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Héctor G. Barnés

En 2001 se hicieron públicos los resultados del primer examen PISA. Entre decenas de países, destacaba por encima del resto uno en el que nadie había reparado aún: Finlandia, que se encontraba en los primeros puestos en matemáticas, lectura o ciencia. Desde entonces, y durante más de una década, expertos educativos, profesores, periodistas y sociólogos se lanzaron a glosar las excelencias de su sistema educativo. Eliminación de exámenes y deberes, educación centrada en el alumno, exigente formación de profesores, autonomía de los centros… El número de lecciones que el resto de países debían aprender de los escandinavos era innumerable. Finlandia, en definitiva, era un milagro. El modelo a imitar.

A partir de 2009, no obstante, la situación comenzó a cambiar, y la línea ascendente comenzó a caer en picado. En matemáticas, por ejemplo, pasaron de 544 puntos en 2003 a 519. ¿Qué estaba ocurriendo? Algunas respuestas pueden encontrarse en 'Real Finnish Lessons', un pequeño libro escrito por el sueco Gabriel Heller Sahlgren, director de investigación del Centre for Education Economics londinense en el que intenta desmontar dato a dato las leyendas sobre la educación finlandesa. Un proceso de deconstrucción que podría resumirse en una idea: el éxito escandinavo no fue consecuencia de sus reformas educativas, sino a pesar de ellas. En todo caso, pueden explicarse a partir de sus particularidades históricas.

Heller Sahlgren sugiere que fue el tradicionalismo del sistema educativo finlandés, centrado en el profesor y con una gran centralización organizativa, lo que le disparó a lo más alto de los 'rankings' educativos. “El análisis de sus resultados a lo largo del tiempo muestran que su ascenso empezó mucho antes que sus políticas estrella entrasen en vigor”, recordaba. En otras palabras, no solo esos conocidos ingredientes del éxito no habían tenido nada que ver con su ascenso en PISA, sino que el experto en economía de la educación recordaba que eran la causa del posterior desplome en los 'rankings'. Analizamos estos mitos de mano del analista sueco.

PREGUNTA. En su monografía defiende que los buenos resultados obtenidos por Finlandia en PISA en 2000, el año del “milagro”, no se deben a los factores que suelen señalarse, sino a otros que se han ido dejándose de lado. ¿Cuáles?

RESPUESTA. En el libro destaco dos factores. El primero es que Finlandia tradicionalmente ha dado gran importancia al rol de los profesores, no solo en el colegio, sino también en la sociedad. Es una nación muy joven, y por lo tanto, necesitaba inocular esos nuevos valores a través de una educación que llegase a todos los niños y al resto de la población. Antes de la Segunda Guerra Mundial ya se puede ver que había una gran proporción de profesores bien formados, lo que muestra el estatus del que gozaban durante los años 20 y 30, así que no es nada nuevo. Sin embargo, no iban a la universidad, sino a seminarios. Mantener que se trata simplemente de una cuestión de formación de los docentes es simplista.

Finlandia fue plantando las semillas de su éxito a lo largo de la historia. Hay que recordar que era un país muy pobre: en los años 50, aún se encontraba en un 60% del PIB de Suecia y Dinamarca. Entonces algo ocurrió, y se desarrolló económicamente de una forma similar a la del este de Asia, con un crecimiento tan rápido entre los 50 y finales de los 80 que hizo que el cambio de valores no fuese al mismo ritmo. Suecia, Noruega y Dinamarca se convirtieron en países postindustriales, más progresistas en sus actitudes, que se centraban en la felicidad de los niños, su autoexpresión y demás. Pero si comparas la educación sueca y la finlandesa, verás que no se parecen, porque Finlandia siguió siendo muy tradicional hasta finales de los años 90 y principios de siglo.

Esas costumbres que cimentaron la importancia de la educación, un rápido crecimiento económico que facilitó que los padres estuviesen mejor formados (lo que influye positivamente en los niños) y la retención de este método tradicional de educación, que no está muy de moda, son los tres ingredientes que produjeron sus buenos resultados a principios del siglo XXI.

P. Por lo tanto, es un error intentar imitar el modelo educativo finlandés moderno.

R. Es importante recordar que sus puntuaciones en las pruebas comenzaron a mejorar mucho antes de que el sistema actual fuese implementado. Si miras los datos, ha sido con este cuando las notas han empezado a caer. Su descenso entre 2006 y 2015 es el mayor entre todos los países nórdicos. Pero también puedes fijarte en los años 90, cuando Finlandia participaba en el TIMSS, que se centra en Ciencias y Matemáticas. Entre 1990 y 2011, los alumnos de séptimo grado (13 años) bajaron 38 puntos, que equivalen a más de un año entero de escolarización. Cuando vimos las puntuaciones del año 2000 y dijimos “Finlandia lo está haciendo muy bien”, en realidad las notas ya estaban cayendo.

Copiar a Finlandia tendría un efecto negativo. Es un peligro imitar otros sistemas educativos en general, aún más cuando las investigaciones sugieren que fue el sistema antiguo el que produjo buenos resultados y el nuevo, el que tanto le gusta a todo el mundo, es el que está haciendo bajar las notas. Es una lección importante.

P. Entonces, ¿qué cambios se han producido para que el rendimiento haya descendido?

R. Es difícil decirlo, pero hay distintos factores. El primero es que Finlandia es ya un país rico, por lo que en muchos sentidos se parece más a otras naciones occidentales. Es un poco más vago, considera que los niños no deberían estudiar tanto en el colegio… Lo que hemos visto entre 2002 y 2009 gracias a PISA es que la cantidad de tiempo que los niños dedican a la lectura ha descendido significativamente. Los valores relacionados con la educación están cambiando entre los jóvenes.

Desde principios de los 90 hay un movimiento en Finlandia para que la enseñanza sea como en Suecia, más centrada en los niños. Si miras los nuevos currículos, enfatizan que sean estos los que determinen cómo será la educación. Hay un cambio hacia la educación centrada en el alumno, pero históricamente la cantidad de niños que participan en su diseño ha sido muy baja, y esta se ha doblado entre 2009 y 2016. Hay evidencias de que la educación tradicional desaparece en Finlandia al mismo tiempo que bajan las notas.

P. Uno de los temas recurrentes al hablar de Finlandia es que hacen muy pocos deberes. Según argumenta, eso no tiene ninguna relación con el éxito educativo del país.

R. No, lo que ocurre es que la jornada escolar es más corta en Finlandia. Y eso, mágicamente, ha terminado convirtiéndose en que a los niños les va mejor si estudian menos. Si miras las investigaciones no es así. Si haces más deberes, obtendrás mejores resultados. Si vas más horas al colegio, también. Lo sabemos gracias a PISA y TIMSS. Es al revés: los niños finlandeses han sacado buenas notas a pesar de no hacer muchos deberes. No creo que sea en absoluto un factor positivo, pero es de esas cosas que se intentan imitar. Es lo que ha ocurrido en Escocia, que ha intentado copiar el sistema educativo finlandés, por ejemplo, eliminando exámenes estandarizados. Lo que ha ocurrido es que la educación escocesa está hundiéndose. Las investigaciones sugieren que los exámenes mejoran el aprendizaje. Es peligroso llegar a conclusiones basándose solo en lo que hace Finlandia.

P. ¿Qué rol jugó la equidad en esos buenos resultados?

R. Es difícil decirlo. Mucha gente resalta la importancia de la reforma de las escuelas comprehensivas en los años 70, pero los datos muestran que apenas tuvo impacto en los resultados de los niños. Lo que hizo fue incrementar el número de años de escolarización, así que la primera generación de PISA tenía padres que, gracias a ello, habían disfrutado de una mayor formación. Esos fueron los cimientos de la equidad, y quizá que más gente formase parte del sistema educativo tuvo un impacto positivo en los niños. A un nivel más general, es difícil decir nada sobre el rol de equidad como tal, porque hay pocos datos sobre ello. Históricamente, Finlandia lo hizo bien, pero una vez más, no es algo intrínseco al sistema educativo.

El nivel de educación especial aumentó sensiblemente entre los 70 y los 90, y eso pudo haber tenido algún impacto, al centrarse en los niños con peores notas. Pero cuando Finlandia mejoraba era porque tenía clases y estilos de enseñanza muy tradicionales, que estaban muy estandarizados en todo el país. En resumen, resulta poco probable que la igualdad de la que todo el mundo habla fuese el secreto para el éxito finlandés.

P. Ahora que Finlandia ha bajado su rendimiento, los periodistas y expertos educativos nos centramos en otros países: Estonia, Portugal, Canadá… ¿Hasta qué punto es peligroso crear “modelos estrella” cada pocos años?

R. Muy peligroso e inútil, porque no se puede aprender nada de ello. Estonia es un caso muy interesante, porque lo está haciendo muy bien. Si te fijas, en muchos sentidos se parece a Finlandia. Tienen una lengua parecida, crecieron muy rápido… Pero en su caso, tienen dos tipos de población: los que hablan ruso y los que hablan estonio. ¿Quién crees que lo hace mejor? Tienen dos tipos de sistemas educativos exactamente iguales, pero los rusos rinden al nivel de Suecia y los estonios, al de Japón. Así que un mismo sistema puede producir resultados muy diferentes, a causa del contexto cultural. ¿Cuál copiarías? ¿El ruso o el estonio? ¡Son iguales! Es muy difícil llegar a conclusiones. Nadie diría que Estonia no lo está haciendo bien, pero es complicado descubrir sus secretos, en cada país ocurren cosas que determinan sus resultados.

Mira Polonia, se supone que era un buen ejemplo, pero se desplomó 20 puntos en el último examen PISA. Vietnam también lo era y cayó. Antes de intentar mejorar nuestro sistema educativo, debemos analizar otros países, pero no simplemente para copiar qué están haciendo, sino para averiguar a través de investigaciones qué podemos aprender. Es peligroso hablar de “milagros” cada tres años.

P. Lo que explica de Estonia ocurre también en España, donde alguna regiones puntúan muy por encima de la media de la OCDE, a la altura de Finlandia, y otras están muy por debajo.

R. La pregunta, por lo tanto, es por qué debemos copiar a Finlandia cuando puedes analizar esas regiones de España, ¿no? ¡Jajaja! ¿Qué están haciendo diferente? Probablemente nada, son otros factores los que están en juego.

P. ¿No es un problema que se utilicen mediciones como PISA como criterio para juzgar el rendimiento educativo de un país?

R. La educación no puede medirse de un único modo, pero PISA tiene una fuerte correlación con otras matrices de rendimiento. No deberías centrarte únicamente en los resultados de las pruebas, pero es importante recordar que la evidencia sugiere que un rendimiento mayor es clave para el crecimiento económico. Los resultados ya no solo miden los conocimientos, sino otras habilidades como la conciencia social, la capacidad para trabajar duro, etc., que también son muy importantes para el futuro de los niños en el mercado laboral.

No deberíamos ser demasiado negativos con PISA. El gran problema no son los resultados en sí, que están bien, sino las recomendaciones de la OCDE u otras organizaciones que se preguntan qué deben hacer los países para obtener mejores notas, y que a menudo no se basan en nada. Como explico en el libro, muchas de sus conclusiones provienen de la mera observación, hay poca investigación detrás. Quizá ahora sea demasiado fácil ver los 'rankings' y decir “mira qué bien este país, vamos a copiar su sistema educativo”. .

P. ¿Qué cree que pasará en el futuro con Finlandia?

R. Es difícil decirlo, pero creo que seguirán bajando. Puede que se detengan, pero viendo cómo está su sistema educativo, se van a parecer cada vez más a Suecia. Es un país que ha mejorado en la última edición porque curiosamente ha empezado a hacer todo lo contrario que Finlandia, por ejemplo, recuperando las pruebas estandarizadas. Pero si tuviese que hacer una predicción, diría que no va a ir a mejor.

P. ¿Cuál es la moraleja de esta historia?

R. Que no hay lecciones fáciles. No hay ningún ingrediente que garantice el éxito. El peligro, como pongo de manifiesto en el libro, es que es imposible encontrarlo. No hay que llegar a conclusiones apresuradas sobre lo que un país debería hacer a partir de lo que ha visto en Finlandia, en Japón, en Estonia, o en cualquier otro país de moda.

El mito de la educación finlandesa: todo lo que no te contaron sobre su éxito

En agosto de este año se implantará en la educación básica finlandesa la nueva reforma del currículo (NCF, National Curriculum Framework) que fue aprobada en el año 2012. Los cambios garantizarán la célebre independencia de colegios y municipios a la hora de implantarlos y tiene como objetivo el “desarrollo de los colegios como comunidades de aprendizaje, el énfasis en la alegría del aprendizaje y una atmósfera colaborativa, así como la promoción de la autonomía del estudiante en su formación y en la vida escolar”, como aseguraba Irmeli Halinen, la responsable de currículo de la Junta Nacional de Educación de Finlandia.

Esto se traduce en la ya conocida y polémica supresión de asignaturas –tal y como las conocemos– y su sustitución por el trabajo por proyectos, que tiene como objetivo desarrollar siete áreas competenciales. Por ello, su principal herramienta serán “las prácticas colaborativas del aula que tendrán aparejados estudios multidisciplinarios, basados en el fenómeno, donde varios profesores podrán trabajar con un número dado de estudiantes al mismo tiempo”.

Vista desde España, donde el mero hecho de nombrar los exámenes PISA provoca que se erice el vello del más pintado, suena a que los finlandeses no quieren dormirse en los laureles y aprovechar los buenos momentos para apuntalar su sistema educativo: son uno de los países europeos que mejor parados salen en las pruebas realizadas por la OCDE, aunque lejos de países asiáticos como Japón, Singapur o parte de China. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y es probable que la reforma vaya mucho más allá e intente hacer frente a algunos de los “problemas” a los que ya se refirió Krista Kiuru, la antigua ministra de Educación y Ciencia, en una entrevista con 'The Atlantic', “en algunas escuelas de las afueras con más inmigrantes o mayor desempleo”. Pero probablemente no sean los únicos.

El desplome en los 'rankings'

Créanlo o no, PISA también inquieta a los finlandeses, sobre todo después de su caída en los resultados de 2012, que ahondaron en los ya mediocres obtenidos en 2009. Aunque aún siguen muy por encima de la media, los resultados mostraron que los niños finlandeses obtenían 519 puntos en matemáticas –la principal materia del estudio en aquel año–, por los 544 del año 2003. Como resultado, Finlandia cayó del puesto número dos al doce, siendo superada por ostros países europeos como Liechtenstein, Suiza, Países Bajos y Estonia, así como los ya conocidos Shanghai, Singapur, Hong Kong, Taiwán y Corea. Unos resultados que propiciaron un perverso paralelismo con otro gran icono escandinavo como es Nokia, que se hundió en su propio éxito por no ser capaz de reaccionar a tiempo, como recordaba el presidente del Sindicato Educativo de Alemania (OAJ), Olli Luukkainen.

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Desde entonces, infinidad de análisis y propuestas han visto la luz para intentar explicar la razón de este declive y proponer soluciones. Una de las más polémicas, y quizá también de las más reveladoras, es la del director de investigación del Centro para la Reforma del Mercado de la Educación, Gabriel Heller Sahlgren, que proponía una tesis diametralmente opuesta a la de aquellos expertos extranjeros que identificaban en la liberalización finlandesa la clave de su éxito. Nada de eso: según su informe, llamado 'Real Finnish Lessons: The true story of an education superpower', no hay ninguna razón concluyente para mantener que el éxito finlandés se debe a “la igualdad, con la reforma comprehensiva de los colegios en los años 70 como cimiento, y la ausencia de exámenes estandarizados, rendición de cuentas y reformas comerciales”, así como a “los pocos deberes y al actual sistema de formación de profesores”.

En realidad, argumentaba Sahlgren, el auge de la educación finlandesa comenzó mucho antes de que se tomasen estas decisiones políticas. En los años 90, los que pavimentaron el camino para que Finlandia arrasase en el informe PISA de 2000, el sistema educativo se encontraba muy centralizado y los centros carecían de la autonomía de la que hoy gozan. Se trata, más bien, de una peculiar situación histórica muy semejante a la de algunos de esos países asiáticos a los que tan bien les va en las pruebas académicas: su incorporación a la industrialización y el desarrollo económico fue posterior a la de otros países, por lo que conservó Finlandia muchos rasgos de las sociedades tradicionales, al mismo tiempo que recibía una importante inversión económica en educación.

El informe de Sahlgren es tremendamente iconoclasta. Recuerda que, muy probablemente, “el clima escolar jerárquico y tradicional se mantuvo activo hasta hace relativamente poco”, lo que el autor identifica con el éxito del país. Por lo tanto, han sido las recientes reformas las que han propiciado la decadencia, no las que han llevado a Finlandia al lugar en el que se encuentra: “La reciente caída en el rendimiento puede en parte ser explicada por el hecho de que muchas de las condiciones previas para el éxito están siendo actualmente erosionadas”. En otras palabras, Finlandia se está poniendo al día con la transformación económica de la segunda mitad del siglo XX que ha provocado que “la cultura educacional centrada en el profesor esté siendo reemplazada por formas de trabajar centradas en el alumno”.

Vieja discusión para un futuro por escribir

Vistas sus palabras, es fácil clasificar a Sahlgren como uno de esos especialistas educativos nostálgicos por los viejos tiempos de disciplina y protagonismo del profesor. Sin embargo, no es el único que ha manifestado sus reservas frente a las nuevas reformas educativas, incluso a partir de argumentos diferentes. Como aseguraba un reciente reportaje publicado en 'The Economist', hay dos grandes preocupaciones que atormentan a los detractores del nuevo currículo. Por un lado, la cada vez mayor desigualdad entre los alumnos de diferentes entornos sociales, y que contradice la gran victoria igualitaria conseguida durante las últimas décadas. Por el otro, la extinción de aquella peculiar mezcla que provocó el gran 'boom' educativo finlandés con su culmen en el año 2000.

“El error que los políticos y expertos en educación cometen en Finlandia, China o en cualquier país que figure en los primeros puestos del informe PISA es asumir que la razón del éxito tiene que ver con las peculiaridades del sistema educativo”, explicaba en 'The Conversation' Dennis Hayes, profesor de Educación de la Universidad de Derby. En su opinión, en la línea de la de Sahlgren (aunque no exactamente igual), gran parte del éxito finlandés podía explicarse a partir de sus peculiaridades sociales, culturales e históricas, no solo por célebres acercamientos a la educación como la libertad de los docentes o la ausencia de evaluaciones.

“Lo que distinguía a Finlandia a finales del pasado siglo eran las expectativas educativas”, explica el docente. “Sin embargo, hubo un momento a mediados de los años 90 que esas expectativas eran tan altas que se dijo que estaban dañando la autoestima de los alumnos”. Es decir, justo en el momento en el que Finlandia estaba obteniendo los mejores resultados en los exámenes externos se empezó a replantear su cultura educativa, basada en el esfuerzo y la buena reputación de la educación. En opinión de Hayes, el volantazo hacia una educación basada en habilidades y no en contenidos (por otra parte, muy común en los países desarrollados) no es otra cosa que una muestra del pánico finlandés por perder su lugar privilegiado en los 'rankings'.

Solo el tiempo dará la razón a unos o a otros, pero las opiniones de los expertos en educación reabren un melón que habitualmente se suele ignorar, quizá porque sugiere la determinista idea de que el contexto social, educativo e histórico es lo que verdaderamente marca la diferencia, y no las distintas políticas que puedan adoptar los gobernantes. No cabe ninguna duda de que Finlandia se está sumando a las reformas más radicales de la vanguardia educativa que algunos han llamado GERM (Global Education Reform Movement) porque está en una posición privilegiada para hacerlo; también que, como se ha demostrado repetidamente, el verdadero efecto de las reformas educativas tan solo puede percibirse a largo plazo.

Una última moraleja para los españoles obsesionados con los resultados del examen PISA: si damos más importancia a la tendencia que a los resultados absolutos, tenemos más que celebrar que los finlandeses, como ya hemos visto. Especialmente, si tenemos en cuenta la situación sociohistórica de cada país, ya que la nuestra, tras décadas de retraso en la educación, aún nos permite un amplio margen de mejora. Basta con cambiar ligeramente de perspectiva para darse cuenta de que en todas partes cuecen habas. Incluso en Finlandia, uno de los casos que nos recuerdan que, entre la realidad y la leyenda, muchos prefieren quedarse con esta última y obviar que la realidad es altamente compleja.

Fuente: El Confidencial

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