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António Costa, primer ministro portugués, rechaza la postura que defiende Holanda para superar la crisis económica que dejará el coronavirus.

Como "repugnante" calificó el primer ministro portugués, António Costa, la postura que ha defendido Holanda sobre las medidas que deben tomarse para superar la crisis económica y social que deje la pandemia del COVID-19.

Y es que el fracaso de la cumbre presidencial de la Unión Europea, que se realizó este 26 de marzo, se atribuye a la posición de Holanda, Alemania y Austria, países que se oponen a la aplicación de medidas conjuntas para salir de la crisis, como la creación de un Plan Marshall o la emisión de eurobonos, tal como lo proponen Italia, España, Francia y Portugal. Los países del norte han propuesto, hasta el momento, que cada Estado aplique medidas individuales de acuerdo a lo que le permitan sus presupuestos.

Costa también calificó como "repulsivas”, "sin sentido" y "totalmente inaceptables" las declaraciones hechas por el ministro de Finanzas holandés, Wokpe Hoekstra, quien pidió a la Comisión Europea investigar por qué algunos Estados miembros han acumulado reservas financieras en los últimos años, mientras que otros países no lo han hecho, refiriéndose a Italia, España y Portugal.

"Admiten personas demasiado viejas": desde Holanda arremeten contra el sistema sanitario español

El jefe de epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden, Frits Rosendaal, considera que el colapso que están viviendo los hospitales en Italia y España se debe a la atención de miles de ancianos contagiados por COVID-19.

"Ellos admiten a personas que nosotros no incluiríamos porque son demasiado viejas. Los ancianos tienen una posición muy diferente en la cultura italiana”.

A su vez, los médicos de los Países Bajos y Flandes han girado instrucciones a los hospitales para que se seleccione el tipo de población que llevan a sus urgencias.

"No traigan pacientes débiles y ancianos al hospital. No podemos hacer más por ellos que brindarles los buenos cuidados paliativos que ya les estarán dando en un centro de mayores. Llevarlos al hospital para morir es inhumano" sentenció ante la prensa la jefa del departamento  de geriatría de Gante, Nele Van Den Noortgate.

De acuerdo a esta doctora, la selección de pacientes les permite a ellos evitar la saturación de los hospitales y el riesgo de contagio entre el personal sanitario.

La gestión de las UCI y la atención de los pacientes no es la única diferencia que separan a los Países Bajos de Italia y España. El fracaso de la recién cumbre presidencial de la UE se atribuye a la postura de los Países Bajos, Austria y Alemania, que no quieren coordinar planes conjuntos de reconstrucción social y económica para cuando pase la pandemia, sino que apuestan por medidas individuales.

España e Italia se plantan en la UE por ver insuficiente la ayuda frente al coronavirus

La pandemia del coronavirus agrava las fracturas internas en la Unión Europea, en particular la brecha entre el norte y el sur que ya se vivió durante la crisis del euro. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, se niegan a firmar las concusiones de la videocumbre de jefes de Estado y de Gobierno que se está celebrando este jueves por considerar que ignoran la situación de emergencia que se vive en España e Italia y no muestran suficiente solidaridad.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, está intentando ejercer de mediador y busca en estos momentos una solución de compromiso, según explican a EL ESPAÑOL varias fuentes europeas. La delegación española guarda silencio. La videocumbre, que estaba previsto que concluyera a las 18:00 horas, continúa.

El plante de Sánchez y Conte se produce después de que Alemania, Holanda y los países nórdicos hayan rechazado sin discusión la solicitud realizada por nueve países para que la UE emita 'coronabonos' con el fin sufragar conjuntamente los gastos de la crisis. Se trata de que no todo el peso recaiga en los países más endeudados y ahora más golpeados, Italia y España. Tampoco hay acuerdo entre los líderes europeos para desplegar la artillería del fondo de rescate de la UE (MEDE), cuya potencia de fuego asciende a 410.000 millones de euros.

España e Italia exigen un informe urgente, en un plazo máximo de 10 días, sobre las diferentes alternativas para realizar una emisión extraordinaria de eurobonos que permita hacer frente de forma colectiva al fuerte aumento del gasto público necesario para amortiguar la crisis. Un informe que deberían elaborar conjuntamente los cinco presidentes de las instituciones de la de la UE: Charles Michel, Ursula von der Leyen, Christine Lagarde, Mário Centeno y David Sassoli.

"Se trata de reaccionar con instrumentos financieros innovadores y adecuados para una guerra que debemos luchar juntos para ganarla lo más rápidamente posible", explican las fuentes consultadas. "¿Qué vamos a decir a nuestros ciudadanos si Europa no es capaz de dar una respuesta unitaria, fuerte y cohesionada frente a un shock impredecible y simétrico con este impacto?", apuntan.

La maniobra de Sánchez y Conte recuerda al plante que realizaron Mariano Rajoy y Mario Monti durante la cumbre de junio de 2012. En aquel momento, la prima de riesgo de España seguía marcando máximos pese a que el Eurogrupo acababa de aprobar un rescate bancario por valor de hasta 100.000 millones de euros. El primer ministro italiano bloqueó las conclusiones del Consejo Europeo para exigir medidas para estabilizar los mercados de deuda y Rajoy se sumó a la protesta.

Finalmente, el resto de líderes europeos acordaron dar los primeros pasos para crear la unión bancaria y Rajoy y Monti levantaron su veto.

En la crisis actual, en contraste con la emergencia que se vive en Madrid y Roma, los países del norte creen que todavía no es urgente actuar a escala de la UE. La bazuka de 750.000 millones de euros desplegada por el Banco Central Europeo (BCE) mantiene bajo control las primas de riesgo italiana y española. Por eso, Alemania y Holanda apuestan por guardar munición a la espera de cómo evolucione la pandemia en las próximas semanas.

Ante la complacencia de los nórdicos, Sánchez, Conte y el francés Emmanuel Macron habían escrito esta semana una carta al presidente del Consejo Europeo en la que piden solidaridad a sus socios. Una misiva que lleva también la firma de Grecia, Irlanda, Portugal, Eslovenia, Bélgica y Luxemburgo. Su principal argumento es que esta crisis no es como la del euro entre 2010 y 2012: afecta a todos los países por igual y no se debe a la indisciplina fiscal o a errores en materia de política económica.

Por todo ello reclaman trabajar "en un instrumento de deuda común" que permita "obtener fondos en el mercado sobre la misma base y en beneficio de todos los Estados miembros, garantizando así una estabilidad a largo plazo en la financiación". El dinero obtenido con estos 'coronabonos' se destinará a los sistemas sanitarios y a las políticas temporales para proteger a trabajadores y empresas del impacto de la epidemia. La iniciativa cuenta con el apoyo de la Comisión y de la presidenta del BCE, Christine Lagarde.

Pero la respuesta de Merkel y Rutte a esta demanda de auxilio es negativa. Pese a compartir una moneda única, la mutualización de la deuda sigue siendo algo tabú en Alemania y Holanda. El ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, asegura que la discusión sobre los eurobonos es un "debate fantasma".

Por su parte, el ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, sostiene en una carta dirigida a su parlamento que la emisión conjunta de deuda "no es deseable" porque "no constituye una solución a los problemas estructurales de los Estados miembros de la eurozona" y "podría socavar los incentivos para una política sensata a nivel nacional".

Pero ni siquiera hay acuerdo entre norte y sur sobre soluciones mucho menos ambiciosas que los 'coronabonos'. La alternativa que han planteado España e Italia consiste en activar el MEDE con líneas de crédito simultáneas para todos los países de la eurozona. Y sin imponer condiciones a los que las usen más allá de ser transparentes en lo que se gasta el dinero. Sánchez y Conte quieren esquivar el efecto estigma asociado a la petición de un rescate, que podría asustar todavía más a los mercados.

Los nórdicos se oponen también a esta opción. Su argumento es que el fondo de rescate sólo debe utilizarse como último recurso, cuando un país pierde el acceso a los mercados para financiarse, algo que no ocurre en estos momentos gracias al BCE. Si se activa ya, no quedará munición en caso de que se necesite en las próximas semanas.

Además, Holanda rechaza relajar las condiciones a los países que pidan ayuda. Cualquier Estado miembro que reciba un préstamo del MEDE deberá someterse a un plan de ajustes y reformas con supervisión de la troika, tal y como exige la normativa vigente. Unas condiciones que ahora mismo son inasumibles para España e Italia.

A diferencia de Italia y España, los nórdicos sí creen que la crisis del coronavirus es igual a la del euro. Si ellos tienen ahora capacidad para adoptar planes de estímulo sin generar dudas en los mercados de deuda es porque han cumplido a rajatabla las reglas presupuestarias comunitarias. En cambio, ni Madrid ni Roma aprovecharon la buena coyuntura económica para poner sus cuentas en orden y ahora tienen que pedir ayuda de nuevo, se quejan. La fractura en la UE es total.

Análisis: La Europa enferma que dejará la crisis del COVID-19

Luis Rivas

La reunión de jefes de gobierno de la Unión Europea para hacer frente a la crisis económica y financiera provocada por el COVID-19 concluyó con un fracaso que pone en evidencia la división insuperable entre sus 27 miembros.

El exministro francés de Exteriores, Hubert Vedrine, dice que "la UE, el mercado único y la política de competencia económica fueron concebidos para un mundo sin tragedia". Siguiendo su razonamiento podría decirse que la tragedia que vive el mundo a causa del COVID-19 inhabilita a la UE y a todo lo que representa.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, uno de los países que más está sufriendo la epidemia del coronavirus, recurría a la retórica rimbombante antes de una reunión crucial de la UE para manifestar que esa institución "es más que una comunidad de intereses; es una comunidad de valores".

Una vez concluida la "cumbre" de urgencia y emergencia del jueves 27 de marzo, a través de videoconferencia, puede declararse a Vedrine como vencedor en la competición para describir la inoperancia de la UE ante la crisis sanitaria más grave que el mundo conoce desde 1918.

Auxilio a la OTAN y un "Plan Marshall"

Sánchez, agobiado en su país por la falta de recursos y las críticas a su mala gestión del problema, pedía sin rubor ayuda a la OTAN y "un plan Marshall", recordando el plan norteamericano de reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial.

El plan de Estados Unidos funcionó, con todas las consecuencias políticas y económicas que se derivaron. Los europeos del siglo XXI no piden ayuda a Washington, o quizá Macron sí lo haga en el futuro. Sus esperanzas están más puestas en Pekín que en Bruselas.

El Festival de Eurovisión financiero volvió a ser ganado por los países del Norte del Viejo Continente, con la balada "no habrá mutualización de la deuda" para salvar a los malos alumnos del Sur.

El "frente del Norte", representado por Alemania, Países Bajos, Austria y Finlandia, no acepta las peticiones de otro grupo constituido por Francia, Italia, España, Portugal, Grecia, Eslovenia, Bélgica, Irlanda y Luxemburgo, que representan unidos más del 70% de la deuda pública de la zona euro. El pelotón de los entrampados antes de la crisis insiste en la emisión de los llamados ahora "coronabonos", que obligaría a todos los miembros de la UE a sufragar la deuda de los más necesitados.

Norte riguroso contra sur dispendioso

Los del Norte, liderados por Angela Merkel y Mark Rutte, reiteraron su oposición a utilizar lo que el primer ministro holandés escenifica como "cruzar el Rubicón e ir a una Unión de transferencias, lo que va mucho más allá de lo previsto en el Tratado de Maastricht."

Alemania, Holanda y sus aliados insisten en que con el MEDE es suficiente. Bajo ese acrónimo se esconde el Mecanismo Europeo de Estabilidad que cuenta con un fondo de 410.000 millones de euros. La Canciller alemana, Merkel, insiste, además en que la solución nacional, es decir, permitir el incumplimiento de la regla de déficit del 3% del Producto Interno Bruto es ya una medida extraordinaria.

Las espectaculares cifras de muertes y contagiados en Italia y España forzaron a sus gobiernos a exigir medidas de emergencia a sus socios. La respuesta fue la habitual en el funcionamiento de la "desunión europea": proponer una reunión de sus ministros de Finanzas en dos semanas.

Italia y España, además de los récords trágicos del coronavirus, encabezan otra clasificación poco edificante, la del déficit público. Italia, con 2.38 billones de euros, es la triste medalla de oro. Para sus socios del norte de Europa, ese dispendio sin control no tiene por qué ser sufragado por los gobiernos que han hecho bien sus deberes y han respetado el rigor presupuestario.

El responsable de Finanzas de Holanda, Wopke Hoekstra, llegó a pedir que se castigase a los malos alumnos fiscales, despertando la ira del Primer Ministro portugués, Antonio Costa.

La agonía del "sinfronterismo"

Así las cosas, no parece probable que se llegue a un acuerdo como el exigido por Roma e Italia. No hay pacto financiero ni tampoco investigación conjunta para encontrar vacunas; cada país intenta repatriar a sus nacionales atrapados fuera de sus fronteras y el material sanitario no se comparte, sino que incluso se roba, como cuando las máscaras provenientes de China y destinadas a Italia fueron confiscadas por las autoridades checas. La hospitalización de enfermos franceses en hospitales alemanes y suizos es uno de los pocos ejemplos de colaboración entre "los 27".

La "cumbre" europea del 26 de marzo coincidió con el 25 aniversario del Tratado de Schengen, que abolía las fronteras intercomunitarias. El COVID-19 unido a la crisis de la inmigración de 2015 en Europa son dos hachazos a ese pacto. El llamado "sinfronterismo" se convirtió en un tabú que la realidad de los hechos está incriminando.

La Unión Europea saldrá gravemente afectada por el drama del coronavirus. Pensada para un mundo ideal, como sugería Vedrine, está demostrando su ineficacia para hacer frente a graves crisis. Muchos gobiernos serán reticentes a reabrir sus fronteras si el virus llega a desaparecer. La desconfianza entre los socios será insuperable y las heridas provocadas por el "sálvese quien pueda" serán difíciles de cicatrizar. El sueño del federalismo, del ejército europeo o de la política exterior común parecen ya sueños inalcanzables. Salvar a la UE no es ya una cuestión de reformas. Requerirá, y no es seguro que ello le salve, una auténtica revolución.

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