El primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, pidió este sábado a la Unión Europea que no cometa "errores trágicos" en su gestión de la crisis del coronavirus, advirtiendo que, si lo hace, "todo el proyecto de la UE perderá su razón de ser". Lo dijo durante una entrevista con el periódico Il Sole 24 Ore.

El jefe del Gobierno italiano advirtió que la pandemia del covid-19 puede "destruir" la economía europea. "Estamos viviendo una crisis que ha causado una gran cantidad de víctimas entre nuestros conciudadanos y está causando una gran recesión económica", señaló Conte, asegurando que "no hacer nada dejaría a nuestros hijos la carga de una economía destruida."

"Represento a un país que sufre mucho. No puedo permitirme jugar por tiempo", agregó el primer ministro italiano, quien instó a lanzar el Plan Europeo de Recuperación y Reinversión, que "apoyaría a toda la economía" de Europa.

"En Italia, pero también en otros Estados miembros, no tenemos más remedio que tomar decisiones trágicas", dijo Conte. "Debemos evitar tomar decisiones tan trágicas en Europa. Si Europa no se muestra a la altura de esta tarea, todo el proyecto europeo corre el riesgo de perder su razón de ser a los ojos de nuestros propios ciudadanos", aseveró el político.

Las declaraciones de Giuseppe Conte se producen después de que este jueves los líderes de los 27 países de la UE no lograran llegar a un acuerdo sobre el plan de acción contra la pandemia, lo que confirmó la división del bloque comunitario.

Nueve de los 19 países de la eurozona, incluidos Italia y Francia, llamaron a la Unión Europea a emitir 'corona bonds', un instrumento de deuda común para financiar las consecuencias de la lucha contra el coronavirus. No obstante, Alemania, respaldada por Austria y Países Bajos, se mostró en contra y abogó por el uso del Mecanismo Europeo de Estabilidad, el fondo de rescate de la zona euro.

Italia sigue siendo el país europeo más afectado por el covid-19. Hasta la fecha en la nación transalpina han sido confirmados 92.472 casos de infección. Más de 10.000 personas han fallecido a causa de la enfermedad.

Italia podría salir de la UE por retraso en ayuda contra COVID-19

El líder del partido La Liga, Matteo Salvini, anuncia la posible retirada de Italia de la Unión Europea (UE) debido a la demora en ayudar a superar el COVID-19.

Primero venzamos al virus, luego pensemos en Europa nuevamente. Y, si es necesario, decir adiós, sin siquiera agradecerlo”, ha declarado este sábado Salvini, refiriéndose a la negativa de Alemania y los países del norte de Europa en responder la solicitud de Italia de ayuda para enfrentar el impacto económico de la pandemia del nuevo coronavirus (COVID-19).

El también exministro del Interior de Italia ha condenado la demora de los países miembros de la UE en ayudar a este país europeo. “Europa necesita otros quince días para decidir qué hacer, si ayudar, a quién y cómo. En medio de una emergencia cuando la gente muere, ahora por neumonía, mañana, posiblemente por la pobreza”, ha dicho Salvini.

También, los titulares de los periódicos italianos han condenado la respuesta de la Unión Europea y han descrito a Bruselas como “muerta” y “fea”.

Italia y España, los países de la UE más afectados por el nuevo coronavirus, ven la postura de Bruselas ante la actual crisis como una “prueba del compromiso de la UE hacia ellos”. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por su parte, ha expresado que el “proyecto europeo” está en juego.

En momentos en que varios países de la Unión Europea evitan brindar ayudas sanitarias a los italianos, Rusia, pese a enfrentar sanciones de la UE, envió el pasado lunes a Italia el décimo avión militar con especialistas y equipo para combatir el virus.

Además, Rusia envió a Italia un laboratorio militar, 20 vehículos de desinfección y 66 militares para combatir la pandemia.

Respecto a tales ayudas humanitarias, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha despojado las dudas sobre intentos del Kremlin para ganar el apoyo de Italia ante las sanciones impuestas en su contra por el bloque comunitario y ha asegurado que la ayuda es “incondicional” y que Rusia no espera nada a cambio.

Análisis: La UE, partida en dos: quiénes buscan poner fin a la Unión

Esteban Hernández

Los españoles hemos sido muy ingenuos. La lectura que los holandeses, los alemanes o incluso los británicos hacen de la tragedia que estamos viviendo no nos deja en muy buen lugar. Y tampoco la idea que tienen de nosotros mejora en lo económico. Conocemos cómo nos ven porque llevan repitiéndolo desde 2008, os gusta la fiesta y la siesta, no sois eficientes ni disciplinados, no sois un país productivo, derrocháis el dinero que os damos. En esencia, cuando Pedro Sánchez acudió el pasado jueves a la UE en busca de soporte para las medidas que debe tomar, esa es la respuesta que ha recibido, la que yace bajo el "si lo que estás esperando son los 'coronabonos', no van a llegar nunca" de Merkel. Eso es lo que ha irritado tanto al presidente portugués, y por eso Sánchez afirmaba ayer que "Europa se la juega".

Lo malo es que mucha gente cree también en España lo que dicen de nosotros. Nuestra falta de carácter y la propensión al derroche son las causas principales de que nos vaya mal, por lo que tienen razón los norteños al negarnos la ayuda. ¿Para qué? ¿Para gastárnosla en mujeres y alcohol, como decía Dijssembloem?

Estas explicaciones mediadas por la forma de ser mediterránea ocluyen algo mucho más importante, que sí contribuye a modelar el estado actual de España. Para empezar, como subrayaba Gabriel Zucman, el 'dumping' fiscal tiene mucho que ver: las grandes empresas dejan de declarar en territorio español unos 13.500 millones de euros anuales, de los que casi 11.000 millones se desvían a países europeos, empezando por Países Bajos, que vive bien gracias a que es un paraíso fiscal. En segundo lugar, Alemania y Países Bajos son los grandes beneficiados por la creación de la moneda única y son los países que más partido han sacado a la actual arquitectura del euro.

El rescate de los bonistas alemanes

Además, una vez que un país contrae una deuda elevada, entra en un pozo del que es difícil salir y se ve abocado a grandes sacrificios continuos sin obtener demasiados resultados; el peso de los intereses empuja hacia abajo. España está sufriendo esa carga adicional desde 2008 y desde que hubo de solicitar el rescate de las cajas de ahorro, un asunto del que suele borrarse una parte: si hubiéramos dejado que quebrasen, se habría causado un gran perjuicio a los bonistas alemanes, los más expuestos. Los germanos invirtieron mal, apostaron por cajas poco solventes, nosotros estamos pagando también su parte de la factura y, al hacerlo, cada vez tenemos menos margen de acción.

Todos estos factores, entre otros, tienen mucha más importancia en términos estructurales que el carácter español. Por eso, cuando Sánchez acude a Bruselas a pedir ayuda, no debería hacerlo en términos de "tened compasión, hay una emergencia sanitaria y necesitamos vuestra ayuda", sino en términos morales y de justicia: ya que han salido ganando estos años, que cumplan ahora con sus responsabilidades. Y, desde luego, también hay argumentos pragmáticos: si la UE no actúa conjuntamente, el virus económico atacará primero a los más débiles, pero no parará ahí, se llevará por delante a sectores y países en mejor estado, y luego fragilizará la economía europea en su conjunto.

El cortafuegos nórdico

Pero, si todo es tan obvio, ¿por qué no se hace así? ¿Por qué se niegan a poner en marcha los mecanismos precisos para que pueda darse una solución común? La respuesta es sencilla de entender, pero no nos la hemos planteado lo suficiente: Alemania, Países Bajos y demás miembros de la liga hanseática están haciendo un cortafuegos. Quieren evitar contaminarse a toda costa, y han entrado en estado de confinamiento económico; quieren salir de esta crisis en la mejor situación posible en términos nacionales, y el daño a las estructuras europeas les importa muy poco si eso afecta a su solidez. De hecho, están preparándose para el futuro, incluida la ruptura de la actual UE, que puede llegar a serles demasiado pesada. Su actitud, como aseguraba González Pons en el Parlamento europeo, es la del Brexit. Son ellos los anti-UE, no nosotros.

Esta actitud es lógica, en la medida en que se alinea con estos tiempos, en los que la tendencia principal es que el orden existente se rompa por arriba. Ha ocurrido en el plano social, ya que el poder y los recursos se han ido concentrado en un porcentaje pequeño de la sociedad, las clases medias se han fragilizado y las trabajadoras sufren mayores dificultades; ha pasado igual en lo territorial, y aquí lo hemos denominado España vaciada, ya que los trabajos y la actividad económica se han concentrado en grandes urbes, mientras las ciudades intermedias han perdido peso e influencia y el mundo rural ha entrado en declive; y también en lo estatal y lo internacional, ya que la desglobalización la inició el país más poderoso del mundo, EEUU, cuando Trump llegó al poder; de la UE no se ha marchado un país pequeño, Grecia, sino uno grande, Reino Unido, una potencia financiera de primera magnitud; y de España no se quiere marchar Extremadura, sino Cataluña, una de las dos regiones españolas que más han ganado con la era global. Es decir, han sido las clases, territorios y países con más recursos los que están rompiendo las reglas del juego y sería raro que no pasara también en la UE.

El momento político

La reacción a esa bifurcación ha sido semejante en todos los terrenos. En general, las partes menos favorecidas reclaman a las ganadoras que piensen en el conjunto y que ayuden para que las situaciones de dificultad se solucionen de forma común. Ese es el momento político en todos los ámbitos: las capas menos afortunadas afirman que debería haber un mejor reparto, y reclaman más trabajo y salarios más justos, y las pymes más ayudas; las zonas rurales y las ciudades intermedias piden medidas para no seguir en declive; y los países perdedores en la UE reclaman acciones conjuntas para poder salir de una situación durísima.

Sin embargo, nada de esto suele ser escuchado, por lo que la tendencia a la bifurcación prosigue. Ni siquiera el coronavirus ha conseguido que en Europa se cambie de dirección, lo que está provocando discusiones impensables en España hasta hace poco sobre la conveniencia o no de nuestra participación en el club del euro. Sin embargo, estas discusiones internas importan poco de momento. No somos nosotros los que empezamos a ser anti-UE, más al contrario; si se está apelando a la acción común es porque la mayoría de la gente cree todavía en ella. Quienes no confían en Europa son quienes están al frente, Alemania, Países Bajos y la liga hanseática, que están empujando al sur hacia fuera y dibujando otra construcción de alianzas. Quizá den marcha atrás, como lo han hecho en su forma de combatir el coronavirus; en caso contrario, lo que deberíamos hacer es prepararnos para lo que pueda venir. Pensar cuál será el plan B, porque lo mismo nos vemos forzados a ejecutarlo.

Fuente: El Confidencial

Análisis: La UE se está condenando a la muerte

Sergio Hernández-Ranera Sánchez

Sectores básicos de la economía española se hallan en caída libre y los despidos temporales aumentan sin cesar. El PIB trimestral del país decrece a un ritmo del 12% y la temporada turística se da por perdida. El Gobierno de la nación pide a Bruselas un plan de medidas urgentes, mientras Alemania parece ir por libre.

El golpe de la pandemia de COVID-19 está resultando demoledor para las economías. En el caso del país ibérico, se está escenificando en un aluvión de expedientes temporales de regulación de empleo (ERTE). Es decir, el despido de trabajadores por imposibilidad de proseguir con la actividad económica de sus empresas. En otras palabras, España se está parando.

Esta situación es un círculo vicioso, por cuanto el aislamiento de la población y las medidas restrictivas se revelan como los mejores métodos a corto plazo para atajar la propagación del virus y contenerlo. Pero el coste económico es desorbitado. Regiones como Cataluña o Murcia han solicitado al Gobierno central la instauración de un aislamiento total en sus comunidades, a lo que el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha respondido que las medidas existentes son ya de por sí excepcionales y de las más duras de Europa. Si se endurecen, el colapso económico será casi total. Si se aflojan para que la economía tenga un respiro, el virus no se atajará.

El desempleo se dispara

El Gobierno de Sánchez anunció un plan de ayudas de 200.000 euros para paliar la contingencia. Ahora se adivina escaso. La recesión media de la UE, en palabras de Christine Lagarde, jefa del Banco Central Europeo (BCE), superará el 10%. El parón en seco de los sectores de la automoción y el turismo amenaza con elevar aún más la previsión de caída de un 12% del PIB al trimestre. El 19 de marzo ya se había eliminado de un plumazo toda la creación de empleo del último año: más de 360.000 puestos de trabajo.

A las iniciales reticencias de Bruselas, siguió el llamado "bazuca": una inyección de 750.000 millones de euros por parte del BCE que calmó un poco a los mercados. Pero la lúgubre expectativa de una recesión cifrada en más de un 10% rebajó los ánimos. Sindicatos, patronal bancaria y economistas de distinto pelaje exigen a Sánchez el compromiso de arrancar de la UE una acción decidida. Podría estar en juego la supervivencia de la propia Unión, al menos tal y como se conoce hasta ahora.

"Hay que mutualizar la deuda", declaró a los medios el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández Cos.

Una medida así  supondría un manto de protección que, de otro modo, avisan los expertos, avivaría el sentimiento de euroescepticismo en Europa. Porque el efecto comunitario del coronavirus puede ser el eurodesencanto. La gravedad es tal, que en España sindicatos y patronal coinciden en su exigencia a Bruselas de "forzar la máquina". "Europa debe demostrar que sirve para algo o su crisis de legitimidad será brutal", señala Unai Sordo, secretario general de CCOO.

"Se va a producir un endeudamiento. España tendrá que acudir a otras vías, endeudarse en los mercados, salvo que la UE emita deuda mancomunada", explica a Sputnik Juan Torres López, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla.

La vacuna de los eurobonos

El caso es que en el seno del Eurogrupo se está barajando la posibilidad de conceder rescates financieros a países vulnerables sin la condición de establecer duros recortes. También suenan los llamados eurobonos, la “mutualización” de la deuda que refiere el Banco de España. La medida contrastaría con la ortodoxia presupuestaria por la que se ha venido rigiendo la UE en los últimos años, que parte siempre del norte.

"El BCE tendría que haber puesto en manos de los Gobiernos la financiación, es lo razonable. Lo que ocurre es que en la UE está prohibido que el BCE financie a los gobiernos, que tienen que buscarla por la puerta de atrás, comprando bonos y llenando los bolsillos de los inversores. Hay que romper con esa ortodoxia", afirma el economista Juan Torres.

Pero el norte, aunque también sumido en la crisis de la pandemia del coronavirus, está menos afectado que el sur, donde un eventual colapso de Italia y España amenazaría a la UE en su actual forma. Solo cuando oteara el abismo estaría dispuesta Alemania a acceder a los eurobonos. De hecho, el ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, ha calificado la cuestión como "idea fantasma". Tal mecanismo podría contener la tentación de superar la actual configuración de la Unión Europea, cuando no su disolución o reducción a unos pocos países.

"La UE terminará muy dañada del envite. Alemania no ha aprendido nada de su historia. No puede mantenerse el club si los socios principales deciden que cada uno tiene que correr con su propia suerte", opina Juan Torres, quien concluye de manera retórica:

"¿Qué va a pensar el italiano decente si el destino para su pueblo está en las manos de Alemania y esta prohíbe vender a Italia mascarillas? La UE se está condenando a la muerte. Sus dirigentes no están a la altura de sus circunstancias".

"EEUU no nos está ayudando": el coronavirus revela a los "verdaderos amigos" de Europa

Víctor Ternovsky 

El brote del coronavirus reveló quiénes son los verdaderos amigos de Europa. Entre los que ofrecieron su mano de ayuda al Viejo Continente están países como Rusia, China, Cuba o Venezuela, es decir, naciones que están siendo constantemente demonizadas por la prensa dominante. A su vez, 'el bueno de la película', EEUU, brilla por su insolidaridad.

Es lo que constató a Radio Sputnik el analista español André Abeledo Fernández. Afirmó que, en vista de los últimos acontecimientos, EEUU ya no puede considerarse como un aliado, ni siquiera en "teoría".

Al mismo tiempo, elogió la postura asumida por Estados como China. El gigante asiático, que logró frenar el brote del coronavirus en su territorio, está dando un gran apoyo a Italia y España, los países comunitarios que más se vieron desbordados por la pandemia. Además de estar suministrando material médico, también está compartiendo su exitosa experiencia en la lucha contra la enfermedad.

Por su parte, Rusia envió a Italia trece aviones cargados con expertos militares y equipamiento que incluye modernos sistemas de desinfección y diagnóstico. Los 100 especialistas en epidemiología y virología, ya aterrizados en el país, son las auténticas estrellas de la ciencia médica.

También llegaron a Italia 50 médicos y enfermeros cubanos, "solidarios y comprometidos con hacer bien a los necesitados, sin distinción", según el embajador del país caribeño en Roma, José Carlos Rodríguez.

Médicos venezolanos también se incorporaron a luchar contra el COVID-19 en Italia y España.

En estas circunstancias, "uno se hace la pregunta de cuáles son los verdaderos amigos", planteó André Abeledo Fernández, quien insistió en que la situación demuestra claramente que Europa debe "replantear muchas políticas", entre ellas "geoestratégicas".

"Nos estamos encontrando que los países que aquí nos venden como 'enemigos', como puede ser Cuba, China, Rusia o Venezuela, son los que más ayuda le están dando a Europa, a diferencia de aquellos que son nuestros 'amigos'. Particularmente, EEUU no nos está ayudando, y la OTAN no está sirviendo de nada. En las malas no están con nosotros. Solo nos tienen para cuando nos necesitan para bombardear Siria, por ejemplo. Pero a la hora de la verdad no están con nosotros", denunció.

Afirmó que en los últimos días la opinión pública en países comunitarios como España "ha cambiado su forma de ver" a las naciones que están brindando su apoyo a Europa.

"El pueblo ve quién le ayuda y quién no le ayuda, qué países realmente están teniendo una solidaridad internacional y los que no la están teniendo. Yo creo que esas percepciones que vienen del pueblo obligarán también a los Estados a cambiar muchas de sus políticas a nivel geoestratégico, geopolítico o económico, entre otros", señaló André Abeledo Fernández.

COVID-19: Estados pasan a deshacerse de la tutela de organismos supranacionales

Víctor Ternovsky

Los desastrosos efectos del coronavirus pusieron de relieve la inviabilidad del mundo globalizado, observándose el retorno de Estados-naciones que avanzan en recuperar sus potestades otorgadas a organismos supranacionales. La pandemia marcará un antes y un después en el ordenamiento mundial.

Lo dijo a Radio Sputnik el intelectual argentino Carlos Pereyra Mele, director del think-tank Dossier Geopolitico.

"Se ha demostrado que un montón de estructuras supranacionales, en la práctica solamente han servido para el beneficio del gran capital y de grupos minúsculos pero poderosos, que a su vez han usado herramientas de confusión de la población y de dominación cultural como son los grandes medios masivos de comunicación", señaló.

Para argumentar sus palabras, citó el caso de la Unión Europea [UE] que ha tenido una reacción "básicamente nula" ante el desafío del coronavirus, con lo cual "cada país" que integra el bloque "ha actuado de forma individual, ha tomado decisiones que han sobrepasado las propias condiciones que impone la UE".

Como ejemplo, mencionó a España que "ha decidido invertir unas cifras multimillonarias para cubrir el desfasaje económico que viene y que supera ampliamente las instrucciones de los organismos comunitarios que le exigían tener un déficit fiscal de cierto porcentual".

Enfatizó asimismo que la pandemia está revirtiendo una dinámica en la que "la panacea era privatizar y seguir privatizando las estructuras del Estado".

Constató, por ejemplo, que el Gobierno italiano prevé la nacionalización de la aerolínea Alitalia. Países como Francia y Alemania también contemplan medidas semejantes en caso de ser necesario ante la crisis provocada por el coronavirus.

"Estamos en presencia de un cambio profundo del actual sistema financiero, que está funcionando prácticamente por fuera de los Estados, sin ningún tipo de control de los Estados por sus acciones, algo que va a vivir un proceso de reconversión", afirmó.

"Creo que por primera vez en muchos años los pueblos van a volver a ser ejecutores de sus políticas y no ser simplemente una herramienta de mercado de consumo. Creo que las poblaciones están aprendiendo, de forma dramática, de que no se pueden desligar de lo que le pasa a la sociedad", subrayó Carlos Pereyra Mele.

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