La compañía estadounidense Whiting Petroleum Corporation, productora de petróleo de esquisto, anunció este miércoles que presentó una solicitud de protección por bancarrota, convirtiéndose así en la primera víctima de los bajos precios del crudo, que han caído ya hasta unos 20 dólares por barril. La deuda de la compañía supera los 2.200 millones de dólares.

"Dada la severa caída de los precios del petróleo y el gas, impulsada por la incertidumbre en torno a la duración de la guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia y por la pandemia de covid-19, la junta directiva de la compañía llegó a la conclusión de que los principales términos de la reestructuración financiera, negociada con nuestros acreedores, proporcionan el mejor camino a seguir para la compañía", declaró el presidente y CEO de Whiting Petroleum, Bradley J. Holly.

La empresa dispone de más de 585 millones de dólares en su balance, lo que le permite seguir operando con normalidad, sin disrupciones materiales ante sus proveedores, socios o empleados, y espera tener suficiente liquidez para cumplir con sus obligaciones financieras durante la reestructuración, sin que una financiación adicional sea necesaria.

Qué pasó con los precios petroleros

El desencuentro entre Rusia y Arabia Saudita conllevó el desplome de los mercados petroleros, luego de que Moscú se negara a aceptar los recortes en la extracción de crudo propuestos por la OPEP, por considerar que no lo favorecen. La petrolera estatal rusa Rosneft afirmó que los recortes acordados por la mencionada organización en reiteradas ocasiones siempre favorecían principalmente a EE.UU., que restituía los volúmenes perdidos con su petróleo de esquisto.

En respuesta, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos elevaron la producción a un nivel récord y los precios experimentan su mayor caída de las últimas décadas, en un mercado ya de por sí sobreabastecido.

La falta de acuerdo entre los integrantes del pacto OPEP+ se ha hecho sentir a nivel mundial. Un recorte adicional de 1,5 millones de barriles al día fue propuesto en respuesta a la escasa demanda del hidrocarburo, afectada también por el brote del nuevo coronavirus.

Analista económico: "La salida a la crisis del coronavirus no va a ser homogénea"  

José Luis Herrera, analista en Bolsanow.com, cree que la salida a la crisis provocada por la pandemia del covid-19, que ya se ha cobrado la vida de más de 40.000 personas en todo el mundo, "no va a ser homogénea", según comentó en una entrevista concedida este miércoles a RT.

"Todavía es pronto para ver el impacto que puede tener todo esto en la economía, que es indudable que lo va a tener", explicó Herrera, que llama la atención sobre los últimos datos conocidos de manufactura en China y Europa, que —asegura— son "muy malos".

"Una situación mucho más insostenible"

"Lo ideal sería que la pandemia se controlara lo antes posible para que pudiéramos salir lo antes posible", dice Herrera, que subraya el problema de que dicho control no se esté produciendo de forma simétrica en los distintos países. "La salida a la crisis no va a ser homogénea", apunta.

Por otro lado, el experto recuerda que los estados están suministrando liquidez en el sistema para que las compañías, sobre todo las fábricas, puedan tener una continuidad en el negocio; al tiempo que recuerda que se prevé que la crisis perjudique severamente el PIB de España, cuya economía depende del turismo.

Por último, el analista económico no descarta que pueda haber saqueos si se agrava la situación, por lo que piensa que el Estado y los organismos sociales tendrían que proporcionar los suministros básicos a la gente para evitar esta hipotética coyuntura. "Hay situaciones en que una revuelta puede acabar prendiendo una mecha que al final acabe creando una situación mucho más insostenible", concluyó.

El сovid-19 y la crisis del petróleo comienzan a 'tragarse' el mayor fondo soberano de inversión del mundo

El fondo de inversión soberana de Noruega —de 950.000 millones de dólares y el más grande del mundo— está a punto de 'ponerse en marcha' para cubrir las necesidades del Gobierno, informa Bloomberg.

La crisis provocada por la pandemia de coronavirus se está desarrollando de manera muy diferente a la gran recesión de 2008. En aquel entonces, el fondo noruego utilizaba las ventas globales para comprar acciones baratas. Esta vez, el fondo probablemente necesitará vender una parte considerable de su cartera de bonos, explica la agencia.

La desaceleración de la economía mundial en 2020, que coincidió con una fuerte caída en los precios del petróleo, ha sido un doble golpe para la economía noruega. Los ingresos del reino, que se deben en una gran parte a las ventas de crudo, se han reducido considerablemente, lo que obliga al Gobierno a desbloquear activos.

Según la agencia, en 2020, si los precios del petróleo se mantienen en el nivel actual, el Ejecutivo noruego se verá obligado a tomar al menos 25.000 millones de dólares del fondo.

Anteriormente Bloomberg informó que debido a la propagación del coronavirus, la situación del mercado laboral en Noruega empeoró y regresó a niveles registrados durante la época de Segunda Guerra Mundial.

Según datos de la Universidad Johns Hopkins, en el país escandinavo se han confirmado más de 4.800 casos que han dejado 43 fallecidos.

Una montaña de deuda pública que empieza ya a ser impagable

No es, desde luego, lo más acuciante en un contexto como el actual, en el que el virus avanza de forma devastadora. Pero si hay una evidencia desde el frente económico es que la factura será enorme. Hasta el punto de que es muy probable que algunos países se acerquen al nivel de lo impagable.

El planeta, como se sabe, estaba sentado sobre un polvorín de deuda antes de la aparición siniestra del Covid-19. En total, según la patronal bancaria mundial, 253 billones de dólares, lo que supone el 322% del PIB global. Algo así como 240 veces el PIB de España. No hace falta decir que se trata de un nivel histórico, lo que explica, paradójicamente, que haya dejado de preocupar seriamente.

Amortizar esa deuda, aunque fuera solo en parte, exigiría crecimientos económicos sostenidos durante décadas, y ese escenario es hoy altamente improbable. Por eso, ha dejado de inquietar el nivel de deuda más allá de que esté presente en el discurso de las buenas prácticas macroeconómicas.

La realidad es bien distinta. Ya no hay ninguna duda de que la herencia del Covid tendrá una forma geométrica muy parecida a la de una inmensa montaña de deuda, también en Europa. Y, particularmente, en países como España y el resto de los socios del sur de Europa, que ni siquiera durante los años de la recuperación han sido capaces de reducirla de forma significativa. La avanzadilla, como se sabe, es Grecia: 180% del PIB; seguida de Italia, 138%; Portugal, 121%; Francia, 99%, y España, 95,5%, como avanzó este martes el Banco de España.

 

Es hoy una incógnita saber cómo acabará esto, pero hay una cosa clara. La estrategia de todos los gobiernos, como no podía ser de otra manera, ha sido endeudarse para sofocar el incendio. Y basta recordar que cada punto de aumento de deuda en relación con el PIB son nada menos que 12.500 millones de euros.

La única salida

La deuda es la única salida posible. Y también ha acudido a ella el Gobierno español. De hecho, los nuevos decretos aprobados por el Consejo de Ministros caminan en esa dirección: subsidios para las empleadas de hogar y los trabajadores temporales, costes económicos asociados a la pandemia desde el ángulo de la salud pública (con un coste enorme para las comunidades autónomas) y, sobre todo, los derivados de los ERTE, ya sea financiando el 70% de la base reguladora de los salarios de los trabajadores afectados o la exención de cotizaciones para las empresas (5.000 millones, según algunos estudios). El Servicio Público de Empleo (SEPE) necesitará, por lo tanto, un presupuesto adicional cuya cuantía dependerá, lógicamente, de lo que dure la pandemia. Pero, en cualquier caso, será de miles de millones de euros.

En otras ocasiones, como se sabe, se ha optado por diferir las obligaciones de pago, pero hay razones para pensar que con esa estrategia solo se ha ganado tiempo. Como sucedió en la Gran Recesión, muchas de esas deudas ahora aplazadas entrarán en la lista de morosos.

Para llegar a esta conclusión, solo hay que recordar que el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) nació en 2012, precisamente, para hacer frente a millones de facturas sin pagar tras dos recesiones consecutivas que se llevaron por delante buena parte de los ingresos, mientras que, en paralelo, aumentaban los gastos asociados al desempleo. Aunque la crisis vaya a ser menos duradera, ya hay pocas dudas de que la contracción será mucho más intensa.

La cuenta de aquel fiasco económico fue brutal. En pocos años, se pasó de un endeudamiento público equivalente al 35% del PIB (marzo de 2008) al 100,9% (marzo de 2015). O lo que es lo mismo, una factura de 629.458 millones de euros, y que a precios actuales representaría prácticamente un 50% del PIB. Solo en el escenario más catastrófico se puede pensar que esta crisis puede costar una cifra tan abultada. Pero parece seguro que España volverá a tener una deuda pública que se escribirá con tres dígitos y no con dos.

 

Lo nunca visto

Lo que ya se sabe es que el año pasado, según acaba de adelantar Estadística, las necesidades de financiación del Estado fueron equivalentes a 33.223 millones de euros, pese a que la economía creció un 2%. También que los costes de desempleo se dispararán de una forma nunca vista, lo que unido al hecho de que el PIB se contraerá de forma significativa, elevará de forma automática la deuda en términos relativos. Y ahí es cuando entran los mercados para financiar esa ingente deuda.

Hay quien sostiene que cuando Mario Draghi soltó su famosa sentencia ("haré todo lo que sea necesario…") en realidad estaba asustado de lo que vio en el balance del BCE, algo más de cinco billones de euros, que, como todo balance, tiene dos caras. A un lado estaban los acreedores y al otro los deudores. Y en aquel momento Alemania llegó a tener una posición acreedora superior a los 750.000 millones de euros, mientras que España, por el contrario, y debido al 'boom' de crédito que se utilizó para financiar la burbuja inmobiliaria, debía más de 420.000 millones al Target 2, que es el sistema que utilizan los bancos centrales para echar sus cuentas.

Hoy esa cifra supera ligeramente los 130.000 millones de euros, pero Alemania, junto a Luxemburgo, Países Bajos y Finlandia, sigue siendo el gran acreedor del eurosistema. En el otro lado del balance están Italia, España y Portugal. Algo que puede explicar las reticencias de las autoridades germanas a poner en marcha los eurobonos, con los que España pretende repartir riesgos. O sea, mutualizar, en el lenguaje de la diplomacia financiera.

Lo que le preocupaba a Draghi era que el euro se rompiera por las enormes asimetrías internas del BCE. Cumplió su palabra y salvó la moneda única. ¿Cuál es el problema ahora? Que Alemania y otros países del norte —que salieron rápidamente de la anterior recesión— también están embarcados en la lucha contra el coronavirus, y eso cuesta mucho dinero. Es por eso por lo que la vicepresidenta Calviño, y en esto tiene el respaldo absoluto del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, quiere ser muy gradualista en la forma de enfrentarse a la recesión que se avecina. Algunos servicios de estudios han calculado una caída del PIB del 10% en el primer semestre.

El termómetro

Ese gradualismo se explica, entre otros motivos, porque los problemas de fondo, que ningún Gobierno se ha atrevido a encarar desde 2012, siguen ahí. Por ejemplo, el déficit de la Seguridad Social, que ya se paga prácticamente con deuda. Nada menos que 16.991 millones de euros el año pasado.

Hay quien piensa que la deuda se paga sola, ya sea con inflación o dándole a la máquina de hacer billetes, como sugieren algunas teorías monetarias modernas, aunque tengan mucho de antiguas, pero lo cierto es que el nivel de deuda es el termómetro que leen los mercados a la hora de financiar los endeudamientos públicos. Exactamente igual que hacen los bancos con las deudas privadas.

Entre otras cosas, porque Europa, al contrario que Japón, con una deuda equivalente a algo más del 200% de su PIB, tiene que compartir banco central, mientras que, por el contrario, el Banco de Japón reina en su territorio. No hay acreedores ni deudores. Y eso es algo que conocen mejor que nadie los mercados. Claro está, salvo que alguien opte algún día por quitar algunos ceros al balance del BCE. Todo indica que el debate sobre la condonación parcial de la deuda volverá a la agenda pública.

Fuente: El Confidencial

Coronavirus: ¿Por qué China ha ganado la partida a EEUU? 

EEUU lidera el mundo en términos de número de casos de coronavirus, que excede a China, Italia, España y Corea del Sur y hay estimaciones preliminares que señalan que el número real de personas infectadas puede llegar a 200.000 en ese país en los próximos días, y posiblemente a millones más tarde.

La velocidad con la que se ha propagado el virus en EEUU está eliminando las noticias engañosas que el presidente Donald Trump había estado difundiendo durante los últimos dos meses para absorber la ira pública, después de su fracaso, y el de su gobierno, en la gestión de la crisis. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de la Cámara de Representantes, y varios representantes no han dudado en criticar y acusar al presidente Trump de fracaso y mentir en este tema.

La propagación de esta epidemia tan rápidamente en EEUU puede confirmar la teoría de la conspiración que señala, y cuyos detalles el presidente Trump está tratando de ocultar, que la primera aparición de este virus no fue en el mercado de pescado en la ciudad china de Wuhan, sino en EEUU y concretamente en Maryland. El cierre de laboratorios de armas biológicas del Ejército y el arresto u ocultamiento de científicos parecen apuntar a este hecho.

Los primeros casos del virus se descubrieron en EEUU, Canadá e Italia meses antes que en China, pero este último país fue el más transparente y el primero en hacer sonar la alarma, pese a que EEUU y los países europeos lo acusaron de no ser transparentes y ocultar información, lo que resultó ser una mentira más tarde.

Las acusaciones de China contra EEUU de propagar el virus a través de un grupo de sus soldados estadounidenses que participaron en una sesión de entrenamiento militar en Wuhan en octubre pasado están ganando más credibilidad día tras día, y sugieren la posibilidad de que el virus fuera de fabricación norteamericana. En este sentido, las acusaciones contra los chinos de comer animales salvajes como murciélagos serían simplemente cortinas de humo para encubrir la realidad, empleando a los imperios mediáticos para este propósito.

La pregunta desconcertante que comienza a plantearse con fuerza hoy en día es cómo ha surgido el virus y se ha propagado tan agresivamente en EEUU en un momento en que está retrocediendo en otros países como China, Irán y Corea del Sur.

Hay varias posibilidades que pueden responder de una forma u otra a esta pregunta:

La primera: que la administración de EEUU era consciente de la presencia de este virus en su territorio, pero minimizó su importancia y no esperaba la gravedad que alcanzó.

La segunda: que fuera consciente de su gravedad y pero descubriera que no posee las capacidades médicas para el tratamiento del virus y equipos adecuados, como aparatos de respiración artificial, y se hundiera en un estado de confusión.

Existe también la hipótesis de que los círculos gobernantes de EEUU exportaran el virus a China para desviar la atención y ocultar su crimen, golpear la economía china en un momento de apogeo de la guerra comercial entre los dos países y tratar de bloquear el camino hacia el liderazgo mundial de China, culpándola por la propagación de la epidemia.

Lo cierto es que EEUU saldrá de esta crisis como el mayor perdedor, ya que el virus ha dañado seriamente su prestigio como superpotencia al mostrar su incapacidad para frenar la epidemia y convertirse en el país más afectado en lo que respecta al número de contagiados.

China, por otro lado, ha demostrado que es el país más digno de este liderazgo internacional debido no solo a su exitoso manejo de la crisis del coronavirus, que le ha llevado no solo a derrotar al virus en casa, sino también por su disposición a ayudar a numerosos países afectados en el mundo, como Italia.

También ha pedido el levantamiento de sanciones estadounidenses contra varias naciones con el fin de permitirles luchar más exitosamente contra el coronavirus. China, junto con otros siete países del mundo, que representan una cuarta parte de la población mundial, ha pedido el fin de las sanciones económicas, que EEUU, en un gesto de crueldad, intenta mantener. Tal actitud norteamericana ha llenado de vergüenza incluso a sus socios europeos, que han roto por primera vez las sanciones de EEUU contra Teherán al utilizar el INSTEX, el mecanismo de pago dirigido a mantener las transacciones europeas con Irán, con el fin de enviar equipos médicos a este país. De este modo, EEUU ha causado un malestar e irritación en todo el mundo por su egoísmo y brutalidad.

Suponiendo que las próximas guerras puedan ser biológicas en algunos de sus aspectos, China ha demostrado que es capaz de enfrentar un conflicto de este tipo de manera efectiva y competente, cuando erradicó el virus con una velocidad récord, manejó la crisis de manera muy eficiente y mostró un rostro humano acorde con su papel de nuevo liderazgo en el mundo.

¿Llevará la pandemia de coronavirus a un aumento de sentimientos antitecnológicos?

MOSCÚ (Sputnik) — Una de las consecuencias de la pandemia de coronavirus sería un aumento de sentimientos antitecnológicos en la sociedad, sostiene el jefe del consejo de expertos del Instituto de Expertos en Estudios Sociales, Gleb Kuznetsov.

"Pronostico un aumento de sentimientos contrarios a las innovaciones, hasta un nuevo ludismo postindustrial, en el que las personas empiezan a decir que las tecnologías no ayudan sino nos quitan el trabajo, nos privan de libertad y no garantizan ninguna vida brillante", declaró Kuznetsov en una mesa redonda sobre el futuro digital organizada por el instituto.

Según el experto, una nueva ola de populismo estará relacionada justo con este nuevo ludismo, corriente que se opone a la introducción de tecnologías que puedan reemplazar a las personas, y en esas condiciones será peligroso imponer normas que regulen las tecnologías, incluido un código digital en Rusia, en la importancia del cual coincidieron muchos participantes de la reunión.

"Me parece que cuando termine la historia del coronavirus, la sociedad estará tan conmocionada que no se deberá tomar decisiones importantes porque estas irían acompañadas de un estrés postraumático y emociones", opinó.

Kuznetsov considera que pasará mucho tiempo antes de que la sociedad se recupere de esta ansiedad.

"Cuando salgamos de nuestras casas, ya sea en dos o seis meses, mejor será someternos a una psicoterapia de grupo, y no me refiero solo a Rusia sino a toda la humanidad", dijo el experto.

Análisis: El coronavirus cambió el mundo: Estados Unidos se enfrenta a perder poder de presión sobre Rusia

Evgeny Satanovsky

El científico y orientalista ruso, uno de los principales expertos en el campo de la política y la economía de Israel y Oriente Medio, Evgeny Satanovsky, dice que en el contexto de la pandemia de coronavirus, Estados Unidos puede perder su principal herramienta de presión sobre Rusia.

La idea de prohibir el régimen de sanciones como tal, simplemente porque impide la lucha contra epidemias como el coronavirus, es muy sensata. Rica idea.

Las sanciones nunca obligaron a nadie y no pudieron obligar a nadie. Este método de presión y chantaje, que se ha convertido en una herramienta de política familiar para los Estados Unidos, a la que obligan a todos sus aliados y satélites a unirse, hace mucho tiempo demostró ser un completo fracaso. Pero es conveniente, incluso para debilitar a los rivales y limitar, y en el caso ideal, la destrucción de los competidores.

Es hora de ponerle fin. Además de reconsiderar el orden mundial, demasiado tiempo sostenido en la ilusión de unipolar.

En pocas palabras, los Estados han demostrado una completa irresponsabilidad, su egoísmo infinito se ha vuelto peligroso para el planeta, y lo que ellos mismos están haciendo en el ámbito político interno, en la economía y con la propagación desenfrenada del coronavirus, demuestra que no pueden hacer frente. con cualquier cosa en casa

¿Cuál es el líder? Si está intoxicado por permanecer en la cima del poder durante demasiado tiempo, no demasiado inteligente, ignore el aburrimiento y la insolencia que lo rodea, comienza a deambular por la ciudad, agitando pistolas y quemando periódicamente la luz blanca, el deber del alguacil es quitarle el arma. él.

¿Quién puede convertirse en un sheriff cuando los Estados Unidos, que ha estado actuando como el gendarme mundial durante tanto tiempo, actúa como un bandido mundial no está claro? Es eso apoyado contra el borde.

Los detalles del momento son que ni ellos mismos ni sus principales aliados: las potencias europeas, Japón, Corea del Sur y Taiwán, ni las monarquías árabes e Israel por la propagación del coronavirus no eran inmunes.

Al mismo tiempo, Estados Unidos no ha prestado ayuda a nadie, ni lo hará ni lo hará. Entonces, ¿por qué seguir sus órdenes y caprichos si es peligroso para aquellos que intentan jugar con ella en el mismo equipo? La pregunta es retórica. Los políticos, como siempre, no tienen un nivel de conciencia de lo que realmente está sucediendo en el mundo. Responsabilidad, al contrario de lo que dicen antes de ser elegidos, más aún.

¿Pero tal vez una combinación de miedo por la vida y populismo funcionará? Así que es hora de poner fin a las sanciones. Deben ser prohibidos. Y aquellos que los aplican e inician, también. Ahora veamos qué responderán los líderes de la ONU, la UE y EE. UU. Otros, en todo caso, se unirán a ellos.

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