La inversión extranjera directa en China aumentó un 18,7 por ciento en agosto con respecto al año anterior y alcanzó 84.100 millones de yuanes (12.300 millones de dólares), según datos del Ministerio de Comercio de China, citados por la agencia Xinhua. Agosto marcó el quinto mes consecutivo de crecimiento de esta cifra, mientras que en los primeros ocho meses de este año las entradas de inversión aumentaron un 2,6 por ciento hasta 619.800 millones de yuanes.

China sigue siendo un importante destino de inversión, ya que es una de las pocas naciones que logró evitar caer en recesión después de que el brote de coronavirus sacudiera la economía mundial y registró un crecimiento del 3,2 % en el segundo trimestre. Las inversiones en el país continúan creciendo a pesar de las disputas comerciales con EE.UU. y los intentos de la Administración Trump de persuadir a las empresas estadounidenses para que abandonen China.

Por su parte, Pekín ha estado intensificando sus esfuerzos para atraer inversores globales. Este viernes, altos cargos chinos indicaron que su país está apostando por el sector de servicios de rápido crecimiento para apoyar a los inversores.

También anunciaron que la capital china busca convertirse en una "zona nacional de demostración integral", ya que implementa una serie de medidas, que incluyen la facilitación de los flujos transfronterizos de capital, el apoyo a firmas de valores y futuros en el extranjero y el fomento de la participación de empresas extranjeras en comercio de acciones y bonos.

"Los inversores extranjeros han expresado una fuerte intención de ingresar al sector de las telecomunicaciones. Ahora el plan permitirá a las empresas extranjeras invertir en redes privadas virtuales (VPN), con una proporción de acciones extranjeras que no supere el 50 por ciento. Los proveedores de telecomunicaciones extranjeros pueden establecer empresas conjuntas para proporcionar dichos servicios a empresas extranjeras en Pekín", señaló este viernes el viceministro de Comercio de China, Wang Shouwen, citado por la cadena CGTN.

¿El brillante plan de la Fed? Más inflación y precios más altos

Ron Paul

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, anunció recientemente que la Fed está abandonando las "metas de inflación", donde la Fed apunta a mantener una tasa de inflación de precios de hasta el dos por ciento. En cambio, la Fed permitirá que la inflación se mantenga por encima del dos por ciento para equilibrar los períodos de menor inflación. El anuncio de Powell no es un cambio radical de política. Es un reconocimiento de que es poco probable que la Fed cambie de rumbo y deje de aumentar la oferta monetaria en el corto plazo.

Tras el colapso del mercado de 2008, la Fed se embarcó en un atracón de creación de dinero sin precedentes. El resultado fue tasas de interés históricamente bajas y una explosión de deuda. Hoy en día, la deuda total de los hogares y la deuda empresarial supera los 16 billones de dólares. Por supuesto, el mayor deudor es el gobierno federal.

La explosión de la deuda presiona a la Fed para que siga aumentando la oferta monetaria con el fin de mantener bajas las tasas de interés. Un aumento en las tasas a algo cercano a lo que serían en un mercado libre podría hacer imposible que los consumidores, las empresas y (especialmente) el gobierno federal administren su deuda. Esto crearía una gran crisis económica.

La Fed también ha expandido dramáticamente su balance desde 2008 a través de múltiples rondas de "flexibilización cuantitativa". Según Bloomberg, la Fed es ahora el mayor inversor del mundo y posee alrededor de un tercio de todos los bonos respaldados por hipotecas de EE.UU.

El Congreso ha ampliado la cartera de la Fed al otorgar al banco central autoridad para realizar pagos por billones de dólares a empresas, así como a gobiernos estatales y locales para ayudar a la economía a recuperarse de los bloqueos innecesarios y destructivos.

Contrariamente a lo que afirman la mayoría de los economistas "convencionales", un aumento general de los precios es un efecto, no una causa, de la inflación. La inflación ocurre siempre que el banco central crea dinero. El aumento de la oferta monetaria reduce las tasas de interés, que son el precio del dinero, distorsionando el mercado y creando una burbuja (o burbujas) que proporciona la ilusión de prosperidad. La ilusión dura hasta el inevitable choque. Dado que las distorsiones provienen de la creación de dinero, el sistema no se puede "arreglar" simplemente exigiendo que la Fed adopte una política monetaria "basada en reglas".

Una vez que terminen los bloqueos, las acciones de la Fed pueden conducir a un auge a corto plazo. Sin embargo, el efecto a largo plazo será aún más deuda, la continua erosión del estándar de vida del estadounidense promedio y el colapso del sistema de dinero fiduciario y el estado de guerra de bienestar. Es probable que la crisis sea provocada por un rechazo del estatus de moneda de reserva del dólar. Esto se verá respaldado tanto por las preocupaciones sobre la estabilidad de la economía estadounidense como por el resentimiento por la política exterior hiperintervencionista de Estados Unidos.

La pregunta no es si el sistema actual terminará. La pregunta es cómo terminará.

Si el final llega a través de un colapso, es probable que el resultado sea el caos, la violencia y un mayor apoyo a los movimientos autoritarios a medida que las personas desesperadas intercambian las pocas libertades que les quedan con la esperanza de obtener seguridad.

Sin embargo, si los estadounidenses a favor de la libertad pueden obligar al Congreso a comenzar a recortar el gasto, comenzando con el dinero desperdiciado en el militarismo, y avanzar hacia la restauración de una política monetaria sólida y cuerda que incluya terminar con la Reserva Federal, podemos minimizar una crisis económica y comenzar a restaurar un gobierno constitucional limitado, una economía de libre mercado y el respeto por la libertad.

Análisis: Economía pospandemia: ¿qué prevén los principales economistas del mundo?

Alfredo Zaiat

Han transcurrido poco más de ocho meses de pandemia y han dejado como saldo provisorio un frente económico nada positivo.

Las características de dicho frente son las siguientes:

  • No hay coordinación ni cooperación a nivel global para atender la crisis económica más profunda de, por lo menos, los últimos 100 años.
  • El proteccionismo de los países más desarrollados está incrementando las tensiones comerciales.
  • Las economías registran derrumbes históricos mientras las bolsas anotan máximos en cotizaciones de acciones. Se destacan en ese rally alcista las empresas tecnológicas, que son las ganadoras de la pandemia.
  • La desigualdad económica y social entre países y al interior de cada uno ha quedado más expuesta, reflejando las profundas inequidades que se han acumulado durante décadas de globalización neoliberal.
  • El Estado pasó a ocupar una rol central en las sociedades diseñando una red de emergencia sanitaria y económica para proteger empresas y trabajadores, y así evitar un caos aún mayor.

En ese escenario general que tiene más incertidumbres que certezas, académicos y economistas han empezado a debatir y reflexionar acerca de cómo será la economía pospandemia.

Han empezado también a cuestionar el funcionamiento de la actual fase del capitalismo y elaborar hipótesis acerca de cuáles deberían ser las nuevas reglas de su funcionamiento.

Una guía sobre qué están cavilando figuras del pensamiento económico global resulta un aporte oportuno en medio de las perplejidades que sigue entregando esta crisis inédita.

Desigualdad

El premio Nobel Joseph Stiglitz escribió en la edición de septiembre de la revista Finanzas&Desarrollo del Fondo Monetario Internacional (FMI) que "la pandemia ha dejado al descubierto profundas divisiones, pero no es demasiado tarde para cambiar de rumbo".

Señala que la COVID-19 no ha sido un virus de igualdad de oportunidades, puesto que persigue a las personas con salud más débil y aquellas que por su trabajo tiene un mayor contacto con los demás.

Esto significa que persigue desproporcionalmente a los pobres y donde el acceso a la atención médica no está garantizado.

Stiglitz advierte que por muy mala que haya sido la desigualdad antes de la pandemia, y como con tanta fuerza la pandemia ha expuesto las desigualdades en las sociedades, "el mundo pospandémico podría experimentar desigualdades aún mayores a menos que los gobiernos hagan algo”.

En esa línea, Kenneth Rogoff afirma en La pandemia de la incertidumbre que esta crisis ha puesto de relieve el enorme problema de la desigualdad en las economías.

Observa que, obviamente, los países pobres están sufriendo mucho más. Para estimar que "es probable que muchas economías emergentes y en desarrollo luchen contra la COVID-19 en los próximos años y enfrenten la posibilidad real de una década pérdida de desarrollo".

Capitalismo en crisis

El ex ministro de Economía de Grecia, Yanis Varoufakis, plantea un análisis radical en El éxito post-capitalista. Indica que la pandemia colisionó con la enorme burbuja que los gobiernos han venido utilizado para reflotar al sector financiero desde 2008.

Esa debacle "fue un momento históricamente significativo, que marcó una transición sutil pero discernible del capitalismo a un tipo peculiar de post-capitalismo", describe.

Esta caracterización se basa en un acontecimiento que sorprende: las principales bolsas occidentales alcanzan récords mientras las variables macroeconómicas registran desplomes históricos.

Varoufakis precisa que el 12 de agosto pasado sucedió algo extraordinario. Se dio a conocer la noticia de que, en los primeros siete meses de 2020, la economía del Reino Unido había sufrido su mayor contracción en la historia, con una caída del ingreso nacional superior al 20%.

Y la Bolsa de Londres reaccionó con un alza en el FTSE 100 de más del 2 %. "Los mercados financieros desde hace mucho tiempo han recompensado los resultados que aumentan la miseria. Malas noticias para trabajadores de una empresas, como despidos planificados, suelen ser una buena noticia para sus accionistas", explica.

Pero advierte que cuando esas malas noticias afectaban a la mayoría de los trabajadores simultáneamente, los mercados bursátiles siempre caían, debido a la expectativa razonable de que, cuando la población se ajustara el ingreso y, por lo tanto, las ganancias y dividendos también disminuirían.

"Esa lógica del capitalismo no era agradable, pero era comprensible", apunta, para sentenciar: "Ya no más. No existe una lógica capitalista" a lo que está sucediendo hoy en la economía global.

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital.

La actual crisis ha revelado una economía post-capitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan con la toma de decisiones económicas.

El papel de héroe

La economista italiana Mariana Mazzucato profundiza ese análisis en La triple crisis del capitalismo, al precisar que existe:

  1. Una crisis de salud inducida por una pandemia.
  2. Una crisis económica con consecuencias aún desconocidas.
  3. Una crisis climática que no puede ser abordada con la lógica de seguir haciendo "negocios como siempre" con el riesgo de profundizarla.

El coronavirus está exponiendo más defectos en las estructuras económicas, en particular la creciente precariedad del trabajo, debido al surgimiento de la economía de plataformas y a décadas de deterioro del poder de negociación de los trabajadores.

Mazzucato plantea que se puede aprovechar el actual estado de emergencia para comenzar a crear una economía más inclusiva y sostenible.

Para ello dice que se necesita evitar los errores de la era post-2008, cuando los programas de rescate permitieron a las corporaciones aumentar todavía más sus ganancias al terminar la crisis, pero no sentaron las bases para una recuperación sólida e inclusiva.

Para no repetir esos errores, propone que los paquetes de auxilio tengan que estar acompañados de condicionalidades. "Ahora que el Estado va a ser otra vez actor principal, hay que darle el papel del héroe, no el ingenuo que paga los platos rotos", apunta.

Esto implica un Estado que entrega soluciones inmediatas a empresas pero esos auxilios deben ser pensados de modo tal que sirvan al interés público en el largo plazo.

Mazzucato indica que esa tarea significa necesariamente la irrupción de Estados emprendedores que inviertan más en innovación en áreas como la inteligencia artificial, la salud pública, las energías renovables.

Esta crisis es un recordatorio de que se necesita Estados que sepan cómo negociar con las corporaciones, para que los beneficios de los paquetes fiscales y financieros de auxilio, que es dinero de toda la población regresen en bienestar a toda la población.

La pandemia ha expuesto grandes falencias en las economías capitalistas occidentales. Ahora que los Estados pasaron a ocupar un rol central, Mazzucato sugiere que "es la oportunidad de arreglar el sistema", porque"si no lo hacemos, no tendremos ninguna chance frente a la tercera gran crisis [la climática] y todas las otras que traerán aparejadas en las próximas décadas".

Nuevas reglas

Stiglitz invita a definir un programa integral para contrarrestar el poder de mercado y explotación. "Necesitamos una reescritura integral de las reglas de la economía", afirma.

Estas consistirían en:

  • Políticas monetarias que se centren en garantizar el pleno empleo y no sólo en la inflación.
  • Leyes sobre quiebras que estén equilibradas, reemplazando aquellas que se volvieron demasiado favorables a los acreedores.
  • Incrementar la responsabilidad en los banqueros que participaron en préstamos predatorios.
  • Normas corporativas que reconozcan la importancia de todas las partes, y no sólo la de los accionistas.
  • Modificar reglas que gobiernan la globalización que deben hacer algo más que servir a los intereses corporativos.
  • Los trabajadores y el medio ambiente deben estar protegidos.
  • La legislación laboral debe mejorar la protección de los trabajadores.

Inédita

Paul Krugman enseña que esta crisis es absolutamente novedosa. Reconoce que ha estudiado durante mucho tiempo la historia de las crisis y recesiones y de sus consecuencias, señalando que todas tienden a parecerse entre sí, pero asegura que la actual es diferente a todas.

Ilustra con el libro This time is different (Esta vez es distinto) que repasa los indicadores financieros de los últimos 800 años en diferentes países del mundo, demostrando la existencia de patrones y ciclos en las crisis financieras. Pero, esta una vez como dice el título de esa obra, la situación es completamente diferente: una crisis global generada por un virus, y que no está sujeta a las reglas habituales de las crisis.

"Todo el mundo está preocupado por lo que va pasar después, por cuán mala será la situación. Es evidente que no conocemos la respuesta, pero estamos empezando a hacernos una idea bastante aproximada de lo que puede pasar", afirma Krugman.

Aventura que "poco a poco nos recuperaremos, y eventualmente alcanzaremos una recuperación completa, pero no va a ser tan rápida como la sociedad en general espera".

Para agregar que será difícil que en un año se pueda mirar atrás y decir: "Fue muy duro, pero ya ha pasado"; creo que la resaca de la COVID-19 va a durar todo el año que viene, e incluso irá más allá del 2021".

Es lo mismo que evalúa Kennet Rogoff, quien afirma que el escenario optimista no implica necesariamente un rápido retorno a los niveles de ingresos de fines de 2019. "La expansión posterior a la pandemia, si la hay, puede tardar años en cumplir con la definición moderna de recuperación [un retorno al ingreso inicial per cápita] como consecuencia de una profunda recesión", concluye.

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