El momento más glorioso de su frustrada carrera política probablemente sea esa imagen tras Pedro Sánchez, el día que éste ganó las primarias del PSOE, el 21 de mayo de 2017. Tomás Sánchez Pacheco está situado detrás de Begoña Gómez, la esposa del hoy presidente del Gobierno, escuchando eufórico el discurso de la victoria. «Vamos a hacer una oposición útil en defensa de la mayoría social que está hastiada de la corrupción del Partido Popular...», dice Pedro Sánchez mientras él asiente y aplaude.

A quienes acompañaban a Tomás Sánchez Pacheco aquella noche, militantes socialistas como él entonces, les llamó la atención la «jeta» que tuvo para subirse a la tarima con los principales colaboradores de Sánchez. «Se fue acercando, acercando, se agarró de la mano de otro y se subió. La indignación fue tremenda...», dice una militante socialista que lo conoce bien.

La cara dura no sólo sorprendió a los allí presentes, también enervó a muchos conocidos de Tomás que vieron la escena por televisión: «Allí hablándose de la lucha contra la corrupción y él aplaudiendo como si tal cosa». Él enfado de quien pronuncia estas palabras obedece a que es una de las personas que, presuntamente estafadas por Sánchez Pacheco, lo acusan de timos inmobiliarios.

Esta persona en concreto, que prefiere mantener el anonimato, explica que le traspasó un café en el madrileño barrio de Malasaña, cuyo alquiler Tomás nunca le pagó. El legítimo dueño tardó un año en recuperar el negocio y cuando lo hizo se encontró, asegura, con una deuda de 140.000 euros. El caso está pendiente de ser juzgado.

La ficha policial de Tomás Sánchez Pacheco está repleta de acusaciones similares. Otras supuestas víctimas sostienen que le alquilaron viviendas por las que nunca les pagó la renta, pisos que Tomás subarrendaba a terceros a los que él sí cobraba y quienes se convertían en okupas sin saberlo.

Su última detención por estos asuntos se produjo a principios de marzo, una semana antes de decretarse el estado de alarma. Con el mercado inmobiliario parado por el confinamiento, Tomás se reinventó como falso médico. Al menos así figura en el atestado policial de su última detención el pasado 18 de abril.

Sánchez Pacheco, sostiene la Policía, se hacía pasar por inmunólogo del hospital Clínico San Carlos de Madrid con la intención, creen los investigadores, de estafar a los sanitarios recaudando dinero para la compra de material de protección, presunto delito que no llegó a consumar.

 

Una de las nóminas, como investigador del CSIC, que Sánchez Pacheco presentó en contratos de alquiler.EL MUNDO 

EN EL CÍRCULO SOCIALISTA DE FERRAZ

Tomás Sánchez Pacheco nació en 1977 en Barbate (Cádiz). Según su currículo, es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Granada, especialista universitario en Unión Europea por la UNED. Todo esto hay que ponerlo en cuarentena porque, a decir de quienes han tratado de cerca con él, adopta personalidades y profesiones varias.

La más repetida es la de médico, unas veces inmunólogo del Clínico San Carlos y otras investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. Este último cargo figura en varias de las nóminas que entregaba para avalar los contratos de alquiler.

Otra constante, antes de cerrar un trato, era dejar caer sus buenas relaciones con las altas esferas y mostrar alguna fotografía junto a Pedro Sánchez. «Presumía de que era muy amigo del presidente, decía que era médico y que había estado trabajando en EEUU, cosas que al oído te resultan muy agradables, te dan confianza y hacen que no sospeches de él en absoluto», dice el dueño de la inmobiliaria que le alquiló un piso por 750 euros al mes, propiedad que Tomás recolocó a una humilde familia sudamericana. Éstos tuvieron que dejar la vivienda perdiendo lo que le habían abonado.

Con el discurso de su cercanía al poder hizo su entrada en el círculo de las bases socialistas en Madrid. Fue en octubre de 2016, poco después de que Pedro Sánchez dimitiera como secretario general del partido y renunciara al acta como diputado.

Un grupo de medio centenar de militantes socialistas afines a él se organizaron para seguirlo en autobús por toda España, en la campaña de reconquista previa a las primarias socialistas de mayo de 2017.

Hicieron un total de 43 viajes. Sánchez Pacheco apareció por primera vez en el número siete. «Se presentó como un militante más que quería viajar y se fue ganando la confianza de todo el mundo diciendo que tenía amistades en las altas esferas. Nunca daba nombres, sólo hablaba de las altas esferas», dice una de las personas fijas en aquellos viajes. «Luego supimos que utilizaba el nombre de Pedro Sánchez. No lo conocía de nada, de lo que lo pudiera conocer cualquier militante en los mítines. Se hizo fotos con él como nos hacíamos todos», añade.

Esta persona fue testigo de cómo Tomás Sánchez fue ganándose el crédito de estos 50 fieles a Pedro Sánchez, de modo que cuando el grupo decidió crear, cinco meses antes de las primarias, la asociación Recupera PSOE para apoyarlo, él se erigió como presidente.

La plataforma nació envuelta en la polémica porque se instaló en Ferraz 10, a escasos metros del cuartel general socialista, lo que se consideró un intento de abrir una sede paralela. La Gestora que dirigía entonces interinamente el partido anunció acciones legales por usurpación de las siglas e imagen del PSOE.

"CHICOS, HAY QUE PONER DINERO"

Sánchez Pacheco, dice esta persona conocedora de los entresijos de Recupera PSOE, era el encargado de pagar el alquiler. «Nos pedía dinero, "chicos, hay que poner dinero que hay que pagar el alquiler", y se quedaba con la pasta. La gente iba dando 30, 40, 50 euros, lo que podía. Nos engañó a muchos».

Ferraz 10 duró sólo un mes, pero no por las acciones emprendidas por la Gestora, sino por culpa de Sánchez Pacheco, asegura esta fuente. «Hubo que relevarlo de presidente porque tenía deudas. Luego descubrimos todas las barbaridades que había hecho en su pueblo, había varias querellas contra él por estafa, por la gestión de un gimnasio... No queríamos vernos involucrados y cerramos el local».

Se refiere al periplo de Tomás Sánchez Pacheco por distintas poblaciones andaluzas antes de trasladarse a Madrid. Primero en su localidad natal, Barbate (Cádiz), donde en 2001, con 24 años, fue nombrado secretario local del PSOE. Según las crónicas de la época, aspiraba a pugnar por la Alcaldía en 2007, pero el partido se decantó por otro candidato. Reaccionó registrando su propio partido, por lo que fue cesado como secretario local del PSOE.

La hemeroteca recoge también su gestión después del complejo de piscinas municipales de Puerto Real (Cádiz), que abandonó debiendo varias nóminas a la plantilla. En La Zubia (Granada) regentó un gimnasio que acabó igualmente cerrado por impagos y con una deuda de 800.000 euros.

Ya en Madrid, en uno de estos viajes siguiendo a Pedro Sánchez, contactó con una veterana militante socialista. Se hizo con su teléfono, la llamó para tomar un café, y fueron entablando amistad. Le contó, asegura esta mujer, que trabajaba en el Congreso de los Diputados y le mostró fotografía enchaquetado supuestamente allí. Le dijo también que había sido pareja durante siete años de una ministra de Zapatero. Y que Pedro Sánchez veraneaba en una casa que él tenía en El Palmar (Cádiz).

Dos meses después de conocerse, en enero de 2017, la llamó para pedirle ayuda. «No digo que me llorara, pero casi. Que necesitaba dinero porque acaba de abrir un bar en Chueca, que no tenía a nadie que se lo pudiera dar, que por favor...». La mujer le entregó 5.000 euros entonces y otras cantidades después hasta sumar 30.000.

Cuando sus hijas supieron de la deuda, denunciaron el caso ante el Comité de Ética del PSOE. Sánchez Pacheco fue devolviendo parte de la cantidad. A día de hoy, aún le debe 8.000 euros. Varias fuentes aseguran que el Comité de Ética suspendió a Sánchez Pacheco de militancia por estos hechos. Según el PSOE, en la actualidad no forma parte de las bases del partido.

Cuando este diario se pone en contacto con Tomás Sánchez Pacheco, éste asegura que no fue expulsado del PSOE. Dice tener documentación que lo confirma, pruebas de que varias de las estafas inmobiliarias de las que se le acusa están archivadas y el título de licenciado en Medicina.

A través de su abogado nos hace llegar la resolución del Comité de Ética por la deuda con la militante socialista. Según el documento, el Comité archivó el expediente por ser un «negocio civil» «absolutamente ajeno al partido». Nos remite también el archivo judicial -por no estar «debidamente justificada la perpetración del delito»- de la causa por la gestión de la piscina municipal de Puerto Real.

Y una «declaración testifical», firmada este 14 de mayo, de quien se presenta como trabajador suyo. «Como empleado certifico de D. Tomás Sánchez Pacheco no manipuló, modificó o alteró contenido alguno referente a nóminas suyas o de terceros ya que el responsable de dicha cuestión era otra persona», dice el escrito.

Añade que Sánchez Pacheco, «al percatarse de posibles irregularidades», apartó a dicha persona y devolvió «hasta de su propio dinero» cantidades a clientes. No aporta el título médico que dice tener ni pruebas de que las denuncias por estafas inmobiliarias estén archivadas.

Otro personaje: Oriol Mitjà , auge y caída del doctor que quiso jugar a gurú independentista

El doctor Oriol Mitjà es un prestigioso científico, experto en enfermedades infecciosas. Entre sus logros está el de haber desarrollado, en Nueva Guinea, un tratamiento efectivo contra el pian. Mitjà trabajaba en el Instituto de Salud Global de Barcelona (Isglobal) con el doctor Antoni Trilla, también epidemiólogo, jefe de Medicina Preventiva del Hospital Clínic y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.

Bonaventura Clotet, director del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, había detectado el talento científico y el tirón mediático de Mitjà y a principios de año decidió ficharle. Clotet, que además de ser uno de los mayores expertos mundiales sobre el Sida, es uno de los personajes públicos con más olfato de Cataluña, reaccionó inmediatamente a la pandemia anunciando un ensayo clínico liderado por su flamante incorporación para frenar el coronavirus, y lanzó la campaña «Yo me corono» para financiarlo. Con el apoyo del famoseo, consiguió recaudar, en 15 días, más de dos millones de euros. Mitjà, más talentoso que socialmente hábil, se había marchado de Isglobal de un portazo, y el doctor Trilla se sintió abandonado por su discípulo.

Crecido por el foco mediático, Mitjà prácticamente prometió una cura basada en la hidroxicloroquina y el darunavir que, sin ser aún una vacuna, conseguiría efectos profilácticos en la población no infectada, rebajaría la carga viral de los contagiadas y frenaría drásticamente la mortalidad. Su éxito en los medios, la seguridad en sí mismo, su ideología independentista y sus críticas al Gobierno llamaron la atención del presidente de la Generalitat, Quim Torra, que le convirtió en su asesor especial y epidemiólogo de cabecera, y se apoyó en él para insistir en el discurso de que en Cataluña se sabían hacer las cosas frente a una España obsoleta, perdida en su atraso y en su incompetencia. El doctor Mitjà se prestó encantado al juego y el doctor Trilla quedó eclipsado.

Pese a la gravedad de la crisis y la seriedad que se les supone a las mentalidades científicas, empezó entre los médicos e investigadores catalanes una insólita guerra de divas, y el frentismo entre los que «son de Mitjà» y los que « son de Trilla», y un abierto enfrentamiento entre los dos entornos. Mitjà llevaba la delantera y era el más osado en sus planteamientos. Trilla, mayor y más discreto, era la voz más prudente, y menos mediática, y su campaña para recaudar fondos no tuvo ni de largo el éxito del «Yo me corono» de Mitjà y Clotet.

Pero en su creciente proyección pública, Oriol Mitjà se sintió tal vez demasiado cómodo en el papel de salvador de la patria en lugar de centrarse en su ensayo clínico. Insistió en sus críticas al Gobierno y exigió el confinamiento total, al que en parte accedió Pedro Sánchez. También, junto con Torra, reclamó poderes especiales para que la Generalitat «cerrara» Cataluña y comandara en solitario la gestión de la crisis. Entró en polémicas estériles en las redes sociales y dejó que TV3 le convirtiera en el druida nacional, con programas y entrevistas en los que acabó hablando de su vida privada, compareciendo con su novio y un taper garbancero que le había preparado para cenar.

El «milagro» tenía que haber llegado hace 15 días pero el darunavir se reveló ineficaz y se demostraron en la cloroquina efectos negativos para las personas con problemas de corazón. A Torra se le empezó a romper el juguete de su científico de cabecera.

Por su alta exposición mediática y su exagerado posicionamiento político, Mitjà empezó a quedarse solo y a acumular enemigos. En los últimos días no ha tenido más remedio que reconocer que todavía está reclutando a voluntarios para su estudio y que los resultados obtenidos hasta ahora «no son los que esperábamos». Además, la comunidad científica ha reaccionado frontalmente contra su pasaporte inmunológico, por considerarlo «racista» y «peligroso», y Quim Torra, que había comprado alegremente la idea, la acabó desdeñando ante semejante rechazo. Para acabar de caer en desgracia, a Mitjà sólo le ha faltado apoyar el plan de desescalada de Pedro Sánchez. Continúa en su cargo de asesor pero ya no es el infectólogo de cabecera, no forma parte del núcleo que toma las decisiones y ha dejado de ser el referente del presidente de la Generalitat. Antoni Trilla ha recuperado posiciones y vuelve a ser la voz científica de referencia en Cataluña.

Esta siniestra máquina de triturar talento que es el independentismo político ha podido hasta con el temple de un científico de indiscutible trayectoria como Oriol Mitjà, distinguido en 2013 con el premio de la Fundación Princesa de Girona. Otra batalla estéril que ningún avance ha producido, otra demostración de que la independencia como solución mágica no existe, otra pelea de divas en la que Quim Torra todo lo da y todo lo quita, y él continúa como si nada tuviera que ver con los cadáveres que va dejando en el camino.

Fuente: El Mundo, ABC

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