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Robert Bridge

Israel, Francia y los Estados Unidos ciertamente entendieron que estaban coqueteando con el desastre al iniciar un ataque contra la provincia siria de Latakia, residencia de la Base Aérea Khmeimim operada por Rusia. Sin embargo, continuaron con la operación de todos modos.

Con el pretexto de que Irán se preparaba para entregar un cargamento de sistemas de producción de armas a Hezbollah en Líbano, los F-16 israelíes, respaldados por lanzamientos de misiles franceses en el Mediterráneo, destruyeron lo que supuestamente era un depósito de municiones del ejército sirio.

Lo que sucedió después ya está bien establecido: un avión de reconocimiento ruso Il-20, que los aviones de combate israelíes, según se ha reportado, utilizaron para cubrirse, fue derribado por un sistema de misiles S-200 superficie-aire operado por el ejército sirio. Quince militares rusos perecieron en el incidente, lo que podría haberse evitado si Israel hubiera dado más que una advertencia de un minuto antes del ataque. Como resultado, se produjo el caos.

Si es o no cierto lo que claman sobre que Irán se estaba preparando para entregar sistemas de fabricación de armas a Hezbolá en Líbano es, prácticamente, un punto discutible basado en una lógica defectuosa. Realizar un ataque contra un depósito de municiones en Siria -en las cercanías de la Base Aérea Khmeimim de Rusia- para proteger a Israel no tiene mucho sentido cuando las consecuencias de tales “medidas de protección” podrían haber sido una conflagración en la escala de la Tercera Guerra Mundial. Ese hubiera sido un precio inaceptable para lograr un objetivo tan limitado, que podría haberse logrado mejor con la asistencia de Rusia, en oposición al miembro de la OTAN, Francia, por ejemplo. En cualquier caso, existe un así llamado “sistema de desconfianza” entre Israel y Rusia, diseñado para evitar que ocurra exactamente este tipo de episodio.

Y luego está la cuestión del momento de la incursión franco-israelí.

Horas antes de que aviones israelíes bombardearan el almacén de municiones sirio sospechoso, Putin y el presidente turco Recep Erdogan estaban en Sochi ultimando los detalles sobre un plan para reducir las bajas civiles mientras las fuerzas rusas y sirias planean retomar la provincia de Idlib, el último bastión terrorista en el país. El plan ha previsto la creación de una zona de separación desmilitarizada entre el gobierno y las fuerzas rebeldes, con unidades de observación para hacer cumplir el acuerdo. En otras palabras, está diseñado para evitar que ocurra exactamente algo sobre lo que los observadores occidentales se han estado preocupando, y que es un “daño colateral” innecesario.

Entonces, ¿qué hacen Francia e Israel después de declararse una relativa paz y una medida efectiva para reducir las bajas? Atacan cínicamente a Siria, exponiendo así a esos mismos civiles sirios a los peligros del conflicto militar del que las capitales occidentales proclaman estar preocupados.

Israel pasa a “control de daños”

Aunque Israel ha tomado la rara decisión de reconocer su participación en el ataque sirio, incluso expresando su “pesar” por la pérdida de vidas rusas, insiste en que Damasco debería ser considerado responsable de la tragedia. Ese es un argumento muy discutible.

En virtud del hecho de que las fuerzas francesas e israelíes se unieron para atacar el territorio de una nación soberana, lo que obligó a Siria a responder en defensa propia, es bastante obvio donde radica en última instancia la culpa por el derribado avión ruso.

“La culpa del derribo del avión ruso y la muerte de sus tripulantes recae directamente en el lado israelí”, dijo el ministro de Defensa ruso, Sergey Shoigu. “Las acciones del ejército israelí no estaban en consonancia con el espíritu de la asociación ruso-israelí, por lo que nos reservamos el derecho de responder”.

Mientras tanto, el presidente ruso, Vladimir Putin, hizo admirables esfuerzos para evitar que el juego de los reproches llegue al punto de ebullición, diciendo a los periodistas que el derribo de la aeronave rusa fue el resultado de “una cadena de circunstancias trágicas, porque el avión israelí no derribó nuestro jet”.

No obstante, después de este comentario extremadamente moderado y reservado, Putin prometió que Rusia tomaría precauciones adicionales para proteger a sus tropas en Siria, diciendo que éstas serán “los pasos que todos notarán”.

Ahora hay mucha consternación en Israel sobre que las FDI (“Fuerzas de Defensa de Israel”) enseguida encontrarán muy deteriorada su libertad para llevar a cabo operaciones contra objetivos en Siria. Eso se debe a que Rusia, que acaba de sufrir un incidente de “fuego amigo” de su propio anticuado sistema S-200, ahora puede estar más abierto a la idea de proporcionar a Siria el más avanzado sistema de defensa antiaérea S-300.

A principios de este año, Putin y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, llegaron a un acuerdo que impidió que esas avanzadas armas defensivas fueran empleadas en el teatro sirio. Ese trato ahora corre serio riesgo. Además de otras medidas defensivas, Rusia podría crear efectivamente las condiciones para una verdadera zona de exclusión aérea en el oeste de Siria, en el sentido de que simplemente sería demasiado riesgoso para los aviones extranjeros aventurarse en la zona.

Toda la situación, que ciertamente no funcionó como se había planeado, ha forzado a Israel a controlar los daños mientras intentan evitar que sus contrapartes rusos cierren eficazmente la frontera occidental de Siria.

El jueves, el general de división israelí Amikam Norkin y el general de brigada Erez Maisel, así como los oficiales de las direcciones de Inteligencia y Operaciones de la fuerza aérea israelí, realizarán una visita oficial a Moscú donde se espera que repitan sus preocupaciones sobre “continuos intentos iraníes de transferir armas estratégicas a la organización terrorista Hezbolá y establecer una presencia militar iraní en Siria”.

Sin duda, Moscú les preguntará a sus socios israelíes si es justificable someter a los militares rusos a niveles inaceptables de peligro, incluso la muerte, a fin de defender los intereses israelíes. Queda por ver si las dos partes pueden encontrar, a través de la niebla de la guerra, un método honesto para poner fin al conflicto en Siria, lo que contribuirá en gran medida a aliviar las preocupaciones de Israel sobre la influencia iraní en la región.

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