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La cineasta y actriz boliviana Carla Ortiz, testigo presencial de la guerra en Siria, habló con Sputnik acerca de las labores de los Cascos Blancos de la ONU en el país y de cómo las potencias occidentales interfieren haciendo que el pueblo sirio no consiga la paz.

Sputnik dialogó con la cineasta boliviana desde Washington DC, ciudad en la que se encontraba para hablar con senadores y congresistas estadounidenses con el objetivo de acercarles testimonios de ciudadanos sirios y videos de su autoría para que "entiendan que las sanciones [impuestas por Occidente a Siria] no están dañando al Gobierno [de Bashar Asad] sino a la gente que ya lleva siete años de guerra y medio millón de muertos".

"A todos se les olvida la parte humana de este conflicto. El Gobierno de un país puede o no gustarnos pero ¿eso vale generar siete millones de refugiados? Hay niños en hospitales que no pueden recibir sus tratamientos contra el cáncer porque las sanciones no permiten la entrada de químicos esenciales para su tratamiento. ¿Es lógico decir que el presidente sirio, que está está ganando una guerra con armas convencionales, no tiene químicos para salvar a niños pero sí para utilizarlos en sitios donde ya ha ganado la guerra? No tiene ningún sentido. Hay que cuestionar las cosas y tomar acciones que favorezcan a esta nación", sentenció Ortíz.

La cineasta boliviana recorrió gran parte del territorio sirio para filmar el documental ‘Voz de Siria', cuyo objetivo es mostrar el drama del conflicto desde el punto de vista de los principales afectados y sus vivencias contradicen lo que los medios hegemónicos suelen mostrar sobre la guerra.

Una de las cosas que más le impactó fue recorrer las calles de Alepo y encontrar que muchas escuelas habían sido tomadas como centros de operaciones de Al Nusra, organización terrorista asociada a Al Qaeda, y a los Cascos Blancos, grupo que se autodefine como una organización de voluntarios para la protección y asistencia de civiles en las zonas controladas por los distintos grupos rebeldes opuestos al Gobierno.

"Vi cómo los Cascos Blancos compartían edificios con grupos extremistas de Al Nusra sin ningún tipo de problemas. Si eres un civil y has visto lo que estos grupos le han hecho a tu gente y a tu familia, violando a tus hijas, decapitando personas, jamás estarías de acuerdo compartir algo con alguno de estos grupos", señaló.

A partir de estas experiencias decidió realizar un seguimiento al tema. Se contactó con civiles que se habían ofrecido como voluntarios para trabajar en esa organización. "Muchos me decían que en un principio creían que iban a salvar vidas pero luego se dieron cuenta que en realidad parte del auxilio se le daba a grupos armados, de esos que les dicen ‘moderados', pero que de eso no tienen nada", sostuvo

La gente en las calles le advirtió que los Cascos Blancos "no salvaban civiles", que les "negaban servicios en los hospitales a los niños", y que durante la batalla de Alepo "trabajaron mano a mano" con el grupo Al Nusra.

Denunció también que "cada vez que un periodista o yo hemos entrado en sitios tomados por rebeldes encontramos armas químicas y armas convencionales".

"Las potencias que supuestamente están tomando el papel de policías del mundo deberían tener mayor conocimiento de quiénes son las personas de quienes han filmado los videos de los supuestos ataques químicos", explicó.

Por el contrario, "se encargan de mantener esa desinformación cínicamente para permitir bombardeos que siguen destruyendo un país que está tratando de luchar contra un terrorismo del que todos en Occidente somos responsables, porque las armas que se mandan a grupos moderados siempre terminan en manos de extremistas", agregó.

Para Ortiz la única forma de poner fin al drama en Siria es escuchando a los sirios, no a potencias extranjeras que piden más intervención.

"Hasta la gente de la oposición siria pide por el final de una guerra que ha derramado demasiada sangre. Debemos difundir la información alternativa para ayudar a esta nación. Tenemos que dejar de pensar que Siria está lejos. Un niño sirio no es diferente a nuestros hijos", dijo Ortiz.

"El terrorismo que afecta a ese país también afecta al nuestro. Es necesario mirarnos al espejo y preguntarnos si queremos ser ese grupo de personas que ha cambiado la historia para poder decirle a nuestro nietos si contribuimos a hacer un mundo mejor o nos quedamos callados y fuimos indiferentes", concluyó.

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