No han pasado ni 24 horas desde que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, presentasen de manera conjunta su plan de reconstrucción en forma de subvenciones a fondo perdido y ya han surgido las primeras fricciones dentro de la Unión Europea.

Para Manés Weisskircher, analista político en la Universidad Técnica de Dresde (TU Dresden) y en el European University Institute (EUI), “las próximas negociaciones reflejarán las profundas divisiones económicas que existen dentro de la UE”. El experto reconoce que “los estados del sur europeo necesitarán un estímulo fiscal mayor en los próximos años”.

Francia y Alemania acordaron ayer crear un Fondo de Recuperación de 500.000 millones de euros. ¿Es un paso positivo para la Unión Europea y la eurozona?

Se trata de un paso positivo, pero es importante destacar que es solo eso, un primer paso. En el mejor de los escenarios, la crisis del coronavirus es una oportunidad para el estímulo fiscal y al menos una forma suave de redistribución intereuropea -algo que se necesita urgentemente, pues la actual construcción de la eurozona asimétricamente beneficia a las naciones exportadoras fuertes. Aun así, y aquí se encuentra la gran advertencia, la letra pequeña del fondo de recuperación no está nada clara y seguirá siendo la manzana de la discordia: son más que detalles lo que se necesita negociar. Más aún, a pesar de que 500.000 millones suene como una gran cantidad, todavía estamos hablando de relativamente pequeñas proporciones del PIB de la UE.

De hecho, a Macron y Merkel les ha costado presentar un frente unido contra la nueva crisis del coronavirus. ¿Ha sido difícil convencer a Alemania para lanzar una deuda europea conjunta para así ayudar a los países de la UE con el impacto económico del coronavirus?

El anuncio muestra que los gobiernos clave, destacando también el español, han encontrado terreno común para continuar con las negociaciones. Incluso el Movimiento 5 Estelle (M5E), partido en el poder en Italia, ha dado una respuesta positiva al plan. Pero la urgencia del problema ahora requiere de la flexibilidad del Gobierno: la eurozona ya era una bomba de relojería antes de la pandemia, con las enormes asimetrías económicas que causan aún mayores desafecciones políticas en el sur de Europa, especialmente en Italia.

El coronavirus ahora ha incluso empeorado los problemas económicos. El viejo dicho de que toda crisis supone una oportunidad puede ser muy válido en los próximos meses. Discursivamente, más “paquetes de rescate” para el sur, son mucho más fáciles de vender a las audiencias en el Norte en momentos de un claro "shock” externo. Y es que la pandemia puede difícilmente atribuirse a la mala gestión de los gobiernos del sur. La aparente voluntad de Alemania por aceptar tal modelo subraya la severidad del problema, pero una vez más, vamos a esperar a los detalles del esquema de financiación primero.

En este sentido con las reticencias de miembros de la UE como Países Bajos, ¿puede este Fondo de Recuperación crear divisiones en el seno de la UE?

Las próximas negociaciones ciertamente reflejarán las profundas divisiones que existen dentro de la UE en cuanto a asuntos económicos se refiere. Los estados del sur europeo necesitarán un estímulo fiscal mayor en los próximos años. No solo Países Bajos, sino también el canciller Sebastian Kurz, de Austria, por ejemplo, que ya ha destacado que para él los créditos son la única opción, y ha señalado que cuenta con el apoyo de otros gobiernos.

Los créditos insostenibles, aun así, son exactamente lo que muchos gobiernos del sur europeo ya no quieren aceptar. Vamos a ver si los gobiernos de la UE encuentran una reconstrucción institucional y creativa que les permita solucionar este “impasse”. Más importante, los conflictos no solo existen entre los estados, pero también dentro de los países. Merkel recibirá muchas críticas desde la extrema derecha de AFD, los liberales del FDP e incluso los económicamente más liberales dentro de su propio partido, la CDU, por ser demasiado generosa, a pesar de cómo sea el acuerdo final.

Análisis: Tras la pandemia, la 'econodemia'

Juan Carlos Bermejo

Hace poco más de dos meses, la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, afirmaba que "el impacto económico del coronavirus está siendo poco significativo y transitorio". Semanas más tarde, envió un informe a Bruselas (con un cuadro macro propio de las novelas de ciencia ficción) afirmando que la crisis sería coyuntural con una recuperación en forma de “V”.

Hoy, los baños de realidad son significativos. La Comisión Europea revela que el país que más fondos ha recibido por los daños de la covid-19 ha sido, ante la perplejidad del público, ¡Alemania!. El fondo de reconstrucción de 1,5 billones de euros ni está ni se le espera, por los recelos entre los estados miembros. Macron pacta con Merkel una propuesta para liberar cuanto antes fondos porque Francia, el gran tapado, está más débil que nunca.

Muchos personajes empiezan a ejercer su papel de coartada de el Sistema. El último de ellos el gobernador del Banco de España, que señala un hundimiento seguro del PIB cercano al 12%. Eso sí, como fiel vasallo, propone subir impuestos para que soporten el peso los de siempre, pasando de puntillas sobre la eficiencia en el gasto en lugar de detallar claramente (porque herramientas tiene) cómo y dónde reducir la inmensa industria política, que supone un despilfarro anual de cien mil millones anuales.

¿Recortes en sanidad, educación o servicios sociales? ¡No señor! Si algo está demostrando esta crisis es dónde no hay que recortar. Los recortes se deben hacer en los centenares de miles de enchufados, familiares, amigos y correligionarios de los partidos políticos que copan los miles de entes públicos de escasa o nula actividad, salvo la de dar de comer a 'la famiglia'.

Es cierto que el déficit superará este año los 150.000 millones de euros debido a la caída brutal de la recaudación y al aumento del gasto en prestaciones, pero subir impuestos a personas que cada minuto que pasa son más pobres es un completo disparate, porque además de inmoral será ineficaz.

Si el Gobierno quiere tapar esa sima, debe tomar dos medidas a corto plazo muy claras. La primera de ellas es una radical reducción del gasto superfluo y la segunda no subir los impuestos a los que ya pagan, sino hacer que los que no paguen lo hagan de una vez, por ejemplo, los dueños de las SICAVs, los defraudadores, las empresas del IBEX y aquellas multinacionales que venden en España y tributan en paraísos fiscales.

Servicios públicos y pensiones

Hecho esto, debe adoptar iniciativas a largo plazo, con la ayuda de esa comisión parlamentaria de Reconstrucción (si quieren servir sus señorías para algo y no sólo para cobrar una nueva dieta) centrándose en inversión en tejido productivo para generar bienes y servicios de alto valor añadido, que a su vez haga al país menos vulnerable y se generen altos márgenes comerciales para ofrecer salarios altos y por lo tanto altas recaudaciones para garantizar los servicios públicos y las pensiones.

¿Están los grupos parlamentarios del Congreso en unirse para llevar a cabo estas medidas? Todo lo contrario. La mediocridad campa a sus anchas por el Hemiciclo.

La semana pasada, un grupo de profesores y economistas independientes enviamos a Bruselas las cifras que demuestran la imagen fiel de la economía española y nuestras propuestas para distribuir las ayudas de forma correcta y eficiente. Entre los destinatarios se encuentran Ursula Von der Leyen, Valdis Dombrovskis, Paolo Gentiloni, Mario Centeno y Christine Lagarde.

Seguramente, responderán amablemente y no harán nada, pero acusarán recibo, y eso servirá para que los españoles podamos defendernos en los tribunales internacionales en el caso de que nuestro país entrara en bancarrota y tenga que ser rescatado por culpa de unos gobernantes y auditores irresponsables.

Tras la pandemia, viene la “econodemia”, y es una obligación poner en alerta a los españoles de la que se nos viene encima, para que estén avisados y cada uno de ustedes obre en consecuencia para sufrir lo menos posible una situación que no tiene precedentes con los que compararse. La crisis que acaba de empezar no tiene forma de “V”, ni de “W”, ni siquiera de “L”. En estos momentos es una “I” latina, porque aún no sabemos cuándo se tocará fondo.

En la crisis de 2007, el Gobierno rescató al sistema bancario por hacer las cosas mal. Hoy, empresas y trabajadores han tenido que parar sin tener culpa alguna, y el Gobierno no los está rescatando. Las empresas y las familias necesitan dinero urgentemente para financiar el circulante, pero la realidad es que hay centenares de miles de personas sin cobrar las prestaciones y más de la mitad de las empresas no han recibido los préstamos ICO. Cada minuto que pasa es vital porque de lo contrario los daños serán irreversibles. Es doloroso decirles esto. No son juicios de valor, son matemáticas.

Dependencia y servicios

El PIB en España caerá un 20% este año, el déficit superará el 15%, la tasa de paro alcanzará el 30%, la deuda PDE superará el 140%, la deuda total el 175%, desaparecerán más de ciento cincuenta mil empresas y con toda seguridad se reducirán drásticamente los salarios públicos y las pensiones.

No todo son malas noticias. Tiempos de crisis, tiempos de desgracia, pero también tiempos de oportunidades. España tiene la oportunidad de deshacerse de un modelo económico basado en la dependencia, los servicios, la precariedad y la vulnerabilidad para convertirse en una potencia económica y logística mundial aprovechando su posición geoestratégica y la tenacidad que siempre nos ha caracterizado a lo largo de la Historia.

De nosotros depende. De lo contrario, estaremos condenando a la pobreza y a la servidumbre al menos a dos generaciones.

Fuente: El Confidencial

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