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George Galloway

Los combatientes chechenos islamistas que perfeccionaron sus habilidades de combate en los campos de entrenamiento del Estado Islámico (IS, antes ISIS) están en guerra contra los rebeldes ucranianos, confirma el Times. Silencio.

Comandante de unidad chechena del batallón Sheikh Mansur, Ucrania.

El reporte del periódico británico The Times que indica que los islamistas chechenos, muchos de los cuales se replegaron luego de la derrota en Siria e Irak entre la variedad de grupos de fanatismo, habían llegado al frente de guerra en el este de Ucrania, me despertó de cualquier letargo navideño.

Un informe anterior del New York Times había revelado que los islamistas chechenos estaban bajo el mando del grupo fascista "Sector Derecha" y estaban allí para "luchar contra los rusos" porque "nos gusta luchar contra los rusos" y "nunca dejaremos de luchar contra los rusos".

Para el Times, en Navidad bastaba con citar a uno de sus comandantes: "Putin es nuestro enemigo común." Una cita que, por supuesto, ¡podría haber venido del editor del Times!

Si bien el informe fue una llamada de atención para mí, no fue así para el resto de los medios de comunicación británicos, y menos aún para la clase política británica. El silencio reinaba en los espacios mediáticos donde el miedo y el odio deberían haber estado presentes. Había más interés en Strictly Come Dancing [programa de baile de celebridades.- NdT] que en los extremistas islamistas de barba larga, que ahora eran, una vez más, nuestras parejas de baile en el crimen.

Pero siempre fue así.

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"Putin también es nuestro enemigo, dice combatiente checheno en Ucrania. Algunos de los hombres armados del batallón admiten haber perfeccionado sus habilidades de combate en campos de entrenamiento del Estado Islámico en Irak y Siria." 

El titular real del reciente artículo del Times, y la parte que alegremente incluyeron sobre ISIS...

Cuando regresé a la Cámara de los Comunes en 2012 después de una breve ausencia, le pregunté al entonces Primer Ministro David Cameron si había leído Frankenstein de Mary Shelley. Y si es así, si lo había leído hasta el final. El final en el que el monstruo, que el buen doctor había creado tan descuidadamente, se libera de su control y comienza a actuar como, bueno, un monstruo.

En otra ocasión estuve atrapado brevemente en un ascensor con el entonces Ministro de Asuntos Exteriores William (ahora Lord) Hague. Se lo dije:

"William, ya te has equivocado antes, de hecho lo has hecho toda tu vida. Pero nunca has estado loco antes. Esta política de poner cuchillos en las manos de los fanáticos islamistas y permitirles ir a Siria no sólo está mal, sino que es una locura".

Y un día, agregué portentosamente: "Esos hombres con esos cuchillos estarán en este edificio buscándote a ti y a mí." Lo que se hizo realidad sólo tres años después.

Sin embargo, mis poderes de predicción en el Parlamento se remontan mucho más atrás.

En vísperas de la caída de Kabul ante las hordas islamistas, hace casi 30 años, le dije a la ex Primera Ministra Margaret Thatcher: "Has abierto las puertas a los bárbaros, y una larga y oscura noche descenderá ahora sobre el pueblo de Afganistán".

Ciertamente no fue la peor predicción que he hecho en mi vida.

Si hubiera estado presente en ese momento, habría levantado la misma voz de alarma sobre la adopción por parte del Estado británico de la Hermandad Musulmana en Egipto contra el Presidente Nasser, sobre el apoyo británico y estadounidense a los oscurantistas en la guerra civil de los años sesenta en Yemen, sobre la adopción por parte de Israel de lo que se convirtió en Hamás en Gaza contra el Presidente Arafat, sobre la adopción por parte de Occidente de los extremistas del Grupo de Combate Islámico Libio contra Gaddafi y muchos otros. "Lea a Mary Shelley, lea a Frankenstein y léalo hasta el final".

La política de "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" es profundamente inmoral, y una que ha fracasado repetidamente pero que se repite una y otra vez.

A mediados de los años noventa di una conferencia al Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista Chino sobre el conocimiento que había adquirido trabajando con la oposición saudí en Londres de que alguien llamado Osama Bin Laden había sido orientado por los Estados Unidos hacia la región de Xinjiang en China para agitar a la minoría musulmana uigur, para exacerbar su alienación del Estado, para aprovechar las debilidades de la política estatal china hacia sus ciudadanos musulmanes. Y para sembrar el terror.

Tan novedoso era el nombre de Osama Bin Laden que los funcionarios del Departamento Internacional se agolparon a mi alrededor al final pidiéndome que deletree su nombre para ellos. Tan importante fue mi noticia que una semana después tuve que hacerlo de nuevo para el viceministro de Asuntos Exteriores de China.

Comentario: Así que, desde los años 90, en los círculos políticos de Occidente se sabe que el terrorismo islámico es una criatura de la inteligencia occidental. ¿¿Cuándo van a entender eso los occidentales comunes y corrientes??

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Los aliados chechenos del ejército ucraniano admiten abiertamente que tienen vínculos con el Estado islámico - informe

Líder del batallón de voluntarios ucranianos chechenos Muslim Cheberloevsky en entrevista en la televisión ucraniana en noviembre de 2017

En 2015, el New York Times se esforzó por señalar que los fanáticos que se presentaron en Mariupol eran "voluntarios no remunerados" y que ni ellos ni sus comandantes del Sector Derecha eran pagados o instruidos por las fuerzas especiales de Estados Unidos allí ni por funcionarios estadounidenses. Pero eso es lo que siempre dicen.

Los EE.UU. sólo apoyan a los fanáticos "moderados", como en Siria. Si usted cree eso, tengo un puente aquí en Londres que puedo venderle, a bajo precio.

Ya era bastante malo cuando se trataba del propio Sector Derecha, formado por media docena de grupos ultranacionalistas como Martillo Blanco, el Tridente de Stepan Bandera, y el Grupo Azov, que utiliza abiertamente los símbolos del "gancho del lobo" del SS nazi.

Estos grupos son discípulos abiertos de los pogromistas antisemitas que atacaron a sus vecinos judíos y los asesinaron durante la ocupación nazi de Ucrania. No había necesidad de esperar a los trenes o a los campos de concentración. Y sin embargo, se convirtieron en instrumentos de política para las "democracias liberales".

Un eje del mal formado entre ellos y los asesinos del extremismo islamista que cortan cabezas, comen corazones y crucifican debe marcar una nueva bajeza en la política occidental. Y es el peor regalo de Navidad posible para los cristianos de Ucrania oriental.

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