los principios de la década de 1950, se convirtió en una superpotencia. En los años 1950-1980 el Occidente tuvo que olvidarse de los recursos rusos, porque la lucha era contra el sistema y el oponente geopolítico, pero durante y sobre todo después del colapso de la URSS la cuestión de los recursos rusos apareció de nuevo en la agenda de Occidente, especialmente teniendo en cuenta la importancia del petróleo y el gas para la economía actual. A los recursos rusos hoy se agrega un “premio” más: el espacio ruso (norte-euroasiático). El hecho de que prácticamente todos los expertos están de acuerdo dado el inminente desastre geoclimático (atenuación de la corriente del Golfo, la reestructuración en curso planetaria cada 11,5-12,5 mil años, que caiga a los siglos XX – el comienzo del XXII con la fase activa en el los años 1990-2030), la única zona estable y rica en recursos será el norte de Eurasia, es decir, Rusia, especialmente su parte de Urales. Esto es lo que hace que el control sobre Rusia sea imprescindible para los líderes occidentales, cuyos representantes no dudan en afirmar que los rusos no pueden dominar la Siberia y el Lejano Oriente, y por lo tanto deben pasarlos bajo control de la comunidad internacional, es decir, de las agencias transnacionales y las estructuras globales (la repetición de la situación de 1884); que rusos son muchos y lo suficiente es de 15 o un máximo de 50 millones para servir al “tubo” del gas y petróleo (este es el destino histórico de Rusia según Occidente). Bueno, y su “quinta columna” en Rusia está peloteando activamente a sus dueños.

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El desfile de los británicos en Murmansk (Rusia, noviembre de 1918) 

La destrucción de la Unión Soviética como la forma de Rusia histórica debería resolver para el Occidente una serie de problemas y ampliamente abrir las “puertas” para la globalización, lo que no consiguieron lograr en la Primera Guerra Mundial, para la cual los conspiradores e instigadores han estado trabajando desde hace varias décadas. En realidad el siglo XX nació en esta guerra. De hecho, fue el comienzo de la Gran Guerra del siglo XX, la fase “caliente” mundial que duró 31 años (1914-1945), y “fría” global -45 años (1944-1989). Entender el “corto siglo XX” (1914-1991) es entender el mecanismo de la organización de la guerra 1914-1918 y los motivos y objetivos de sus organizadores.

Se trata de ver una imagen integral de la época que comenzó con la guerra franco-prusiana (1870-1871), la depresión económica (1873-1896) y terminó con la destrucción de la URSS (1991), a los ataques individuales contra la URSS como el portador de la responsabilidad por la Segunda Guerra Mundial, parece ser una respuesta adecuada al adversario psicohistórico; no es un contraataque, sino una contraofensiva a lo largo de toda la línea del frente.

Incluso ni siquiera con la destrucción de la Unión Soviética en 1991, la cuestión rusa para el Occidente no llego realizarse hasta el fin. La batalla por los recursos rusos, y dada la amenaza de una catástrofe geoclimática y el espacio ruso como territorio de reserva, aún está por llegar. Debemos aprender las lecciones de la historia y utilizar su ciencia contra el enemigo principal. Y si queremos cambiar los resultados de la Guerra Fría ya que una vez la Unión Soviética derrotó a los resultados de la Primera Guerra Mundial, las lecciones de la historia son necesarios no sólo para saber y para enseñarles a ser utilizados como el arma orgánica en la guerra informativa-psicohistórica.

Traducción de un capítulo del libro “El frio viento de Este de la Primavera Rusa”” del historiador ruso de A.I.Fursov.

Fuente:  http://www.euskalrus-vesta.org/2018/04/24/rusia-y-occidente/ 

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