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En 2018 se registró un ataque terrorista en la ciudad iraní de Ahvaz, que dejó decenas de muertos y heridos. ¡Veamos qué ocurrió y quiénes lo promovieron!

El 22 de septiembre de 2018, un desfile militar de las Fuerzas Armadas de Irán, que se celebraba con motivo del inicio de la Semana de la Defensa Sagrada —que coincide con el aniversario de la guerra impuesta por Irak a Irán (1980-88)—, fue objeto de un mortífero ataque en el que estuvieron implicados cuatro terroristas y que se saldó con 24 muertos y cerca de 60 heridos.

Las fuerzas de seguridad iraníes abatieron de inmediato a tres de los autores del atentado y detuvieron al cuarto, que había resultado herido, aunque posteriormente falleció en el hospital en el que se encontraba.

Días más tarde, el ministro de Inteligencia de la República Islámica, MahmudAlavi, anunció que el asesinato de niños y mujeres “no es algo que las fuerzas de Inteligencia y de Seguridad puedan olvidar” e informó de la detención de un gran número de sujetos vinculados con lo ocurrido.

Por su parte, la Defensa del país persa advirtió a los terroristas que se preparasen para la venganza de Irán. No transcurrió más de una semana cuando la División Aeroespacial del CGRI lanzó varios misiles balísticos tierra-tierra contra la sede de los autores intelectuales del ataque, ubicada en el este del Éufrates, en Siria.

A las pocas horas de acontecer el atentado de Ahvaz, el grupúsculo terrorista Al-Ahvaziya se atribuyó la autoría del mismo, mientras que el grupo takfirí EIIL (Daesh, en árabe) emitió también, por su parte, un vídeo en el que reivindicaba el incidente.

Desde un principio, las autoridades iraníes indicaron que Israel, Estados Unidos y las monarquías reaccionarias del Golfo Pérsico, en concreto Arabia Saudí, eran los responsables intelectuales del ataque. Las Fuerzas Armadas iraníes consideraron que Al-Ahvaziya no contaba con el poderío suficiente como para haber llevado a cabo en solitario el atentado en Ahvaz.

Efectivamente, las dos bandas que reivindicaron el ataque, es decir, Al-Ahvaziya y Daesh, contaban desde hacía tiempo con el apoyo de Arabia Saudí, un aliado de Estados Unidos en el oeste de Asia.

Poco después del ataque, el canal de televisión Iran International, con sede en Londres (capital británica) y con vínculos con Riad, permitió que el portavoz del grupo terrorista Al-Ahvaziya saliera al aire para justificar el atentado.

Se cree que Iran International está directamente apoyado por la monarquía saudí. El diario británico TheGuardian había citado con anterioridad a una fuente cercana al régimen saudí, que reveló que el referido canal recibe cada año un monto estimado en 250 millones de dólares de Arabia Saudí.

En su momento, las autoridades iraníes señalaron que el ataque terrorista podría desesperar a ciertos regímenes regionales y occidentales y llevarles a crear caos en distintas provincias de Irán. El fracaso del proyecto de desestabilizar el país persa, conforme a los funcionarios iraníes, derivó en que los Estados patrocinadores del terrorismo decidieran perpetrar ataques violentos y masacres.

Mirando en retrospectiva los acontecimientos sucedidos desde 2017 —cuando comenzaron las negociaciones de EE.UU. con los países árabes para la creación de una alianza militar similar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Irán— que demuestran la conspiración de Washington y Riad contra el país persa, nadie pone en duda la implicación del eje Arabia Saudí-EE.UU.-Israel —este último enemigo histórico de Teherán— en el ataque de Ahvaz.

En el marco de dicho complot antiraní, está en curso una campaña para dañar la imagen de la República Islámica de Irán, país al que ciertas naciones regionales y occidentales tratan de mostrar como una amenaza para la seguridad mundial.

En esta misma línea, el Golfo Pérsico ya está viviendo últimamente momentos de alta tensión debido a los recientes acontecimientos registrados en esta región y mayormente por el refuerzo del despliegue militar propuesto por EE.UU. en esta zona.

Washington anunció el pasado mes de julio su decisión de crear una coalición que vigile las rutas vitales en el estrecho de Ormuz, por eso pidió apoyo a sus aliados para llegar a su objetivo antiraní. De hecho, sus esfuerzos están en sintonía con su política de “máxima presión” contra Teherán —tras su salida del acuerdo nuclear— y también constituyen un intento de reducir a cero las exportaciones de crudo iraní, el principal fin de las sanciones norteamericanas que pesan contra la nación persa.

No obstante, parece que las últimas circunstancias que se han dado en el Golfo Pérsico no les han sido suficientes ni a Riad ni a Washington para entrar en acción contra Irán. Es más, desde la semana pasada —cuando Yemen lanzó un ataque con 10 aeronaves no tripuladas (drones) contra dos instalaciones petroleras de la compañía saudí Aramco— los dos aliados siguen generando noticias falsas para atribuir la ofensiva a Irán.

Teherán niega tales acusaciones e insiste en que carecen de toda base. El pasado miércoles, el presidente iraní, Hasan Rohani, aseguró que el ataque a Aramco suponía una respuesta a los ataques diarios de Arabia Saudí y sus aliados, entre ellos EE.UU., contra Yemen.

Al respecto, el país persa ha prevenido a la Administración estadounidense, presidida por Donald Trump, y a la monarquía saudí en contra de las consecuencias de la brutal guerra contra Yemen y la masacre de su pueblo desde el comienzo de la campaña de agresión de Riad y sus aliados en marzo de 2015 contra ese país.

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