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Carlos Prieto

Todos los políticos de izquierdas de la Transición más Adolfo Suárez, Gutiérrez Mellado y algunos generales dudosos: Fusilados, fusilados y fusilados.

Así hasta 3000 personas. “Los que iban a morir el 24-F” fue un reportaje de la revista ‘Actual’ publicado a finales de agosto de 1982. La lista de sangre de los golpistas. Todos los políticos y celebrities culturales a fusilar en caso de triunfo del golpe duro. La exclusiva, publicada en tres entregas, causó sensación en la precampaña electoral del 82. Tres meses después, el PSOE de Felipe González ganó sus primeras elecciones generales.

“Más de 3000 españoles hubieran sido muertos seguros en la mañana del 24-F que, por suerte, nunca llegó. ‘Actual’ ha tenido acceso a esa vergonzante lista negra de compatriotas condenados a muerte sin razón ni lógica, si es que hay alguna que pueda explicar tamaña condena”, aseguraba el reportaje. Según 'Actual', la lista había sido confeccionada por ultras madrileños el 22 de diciembre de 1980, en un piso de la avenida de las Islas Filipinas, donde se reunieron “las recién creadas Milicias Populares Patrióticas”, “elementos violentos escindidos de Fuerza Nueva o Falange Primera Línea”.

A los ‘fusilados’ citados en el arranque de este artículo, se le sumaban nombres como Quique Camoiras, Juan Diego, Susana Estrada, Marisol, Concha Velasco, Chillida, Paco de Lucía, Paco Ibañez, Felipe González, Tierno Galván, Solchaga, Leguina, Carrillo, Marcelino Camacho, Cristina Almeida y Alfonso Guerra. La cara de Guerra, por cierto, fue una de las que apareció en la portada de ‘Actual. Quizá no sea un detalle menor...

Estatus morboso

“La lista causó sensación tras publicarse, se agotaron los tres números de la revista, mucha gente la dio por auténtica y buscó su nombre en el listado”, cuenta el historiador Luis Miguel Sánchez Tostado. ¿Aparecer en la lista daba estatus democrático morboso?

Aunque algunos dudaron de la información de ‘Actual’ -‘ABC’ la calificó de amarillista- la lista de fusilados ha sobrevivido a nuestros días.

El mes pasado, coincidiendo con el 40 aniversario del 23-F, ‘El Plural’ publicó un artículo recordando la lista de ‘Actual’. En 2011, en otro especial sobre el golpe, el programa ‘Equipo de investigación’ preguntó por la lista a varios de sus protagonistas. Miguel Ríos: “Cualquier persona que cantara libertad estaba en peligro”. José Bono: “De haber triunfado el golpe, evidentemente hubiese habido un baño de sangre”. Javier Nart: “Es una lista de unos iluminados fanáticos”.

Luis Miguel Sánchez Tostado acaba de publicar La Transición oculta’ (Almuzara, 2021), sobre la exagerada violencia del salto de la dictadura a la democracia. Entre otras muchas cosas, el historiador investigó los orígenes de la lista de sangre del 23-F, y se encontró más de una sopresa...

Seudónimo para truchas

La información de ‘Actual’ estaba firmado por Mario Bruno. “No existe el periodista Mario Bruno. Es un seudónimo utilizado solo para ese reportaje”, cuenta Sánchez Tostado. ¿Es normal que un medio firme la exclusiva más importante de su historia con seudónimo? No lo es, salvo que el medio dude de su contenido, sea una intoxicación o una trucha. ¿Se firmó la investigación de 'Actual' con seudónimo por seguridad? Podría ser, aunque a estas alturas de la Transición la tensión había decaído bastante.

La lista de políticos a fusilar, dividida por provincias, era casi idéntica a la de los candidatos de izquierdas en las elecciones generales de 1977, en el mismo orden en el que la publicó el BOE (y algunos periódicos) ese año. De ahí que en la lista de ‘Actual’ salieran nombres extraños para fusilar un 24 de febrero de 1981, como el diputado socialista Alfonso González Torres, que llevaba muerto desde diciembre de 1978 por un accidente de tren. ¿Alguien había hecho un copia y pega? “Probablemente”, opina Sánchez Tostado.

Igual de aleatoria era la lista de celebrities culturales a fusilar, donde si bien estaban los sospechosos progres habituales (entonces aún rojos), también había nombres más sorprendentes, por más cercanos al bloque conservador, como Delibes y Cela. “Igual los metieron para despistar, cualquier excusa era buena para enganchar al lector”, según Sánchez Tostado.

Respecto a la autoría de la lista: “Se la atribuyeron a una escisión de Fuerza Nueva llamada Milicias Populares Patrióticas, pero esa organización no existió nunca. Al margen del reportaje de ‘Actual’, no hay ni una sola referencia en ningún lado a ese grupúsculo ultraderechista”.

¡Que vienen los socialistas!

‘Actual’ arrancó controlada editorialmente por ex periodistas de ‘Interviú’, pero acabó ejerciendo de submarino del PSOE. El partido, de hecho, financiaba la publicación. “Según el registro mercantil, la empresa editora estaba formada por hombres del círculo de Alfonso Guerra, como Pep Alfonso, histórico diputado socialista mallorquín y presidente de ‘Actual’. En el consejo también estaban periodistas vinculados al PSOE, como Enrique Rey Pitti, gerente de ‘El socialista’, semanario editado por el partido. Según me confirmaron ex periodistas de ‘Actual’, el dinero de las nóminas lo ponía el PSOE”, afirma el historiador.

Sánchez Tostado entrevistó a dos antiguos periodistas de ‘Actual’. “Me pusieron sobre la pista de que la lista de fusilados fue un montaje salido de Ferraz”.

Extractos de las entrevistas a los ex periodistas de ‘Actual’:

“A nosotros quien nos indemnizó [cuando cerró la revista] fue directamente el partido socialista. Los talones salieron de Ferraz”.

“‘Actual’ es una operación que monta el PSOE, concretamente Alfonso Guerra”.

“Creo que [las listas de fusilados] fueron inventadas”.

“Se llevó con gran discreción, pero estoy seguro de que las listas llegaron del partido socialista. ‘Actual’ había sido adquirida por gente muy próxima al PSOE, del entorno de Alfonso Guerra y de la secretaría de comunicación… La discusión estaba entonces en si financiar o no medios de comunicación desde el partido socialista. Había una batalla entre las secretaría de finanzas y la de comunicación… Ángel Mototo [director de ‘Actual, ya fallecido] fue quien decidió que se publicaran esas listas, que las facilitó directamente el PSOE de Madrid. Yo estoy prácticamente seguro. No fue un trabajo de investigación. Nos las entregaron. Las listas no nos las enseñaron a ninguno de los redactores de la revista, llegaron directamente a la dirección y las mantuvieron en un cajón”.

“Quienes trabajábamos allí también teníamos muchas dudas respecto a la autenticidad de esas listas. Estaban falseadas. Además, coincide con un momento de la revista muy delicado. Había problemas financieros graves. Aquello tuvo algo de maniobra que vino directamente de la ejecutiva del partido socialista. La responsabilidad de esas maniobras fue claramente del PSOE. Es indudable”.

¿Por qué al PSOE podría interesarle que se publicara algo así?

“La lista se publica coincidiendo con la convocatoria de elecciones. Era un artículo oportuno para sembrar el miedo a la derecha y presentarse como víctimas. Fue un montaje fraudulento, juego sucio electoral, una maniobra socialista para matar dos pájaros de un tiro. Levantar la revista, que se estaba hundiendo, y crear alarma pública electoral. Esos días se habló de que los fusilamientos se habrían hecho en el Santiago Bernabéu, al modo dictadura de Pinochet. Miedo, indignación pública y movilización electoral”, deduce el historiador.

Está todo inventado

Partidos que financian medios de comunicación para vehicular su propaganda. Amenaza ultraderechista como cálculo electoral. Pasó en 1982; pero suena familiar.

La eterna discusión sobre si un partido debe controlar un medio de comunicación, y sobre si esto es más o menos ético que influir a periodistas suelos o poner o quitar publicidad institucional en función de la docilidad del medio. “Existía entonces un intenso debate sobre si los partidos democráticos debían financiar a medios de comunicación. No era ético, pero se hacía de tapadillo. Tras no alcanzar el gobierno en las elecciones de 1979, y ante la descomposición progresiva de la UCD de Suárez, los socialistas, impacientes por hacerse con el Ejecutivo, apuestan por la influencia en la opinión pública a través de algunos medios de comunicación”, explica el libro.

El caso fusilados marcó un momento simbólico importante como cierre de la Transición. O cuando la amenaza golpista de extrema derecha pasó de realidad a juego electoral. Por ello, dentro de ‘La transición oculta’, esta historia ejerce de reverso grotesco o excepción que confirma la regla. “La Transición no fue ni pacífica ni modélica”, afirma Sánchez Tostado, y en el libro lo apoya con datos: hubo más de 700 muertos por motivos políticos durante la Transición, un asesinato cada tres días en los peores momentos, 3000 acciones violentas por parte de terrrorismo de extrema izquierda, terrorismo de extrema derecha y guerra sucia policial. “Pero aún se niega que aquel periodo fuera violento”, zanja el historiador.

De la Transición violenta a la instrumentalización de la violencia.

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