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La semana pasada Ucrania introdujo sanciones por tres años contra varias instituciones culturales y científicas de Rusia, en particular contra la Sociedad Geográfica Rusa, el Hermitage, el Museo de Bellas Artes Pushkin, el Instituto de Arqueología de la Academia de Ciencias de Rusia, la Universidad Estatal de Moscú Lomonosov y varias instituciones más.

El embajador de Rusia ante la UNESCO comentó esta decisión a la agencia Novosti en los siguientes términos:

Alexander Kuznetsov: Obviamente es una posición rusófoba, una acción cavernícola de las autoridades de Kiev, inadmisible tanto en el trato internacional como en una sociedad decente. Muchos representantes rusos ya la han comentado, así que para no repetirme, diré sobre cómo se percibe esto a través del prisma de la UNESCO.

Ahora, como saben, la Organización está trabajando activamente para garantizar que las consecuencias de la pandemia de coronavirus no pongan en peligro los valores de la cultura mundial. En particular, no se puede permitir que se prive el acceso a ellos a millones de personas. No sólo se trata de monumentos históricos que ahora están cerrados debido a la pandemia, sino también de museos, teatros, salas de conciertos. Hay varias iniciativas específicas al respecto, también propuestas por personalidades de la cultura rusa. Y ahora estamos examinando con la Secretaría de la UNESCO la mejor manera de implementar todo esto, por supuesto, utilizando tecnologías de información modernas que permite la celebración a distancia de importantes eventos de gran escala.

En este contexto, resulta que Ucrania, mediante sus acciones, de facto se contrapone a toda la comunidad cultural mundial. Se puede comparar con la llegada de un salvaje con una porra a un concierto de música sinfónica, armando un escándalo. Y esto es muy triste: anteriormente Ucrania hacía una contribución significativa a las actividades de la UNESCO, mientras hoy se asocia exclusivamente con el tema de la confrontación con Rusia. En otras áreas, simplemente no se ve. Da la impresión de que a Kíev se le agota su arsenal de ideas rusófobas. Se plantea la cuestión, ¿y qué vendrá después? Si ahora sus ataques están dirigidos a tales instituciones de la cultura, no sólo rusa, sino, subrayo, cultura mundial, como el Museo Hermitage, ¿qué pasará después? ¿Luego irán a Maidán a quemar libros como nazis de los clásicos rusos? En resumidas cuentas, todo esto provoca una penosa impresión.

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