La reunión de la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái) en Samarcanda ha ocupado el banquillo en la información debido al encuentro entre Putin y Xi Jinping. Y las furcias mediáticas occidentales se han apresurado a decir que Putin sufrió un revés más en la ocasión, al no haber contado con el apoyo incondicional del presidente chino, lo que le condenaría incluso a un  inminente abandono del poder .

Putin - Xi: simul stabunt simul cadent

Es parte del arte de la guerra describir a los adversarios como derrotados, y esta técnica ha sido muy popular en la guerra de Ucrania. Basta pensar en cuando, al comienzo de la guerra, todos los medios de comunicación informaron sobre una supuesta enfermedad terminal del zar, que luego fue desmentida, pero solo después de meses, por el jefe de la CIA.

Sin embargo, a pesar de todo, no es común hacer noticia cierta de las propias esperanzas, como en el caso concreto. Pero, volviendo a los hechos, hay que reiterar que Xi y Putin tienen ahora un vínculo indisoluble, también gracias a la política exterior estadounidense que durante mucho tiempo los ha puesto a ambos en el punto de mira, favoreciendo así su proximidad siendo muy conscientes de que  simul stabunt simul cadente.

Tanto es así que los dos presidentes han modelado ya un horizonte común: fortalecer la apuesta por un mundo multipolar, saliendo así del estrecho alcance del unipolarismo actual, iniciado en el post '89 y alimentado por interminables guerras, que consigna el planeta a la hegemonía y los trágicos caprichos americanos. Un horizonte declarado abiertamente también en Samarcanda.

Para dar una idea plástica de la proximidad entre los dos países, también el ejercicio conjunto de las respectivas armadas en el Pacífico, iniciado, bajo la atenta mirada de Putin, en la semana anterior a la cumbre y continuado durante la reunión de Samarcanda.

India en la OCS del mundo polarizada por el conflicto ucraniano

Pero más allá de las relaciones entre China y Rusia, hay que subrayar en este encuentro algunos aspectos de cierta relevancia.

En primer lugar, sin duda fue la reunión más importante desde el inicio de su creación, como lo demuestra el hecho de que Xi participara en persona, saliendo de su país por primera vez desde que comenzó la pandemia.

Además, cabe señalar que la presencia de Narendra Modi se mostró más significativa en esta ocasión que en ocasiones anteriores, precisamente porque la guerra de Ucrania, que polariza al mundo, convierte la presencia del presidente indio en una suerte de elección de campo.

No tanto una elección prorrusa, sino una elección firme, y se podría decir inflexible (salvo una revolución de color india), a favor de la perspectiva multipolar alimentada por China y Rusia.

No sólo eso, la presencia india refuerza ese apaciguamiento con China que ya se había puesto de manifiesto con la conclusión de las escaramuzas entre ambos países en la frontera del Himalaya, que habían causado decenas de víctimas en ambos bandos. Un apaciguamiento en el que los dos gigantes asiáticos acuerdan contener su rivalidad -basada en la superposición de sus respectivas proyecciones geopolíticas sobre Asia- para trabajar juntos en la perspectiva multipolar.

La relación India-China es una cuestión geoestratégica crucial para el destino del mundo, como lo demuestra la cautela con la que Occidente aborda las negaciones de India a sus dictados sobre Ucrania y  más Nueva Delhi, porque la arrojaría a los brazos de China, que abriría el camino al " siglo asiático ", en detrimento de su hegemonía global.

La equidistancia de Rusia respecto a ellos también favorece el apaciguamiento entre los grandes rivales asiáticos, lo que le permitió mediar cuando surgieron problemas entre ambos países.

El rango de acción de la OCS e Irán

Otro punto a destacar es la amplitud del campo de acción de OCS, que en los grandes medios de comunicación suele ser abordado como si se tratara de un organismo geopolítico de escasa trascendencia global.

Para dar una idea de su alcance, los participantes en varias capacidades. De hecho, incluye India, Kazajstán, Kirguistán, China, Rusia, Tayikistán, Pakistán y Uzbekistán. Los estados observadores son Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia, los socios del diálogo son Azerbaiyán, Armenia, Camboya, Nepal, Turquía y Sri Lanka. Y en la cumbre de 2021 también se puso en marcha el procedimiento para otorgar el estatus de socio de diálogo también a Egipto, Qatar y Arabia Saudí...

Otro aspecto importante de la cumbre de Samarcanda es el hecho de que en la ocasión se firmó la adhesión formal de Irán a la OCS, noticia que dio un poco la vuelta al mundo, como si fuera algo sensacionalista aunque solo fuera formal, ya que en realidad Teherán ya estaba participando plenamente en él.

Teherán había evitado hasta ahora este paso formal, temiendo que de alguna manera pudiera dar sustancia a sus oponentes estadounidenses para fortalecer su presión contra la restauración del acuerdo nuclear iraní. Ahora que Estados Unidos ha dejado claro que este paso ya no está en la agenda, ha hecho lo que quería hacer desde hace tiempo.

La OCS y la distensión en el espacio postsoviético

Por otro lado, no se hizo hincapié en tres aspectos totalmente positivos de la cumbre. En primer lugar, que durante la reunión Kirguistán y Tayikistán acordaron poner fin a los conflictos que habían iniciado algunos enfrentamientos fronterizos entre ambos países.

La segunda es que, antes de la cumbre, Armenia y Azerbaiyán encontraron la manera de poner fin a los enfrentamientos entre ambos países, también porque Erdogan, que apoya la asertividad de Azerbaiyán, no podía acudir a la reunión con Putin con ese conflicto abierto, ya que Putin está irritado por la desestabilización que produce en las fronteras de su país (que, por otro lado, agrada a los neoconservadores estadounidenses, como  escribe Responsible Statecraft y como lo demuestra el anuncio de Pelosi de su próximo viaje a Armenia.

El último aspecto importante de la cumbre siempre se refiere a Erdogan, quien, antes de partir hacia Samarcanda, había expresado el deseo de reunirse con Assad, en caso de que el presidente sirio acudiera a la asamblea, lo que no pudo hacer por razones de seguridad.

Así lo informó Reuters en una nota de la agencia tomada por  Haaretz que concluye significativamente: "Cualquier forma de normalización entre Ankara y Damasco remodelaría la guerra siria de diez años".

Esto se debe a que Turquía fue uno de los patrocinadores del cambio de régimen sirio y fue utilizada como centro por las potencias extranjeras que la alimentaban enviando milicianos, armas y dinero a través de su territorio (un poco de lo que está sucediendo en Ucrania, donde los centros están más dispersos y bajo pleno control de la OTAN).

Rusia y el deshielo sirio

Pero en Samarcanda, al parecer, Erdogan habría reafirmado su intención, diciendo incluso que estaba dispuesto a ir a Siria para encontrarse con Assad. Y esto sería un golpe mortal para los defensores de las guerras interminables, que encontraron su primer fracaso en Siria, después de los éxitos logrados en Libia e Irak, ya que Assad sobrevivió al asalto.

Aún más significativo es lo que se informa en otra parte de la nota, lo que hace que la idea de cómo esta perspectiva no sea aleatoria: "El informe [sobre la propuesta de Erdogan] se produjo después de que cuatro fuentes diferentes dijeran a Reuters que el jefe de la inteligencia turca ha tenido varias reuniones con su homólogo sirio en Damasco en las últimas semanas, una señal de los esfuerzos rusos para alentar un deshielo entre los estados opuestos en la guerra siria”.

Este deshielo beneficiaría enormemente a la población siria, que aún sufre las consecuencias de la devastación y el dolor causados ​​por la guerra y por las sanciones occidentales, que aún pesan sobre ella de forma trágica y totalmente arbitraria.

Desgraciadamente, muchos (y poderosos) de los que hoy se rasgan las vestiduras por la salvación de la pobre Ucrania participaron -y participan- en la legión extranjera que alimentó la carnicería siria. Y harán todo lo posible para evitar el mencionado deshielo.

Análisis: El 'Espíritu de Samarcanda' será impulsado por 'potencias responsables' Rusia y China

Pepe Escobar

En medio de graves temblores en el mundo de la geopolítica, es muy apropiado que la cumbre de jefes de estado de la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO) de este año se haya celebrado en Samarcanda, la última encrucijada de la Ruta de la Seda en 2500 años.

Cuando en el 329 a. C. Alejandro Magno llegó a la entonces ciudad sogdiana de Marakanda, parte del imperio aqueménida, se quedó atónito: “Todo lo que he oído sobre Samarcanda es cierto, excepto que es incluso más hermoso de lo que había imaginado”.

Avance rápido a un artículo de opinión del presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev , publicado antes de la cumbre de la OCS, donde enfatiza cómo Samarcanda ahora "puede convertirse en una plataforma capaz de unir y reconciliar estados con varias prioridades de política exterior".

Después de todo, históricamente, el mundo desde el punto de vista del hito de la Ruta de la Seda siempre ha sido “percibido como uno e indivisible, no dividido. Esta es la esencia de un fenómeno único: el 'espíritu de Samarcanda'”.

Y aquí Mirziyoyev relaciona el “Espíritu de Samarcanda” con el “Espíritu de Shanghai” original de la OCS establecido a principios de 2001, unos meses antes de los acontecimientos del 11 de septiembre, cuando el mundo se vio obligado a entrar en conflicto y guerra sin fin, casi de la noche a la mañana.

Todos estos años, la cultura de la OCS ha ido evolucionando de una manera distintiva china. Inicialmente, los Cinco de Shanghái se centraron en la lucha contra el terrorismo, meses antes de que la guerra contra el terror de EE. UU. hiciera metástasis desde Afganistán hasta Irak y más allá.

A lo largo de los años, los "tres no" iniciales (sin alianza, sin confrontación, sin apuntar a ningún tercero) terminaron equipando un vehículo híbrido rápido cuyas 'cuatro ruedas' son 'política, seguridad, economía y humanidades', completo con una Iniciativa de Desarrollo Global, todo lo cual contrasta marcadamente con las prioridades de un occidente hegemónico y conflictivo.

Podría decirse que la conclusión más importante de la cumbre de Samarcanda de esta semana es que el presidente chino, Xi Jinping, presentó a China y Rusia, juntas, como "potencias globales responsables" empeñadas en asegurar el surgimiento de la multipolaridad y rechazar el "orden" unipolar arbitrario impuesto por los Estados Unidos y sus cómplices.

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, calificó la conversación bilateral de Xi con el presidente Vladimir Putin como “excelente”. Xi Jinping, antes de su reunión y dirigiéndose directamente a Putin, ya había enfatizado los objetivos comunes de Rusia y China:

“Frente a los cambios colosales de nuestro tiempo a escala global, sin precedentes en la historia, estamos listos con nuestros colegas rusos para dar el ejemplo de una potencia mundial responsable y desempeñar un papel de liderazgo para poner un mundo que cambia tan rápidamente en la trayectoria de un desarrollo sostenible y positivo”.

Más tarde, en el preámbulo de la reunión de jefes de Estado, Xi fue directo al grano: es importante “prevenir los intentos de fuerzas externas de organizar 'revoluciones de color' en los países de la OCS”. Bueno, Europa no sabría decirlo, porque se ha revolucionado con el color sin parar desde 1945.

Putin, por su parte, envió un mensaje que resonará en todo el Sur Global: “Se han perfilado transformaciones fundamentales en la política y la economía mundiales, y son irreversibles”.

Irán: es la hora del espectáculo

Irán fue la estrella invitada del espectáculo de Samarcanda, oficialmente aceptado como el noveno miembro de la OCS. El presidente Ebrahim Raisi, significativamente, enfatizó antes de reunirse con Putin que “Irán no reconoce las sanciones contra Rusia”. Se potenciará su asociación estratégica. En el frente empresarial, una fuerte delegación compuesta por líderes de 80 grandes empresas rusas visitará Teherán la próxima semana.

La creciente interpolación Rusia-China-Irán, los tres principales impulsores de la integración de Eurasia, asusta muchísimo a los sospechosos habituales, que pueden estar comenzando a comprender cómo la OCS representa, a largo plazo, un serio desafío para su juego geoeconómico. Entonces, como ya sabe cada grano de arena en cada desierto de Heartland, la presión geopolítica contra el trío aumentará exponencialmente.

Y luego estaba la trilateral megacrucial de Samarcanda: Rusia-China-Mongolia. No hubo filtraciones oficiales, pero podría decirse que este trío discutió el gasoducto Power of Siberia-2, el interconector que se construirá en Mongolia; y el papel mejorado de Mongolia en un corredor de conectividad crucial de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), ahora que China no está utilizando la ruta transiberiana para exportar a Europa debido a las sanciones.

Putin informó a Xi sobre todos los aspectos de la Operación Militar Especial (SMO, por sus siglas en inglés) de Rusia en Ucrania, y podría decirse que respondió algunas preguntas realmente difíciles, muchas de las cuales circulan sin control en la web china desde hace meses.

Lo que nos lleva a la rueda de prensa de Putin al final de la cumbre, con prácticamente todas las preguntas predeciblemente girando en torno al teatro militar en Ucrania.

La conclusión clave del presidente ruso: “No hay cambios en el plan SMO. Las tareas principales se están implementando”. Sobre las perspectivas de paz, es Ucrania la que “no está lista para hablar con Rusia”. Y en general, “es lamentable que Occidente haya tenido la idea de utilizar a Ucrania para tratar de colapsar a Rusia”.

En la telenovela sobre fertilizantes, Putin comentó: “El suministro de alimentos, el suministro de energía, ellos (Occidente) crearon estos problemas y ahora están tratando de resolverlos a expensas de otra persona”, refiriéndose a las naciones más pobres. “Los países europeos son antiguas potencias coloniales y todavía tienen este paradigma de filosofía colonial. Ha llegado el momento de cambiar su comportamiento, de volverse más civilizados”.

Sobre su reunión con Xi Jinping: “Fue solo una reunión normal, ha pasado bastante tiempo que no hemos tenido una reunión cara a cara”. Hablaron sobre cómo “ampliar el volumen de negocios comercial” y eludir las “guerras comerciales causadas por nuestros supuestos socios”, con “la expansión de los intercambios en monedas nacionales que no progresan tan rápido como queremos”.

Fortalecimiento de la multipolaridad

La relación bilateral de Putin con el primer ministro de la India, Narendra Modi, no podría haber sido más cordial, en un registro de "amistad muy especial", con Modi pidiendo soluciones serias a la crisis alimentaria y de combustible, en realidad dirigiéndose a Occidente. Mientras tanto, el State Bank of India abrirá cuentas especiales en rupias para manejar el comercio relacionado con Rusia.

Este es el primer viaje al extranjero de Xi desde la pandemia de Covid. Podría hacerlo porque está totalmente seguro de que se le otorgará un tercer mandato durante el Congreso del Partido Comunista el próximo mes en Beijing. Xi ahora controla y/o tiene aliados en al menos el 90 por ciento del Politburó.

La otra razón seria fue recargar el atractivo del BRI en estrecha conexión con la OCS. El ambicioso proyecto BRI de China fue lanzado oficialmente por Xi en Astana hace nueve años. Seguirá siendo el concepto general de la política exterior china durante las próximas décadas.

El énfasis de BRI en el comercio y la conectividad se relaciona con los mecanismos de cooperación multilateral en evolución de la OCS, que congregan a las naciones que se enfocan en el desarrollo económico independientemente del brumoso y hegemónico "orden basado en reglas". Incluso la India bajo Modi está teniendo dudas acerca de depender de los bloques occidentales, donde Nueva Delhi es, en el mejor de los casos, un "socio" neocolonizado.

Xi y Putin, en Samarcanda, a todos los efectos prácticos delinearon una hoja de ruta para fortalecer la multipolaridad, como se destaca en la   declaración final de Samarcanda firmada por todos los miembros de la OCS.

El rompecabezas kazajo

Habrá muchos baches en el camino. No es casualidad que Xi comenzara su viaje en Kazajstán, la retaguardia occidental megaestratégica de China, que comparte una frontera muy larga con Xinjiang. La triple frontera en el puerto seco de Khorgos, para camiones, autobuses y trenes, por separado, es algo extraordinario, un nodo BRI absolutamente clave.

La administración del presidente Kassym-Jomart Tokayev en Astana es bastante engañosa, oscila entre orientaciones políticas orientales y occidentales, y está  infiltrada por estadounidenses tanto como durante la era del predecesor Nursultan Nazarbayev, el líder de Kazajistán. primer presidente post-URSS.

A principios de este mes, por ejemplo, Nur-Sultan, en asociación con Ankara y British Petroleum (BP), que virtualmente gobierna Azerbaiyán, acordó aumentar el volumen de petróleo en el oleoducto Baku-Tblisi-Ceyhan (BTC) hasta 4 millones toneladas al mes a finales de este año. Chevron y ExxonMobil, muy activos en Kazajstán, son parte del trato.

La agenda declarada de los sospechosos habituales es “finalmente desconectar las economías de los países de Asia Central de la economía rusa”. Como Kazajstán es miembro no solo de la Unión Económica de Eurasia (EAEU) liderada por Rusia, sino también del BRI, es justo suponer que Xi, así como Putin, discutieron algunos problemas bastante serios con Tokayev, le dijeron que comprendiera cómo sopla el viento, y le aconsejó que mantuviera la situación política interna bajo control (ver el golpe abortado en enero, cuando Tokayev fue salvado de facto por la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva [OTSC] liderada por Rusia).

No hay duda de que Asia Central, históricamente conocida como una "caja de gemas" en el centro del Heartland, atravesando las Antiguas Rutas de la Seda y bendecida con una inmensa riqueza natural (combustibles fósiles, metales de tierras raras, tierras agrarias fértiles) será utilizada por los sospechosos habituales como una caja de Pandora, lanzando todo tipo de trucos tóxicos contra la legítima integración euroasiática.

Eso contrasta marcadamente con Asia occidental, donde Irán en la OCS impulsará su papel clave de conectividad de cruce entre Eurasia y África, en conexión con el BRI y el Corredor de Transporte Internacional Norte-Sur (INSTC).

Así que no es de extrañar que los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Kuwait, todos en Asia occidental, reconozcan por dónde sopla el viento. Los tres estados del Golfo Pérsico recibieron el "estatus de socio" oficial de la OCS en Samarcanda, junto con las Maldivas y Myanmar.

Una cohesión de objetivos

Samarcanda también dio un impulso adicional a la integración a lo largo de la Asociación de la Gran Eurasia conceptualizada por Rusia, que incluye la Unión Económica Euroasiática (EAEU), y eso, solo dos semanas después del Foro Económico Oriental (EEF) que cambió el juego en la estratégica costa del Pacífico y se celebró en Vladivostok, en Rusia.

La prioridad de Moscú en la EAEU es implementar el estado de unión con Bielorrusia (que parece destinado a convertirse en un nuevo miembro de la OCS antes de 2024), junto con una integración más estrecha con el BRI. Serbia, Singapur e Irán también tienen acuerdos comerciales con la UEEA.

Putin propuso la Gran Asociación Euroasiática en 2015, y se está volviendo más nítida a medida que la comisión de la EAEU, dirigida por Sergey Glazyev, diseña activamente un nuevo sistema financiero, basado en el oro y los recursos naturales y que contrarresta el sistema de Bretton Woods. Una vez que el nuevo marco esté listo para ser aprobado, es probable que el difusor clave sea el SCO.

Entonces, aquí vemos en juego la cohesión total de los objetivos, y los mecanismos de interacción, desplegados por Greater Eurasia Partnership, BRI, EAEU, SCO, BRICS + y el INSTC. Es una lucha titánica unir a todas estas organizaciones y tener en cuenta las prioridades geoeconómicas de cada miembro y socio asociado, pero eso es exactamente lo que está sucediendo a una velocidad vertiginosa.

En esta fiesta de la conectividad, los imperativos prácticos van desde la lucha contra los cuellos de botella locales hasta la creación de complejos corredores multinacionales, desde el Cáucaso hasta Asia Central, desde Irán hasta la India, todo discutido en múltiples mesas redondas.

Los éxitos ya son notables: desde Rusia e Irán introduciendo liquidaciones directas en rublos y riales, hasta Rusia y China aumentando su comercio en rublos y yuanes al 20 por ciento, y subiendo. Es posible que pronto se establezca una Bolsa de Productos Básicos del Este en Vladivostok para facilitar el comercio de futuros y derivados con Asia-Pacífico.

China es el principal acreedor/inversionista indiscutible en infraestructura en Asia Central. Las prioridades de Beijing pueden ser importar gas de Turkmenistán y Uzbekistán y petróleo de Kazajstán, pero la conectividad no se queda atrás.

La construcción de 5.000 millones de dólares de la vía férrea Pakistán-Afganistán-Uzbekistán (Pakafuz) de 600 km de longitud transportará carga desde Asia Central hasta el Océano Índico en solo tres días en lugar de 30. Ferrocarril construido en China de 4.380 km de largo desde Lanzhou a Tashkent, un proyecto BRI.

Astana también está interesado en un ferrocarril Turkmenistán-Irán-Türkiye, que conectaría su puerto de Aktau en el Mar Caspio con el Golfo Pérsico y el Mar Mediterráneo.

Mientras tanto, Türkiye, que sigue siendo un observador de la OCS y constantemente hace sus apuestas, está tratando de avanzar de manera estratégica, lenta pero segura, en su propia Pax Turcica, desde el desarrollo tecnológico hasta la cooperación en defensa, todo eso bajo una especie de paquete político-económico-de seguridad. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, lo discutió en Samarcanda con Putin, ya que este último anunció más tarde que el 25 por ciento del gas ruso comprado por Ankara se pagará en rublos.

Bienvenido al Gran Juego 2.0

Rusia, incluso más que China, sabe que los sospechosos habituales van a por todas. Solo en 2022, hubo un golpe de estado fallido en Kazajstán en enero; disturbios en Badakhshan, en Tayikistán, en mayo; problemas en Karakalpakstán en Uzbekistán en junio; los continuos enfrentamientos fronterizos entre Tayikistán y Kirguistán (ambos presidentes, en Samarcanda, al menos acordaron un alto el fuego y retirar tropas de sus fronteras).

Y luego está Afganistán recientemente liberado, con no menos de 11 provincias atravesadas por ISIS-Khorasan y sus asociados tayikos y uzbekos. Miles de aspirantes a yihadistas de Heartland han hecho el viaje a Idlib en Siria y luego de regreso a Afganistán, 'animados' por los sospechosos habituales, que utilizarán todos los trucos bajo el sol para hostigar y 'aislar' a Rusia de Asia Central.

Por lo tanto, Rusia y China deberían estar listos para participar en una especie de Gran Juego 2.0 inmensamente complejo y rodante con esteroides, con los EE. UU. y la OTAN luchando contra Eurasia unida y Turkiye en el medio.

En una nota más brillante, Samarcanda demostró que al menos existe consenso entre todos los jugadores en diferentes organizaciones institucionales de que: la soberanía tecnológica determinará la soberanía; y que la regionalización, en este caso euroasiática, está destinada a reemplazar la globalización gobernada por Estados Unidos.

Estos jugadores también entienden que la era de Mackinder y Spykman está llegando a su fin, cuando Eurasia fue 'contenida' en una forma semidesmontada para que las potencias marítimas occidentales pudieran ejercer una dominación total, en contra de los intereses nacionales de los actores del Sur Global.

Ahora es un juego completamente diferente. Si bien la Asociación de la Gran Eurasia cuenta con el pleno apoyo de China, ambos favorecen la interconexión de los proyectos BRI y EAEU, mientras que la OCS da forma a un entorno común.

Sí, este es un proyecto de civilización euroasiático para el siglo XXI y más allá. Bajo la égida del 'Espíritu de Samarcanda'.

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