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MOSCÚ (Sputnik) — El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, calificó de agresión la decisión de Rusia de expulsar a tres diplomáticos europeos por participar en protestas ilegales en febrero.

La Cancillería rusa declaró personas no gratas a diplomáticos de Suecia, Polonia y Alemania durante la visita de Borrell a Moscú donde se reunió con el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.

"El objetivo (de la visita) fue ver la actitud de Rusia hacia la Unión Europea y la respuesta fue clara, Rusia eligió la agresión al expulsar a los diplomáticos europeos justo durante la visita lo que va en contra del comportamiento diplomático", dijo Borrell en una entrevista con el canal televisivo France 24.

Muchos políticos y periodistas europeos lanzaron duras críticas contra Borrell por su viaje a Rusia, algunos llegaron a decir que fue "humillado" por Lavrov y otros hasta exigieron la dimisión del español.

"No fui humillado, diría que me enfrenté a una agresión", explicó Borrell al canal francés, "cuando uno invita a otro y se aprovecha de su visita para anunciar la expulsión de diplomáticos no es humillación sino agresión".

Subrayó que los países que quieren mantener buenas relaciones "no hacen tales cosas".

El 5 de febrero, Rusia declaró personas no gratas a tres diplomáticos de Suecia, Polonia y Alemania por haber asistido el 23 de enero a manifestaciones no autorizadas en apoyo del opositor Alexéi Navalni en Moscú y San Petersburgo.

Borrell, quien dijo haberse enterado de la noticia por las redes sociales condenó esta medida en términos contundentes y, a su regreso a Bruselas, afirmó que Rusia se aleja cada vez más de la UE.

A su vez, Lavrov declaró que la expulsión no fue programada para coincidir con la visita de Borrell sino fue una decisión que "se tomó una vez que estas personas fueron identificadas en las manifestaciones ilegales".

La UE se aferra desesperadamente a Turquía

Javier Benítez

El estrechamiento de relaciones entre Rusia, China y Turquía está enloqueciendo a la Unión Europea [UE]. Tanto, que en otras circunstancias y desde otra perspectiva, la propia Bruselas podría ver las medidas que está tomando respecto a Ankara como un desquicio: ha sustituido las sanciones que tenía preparada, por unos caramelos gustosos.

Cambio dolor por felicidad

Situaciones desesperadas, requieren medidas desesperadas. Y esas medidas desesperadas son las que está tomando la UE con respecto a Turquía. En momentos en que el mundo es testigo del acercamiento cada vez más estrecho que están experimentando Rusia, China y Turquía, Bruselas se aferra a Ankara como si fuera el último vaso de agua en el desierto. El contexto: las sanciones contra Rusia y China que aplicó recientemente la UE.

Al respecto, el columnista de Spuntik y exdirector de Euronews Luis Rivas, advierte que "una fuente de la UE reconocía que Europa no puede estar enfadado y pelearse con todo el mundo. Se refería a que después de dos semanas ha habido un cruce de acusaciones graves entre China, la UE, Rusia –que lleva más tiempo–, en la reunión que tenía la UE con Turquía, Bruselas ha decidido hacer las paces momentáneas con Turquía".

"Eso significa que han decidido posponer las sanciones que habían previsto en diciembre basadas en que acusaban a Turquía de haber invadido aguas territoriales griegas buscando gas y enviando también fragatas militares a proteger a sus buques. Eso había provocado un conflicto en el Mediterráneo oriental en el que incluso buques militares griegos y franceses estuvieron a punto de entrar en conflicto con los turcos", explica el periodista.

Ante el peligro inminente que significaría un bloque potente formado por Rusia, China y Turquía, el bloque comunitario decidió premiar Ankara con un par de caramelitos. Así, puso sobre la mesa la unión aduanera, esa que tanto y durante tantos años ha estado prometiendo, y también ubicó el tema migratorio, del cual Turquía recibe sustanciosos emolumentos.

En este sentido, así versan las zanahorias, es decir, las resoluciones de los 27 a propósito de todo esto:

"Invitamos al Consejo [Europeo] a trabajar en un mandato para la modernización de la unión aduanera que garantice su aplicación efectiva a todos los Estados miembros e invitamos en paralelo a la Comisión a iniciar conversaciones con Turquía para abordar las dificultades actuales en su aplicación". Esto se traduce en abrir Europa a los productos agrícolas y a los mercados públicos turcos, de acuerdo a Rivas.

"La cooperación con Turquía debe reforzarse, particularmente en áreas como la protección de fronteras, la lucha contra la inmigración ilegal y el retorno de inmigrantes ilegales o los refugiados rechazados".

De paso, y sólo pour la gallerie, como pasando a hurtadillas, los 27 mencionan que le siguen preocupando el estado de derecho y los derechos fundamentales en Turquía, porque apuntar contra partidos políticos y medios de comunicación supone un paso atrás en materia de derechos humanos y respeto de la democracia. Y avisan que, en caso de que se dé ese ‘paso atrás’ por parte de Turquía, entonces vendrá el palo, es decir, las sanciones.

"La UE, además de reconocer que no puede estar peleándose con todos los actores internacionales más importantes, necesita todavía que Turquía no abra las fronteras a tres millones y medio de inmigrantes, de refugiados que tiene acogidos allí, y con los que efectuaba un chantaje permanente a la UE de abrir las puertas e inundar a Europa de inmigrantes", subraya Luis Rivas.

Análisis: Diplomacia turbulenta: Occidente estaría a gusto con Rusia si fuera su lacaya obediente

Denis Lukyanov

El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, dijo que había vivido una agresión durante su visita a Moscú en febrero pasado. Las tendencias demuestran que las relaciones entre la Unión Europea y Rusia ya han tocado el fondo. Sputnik analiza cómo ha cambiado la política hacia Rusia durante la gestión de Borrell.

La reciente entrevista de Borrell con France 24 puso todos los puntos sobre las íes. El alto funcionario diplomático demostró su política hostil hacia Moscú.

Habló de su viaje a Moscú en febrero: entonces Borrell quedó sorprendido por la decisión rusa de declarar personas no gratas a tres diplomáticos de Suecia, Polonia y Alemania por haber asistido el 23 de enero a manifestaciones no autorizadas en apoyo al opositor Alexéi Navalni en Moscú y San Petersburgo.

Por alguna razón, Borrell calificó las acciones de las autoridades rusas de "agresión". Sin embargo, esta fue una reacción lógica a los intentos de los diplomáticos extranjeros de entrometerse en los asuntos internos de Rusia.

No es difícil imaginar cuál habría sido la reacción de los países europeos si cualquier diplomático ruso hubiera participado en las manifestaciones de protesta antigubernamentales en el territorio de la Unión. Seguramente no lo habrían tolerado.

No obstante, en el territorio ruso los europeos se permiten hacer cosas a las que Moscú evidentemente tiene que reaccionar de manera dura. Entonces no queda claro por qué al jefe de la diplomacia europea le indigna una medida lógica y bastante esperada por parte de Rusia.

Borrell, quien se había enterado de la noticia por las redes sociales, condenó este paso. El canciller ruso, Serguéi Lavrov, señaló que Rusia no tenía previsto declarar a los diplomáticos personas no gratas para que coincidiera con la visita de Borrell. Añadió que fue una decisión que "se tomó una vez que estas personas fueron identificadas en las manifestaciones ilegales".

Tras el regreso de Borrell, muchos expertos de la UE criticaron al funcionario europeo por su actitud durante su viaje a Moscú. Algunos llegaron a decir que fue "humillado" por el canciller ruso. Incluso hubo quienes exigieron la dimisión del diplomático español. El mismo Borrell explicó a France 24 que cuando un país "se aprovecha de su visita para anunciar la expulsión de diplomáticos no es una humillación, sino una agresión".

La respuesta categórica de Borrell otra vez confirma su sesgo hacia la agenda política de Rusia y el doble rasero en cuanto a las violaciones de la ley por parte de los diplomáticos extranjeros. Su reciente entrevista a la cadena gala muestra otra cara de la diplomacia europea, así como el constante proceso de deterioro que viven las relaciones entre Bruselas y Moscú.

Borrell y su enfoque hacia Moscú

Josep Borrell es un diplomático experimentado que ha trabajado en los organismos de la Unión Europea desde hace dos décadas.

Hizo una gran carrera en las estructuras de esta entidad supranacional y a partir del 1 de diciembre de 2019 ostenta los cargos de alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, y de vicepresidente de la Comisión Europea. En otras palabras, Borrell es una de las personas que hoy en día determinan la política exterior de la Unión.

En varias ocasiones Borrell se permitió hacer declaraciones bastante inamistosas hacia Moscú. El jefe de la diplomacia europea calificó a Rusia de "socio poco fiable" y hasta de "vecino peligroso". Al mismo tiempo, hay que reconocer que Borrell abogó —como cualquier diplomático experimentado lo haría— por el diálogo con Rusia, si bien admitió que cree que las relaciones entre Bruselas y Moscú pasan por un período muy turbulento.

A Borrell evidentemente le molesta que Rusia selle alianzas con sus vecinos, como Bielorrusia y China. En una de las publicaciones de su blog, Borrell escribió que Moscú y Pekín unen sus fuerzas para contrarrestar "al mundo occidental". En otras palabras, el jefe de la diplomacia europea cree que solo los países de Occidente tienen el derecho de crear alianzas contra ciertos países.

El diplomático es efectivamente el arquitecto de las sanciones europeas contra Rusia. Borrell acusa a Moscú de violaciones de los derechos humanos y de las libertades de los ciudadanos. El lote más reciente de sanciones fue introducido a finales de febrero de 2021. Es una táctica bastante extraña, teniendo en cuenta que la situación de los DDHH en muchos países de la UE está lejos de ser perfecta.

El problema de Ucrania también es uno de los principales "obstáculos" para el desarrollo de las buenas relaciones entre Bruselas y Moscú, según Borrell. En julio de 2020 el alto representante de la UE para Asuntos Exteriores calificó la situación en el país eslavo de "grave".

Por alguna razón, él vinculó el estado deplorable de los lazos ruso-europeos con la crisis en Donbás, aunque Moscú no está directamente involucrada en el conflicto armado en esa región ucraniana. Pero la UE tiene una opinión distinta.

La diplomacia europea vs. la agenda política rusa

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, puntualizó durante una de sus conversaciones telefónicas con Borrell que "avivar los sentimientos antirrusos en la UE y crear nuevos factores irritantes en las relaciones con Rusia usando pretextos inverosímiles, no cumple con los objetivos de estabilizar la situación en Europa".

Esto efectivamente afecta incluso la mínima confianza mutua que existe entre las partes.

Cuando el jefe de la diplomacia europea se permite insultar a Rusia al llamarla un "vecino peligroso", él mismo entierra cualquier posibilidad de mejorar las relaciones entre Bruselas y Moscú. Y, luego, en una entrevista recuerda las supuestas agresiones que sufrió durante su reciente visita a Rusia.

Tras dicha visita que tuvo lugar en febrero, Borrell fue criticado por algunos políticos europeos por su posición demasiado blanda hacia Rusia, pero es difícil acusar al diplomático de tener un enfoque amistoso hacia Moscú.

Las declaraciones de Borrell están determinadas, en gran medida, por la necesidad de ajustarse a la opinión pública de una parte de la población europea que comparte una visión rusófoba. Por lo tanto, no hay que esperar que la retórica de la diplomacia europea hacia Moscú cambie, incluso a largo plazo.

Queda claro que los políticos occidentales estarían contentos con la agenda política de Rusia, solo si Moscú actuara como un lacayo obediente de Bruselas y Washington.

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