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Según información revelada por la pagina especializada en asuntos de defensa del mundo árabe, Defense Arab, dos cazas F-5 de la Real Fuerza Aérea de Marruecos penetraron en el espacio aéreo español el 12 de julio de 2020 a las tres de la madrugada, llegando a las inmediaciones de la capital andaluza, Sevilla.

Defense Arab, afirma que el objetivo de la intromisión de las cazas marroquíes es comprobar la efectividad de los sistemas de radar de la defensa antiaérea de España.

Según la información de Defense Arab, página especializada en defensa del mundo árabe, el Ejército del Aire español detectó dos cazas F-5 pertenecientes a las Fuerzas Aéreas marroquíes en el espacio aéreo español, concretamente en Sevilla.

Ante la amenaza la Fuerza Aérea Española envió 3 cazas Typhoon, acompañados de un avión de repostaje KC-130H, para interceptarlos a 50 km de Sevilla. Se produjo la operación de intercepción y los dos cazas regresaron a Marruecos

Desde Defense Arab se afirma que se trata de una táctica para examinar y comprobar la efectividad de los sistemas de radar de defensa antiaérea españoles.

A pesar de que las intenciones podrían haber sido inocentes, la intromisión en el espacio aéreo nacional constituye un motivo de preocupación o, al menos, de desconfianza ante nuestros vecinos marroquíes. En anteriores ocasiones ya se han podido ver comportamientos poco amistosos con España, por ejemplo, la delimitación de espacio pesquero que Marruecos adjudicó de forma unilateral en marzo de este año. Aunque por el momento no existe preocupación por una agresión por parte de Marruecos, existen mandos militares como el general Jesús Argumosa Pila que ya apuntan a observar de cerca los movimientos de nuestros vecinos del sur.

Tras la estrategia global de seguridad de 2015 propuesta por Federica Mogherini, Marruecos se ha convertido en uno de los focos de peligro de la Unión Europea donde podrían existir riesgos de radicalización islámica e incluso terrorismo siendo los españoles los primeros perjudicados, por cercanía.

El Gobierno abortó el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla para no molestar a Rabat

Ignacio Cembrero. Ceuta y Melilla estuvieron asociadas, en pie de igualdad, a las 14 conferencias de presidentes autonómicos que el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, convocó mientras estaba vigente el estado de alarma. Las dos ciudades autónomas han sido, sin embargo, excluidas de la gira pospandemia que los Reyes efectúan por todo el país. Los viajes de los Reyes no los decide la Casa Real. Es el Gobierno el que los refrenda. Hasta el pasado viernes por la noche estaban en los planes de viaje de los Reyes, pero entonces dejaron de estarlo.

Minutos antes de las 10 de la noche del viernes 3, la agencia EFE distribuyó una nota citando “fuentes oficiales” —no se sabe si de la Casa Real o del Ejecutivo— asegurando que los Reyes no preveían a corto plazo visitar las dos ciudades. Desmentía así una información publicada la víspera por la prensa ceutí y por El Confidencial.

La víspera, es decir, el jueves, la redacción del diario 'El Faro' de Ceuta llamó a la dirección de comunicación del Palacio de la Zarzuela para preguntar si el periplo real incluía su ciudad y obtuvo una respuesta positiva de un miembro de su equipo. Este periodista consultó, por su parte, con dos fuentes gubernamentales y recibió la misma contestación. Jordi Gutiérrez, director de Comunicación, corrigió más tarde la respuesta de su subordinado al periódico ceutí. Afirmó no poder confirmarlo —dijo solo conocer la agenda real hasta el 12 de julio—, pero tampoco desmintió la visita. Varios miembros del Gobierno hablaron también de ella con naturalidad, el viernes, en una charla informal con periodistas.

Si al final no habrá tal viaje en el marco de la gira real pospandemia, como dejó claro EFE, es por la misma razón por la que los reyes Juan Carlos y Sofía tardaron 32 años desde el inicio de su reinado en desplazarse, en el otoño de 2007, a Ceuta y Melilla: el miedo cerval a Marruecos.

Mohamed VI publicó, en 2007, un comunicado de “condena” y “denuncia” de esa “lamentable visita real”. Advirtió de que tendría “consecuencias que podrían poner en peligro el futuro de las relaciones entre los dos países”. Su amenaza velada no se concretó en esta ocasión, pero el miedo al vecino persiste.

Si hay un lugar necesitado en España de que los Reyes levanten el ánimo a sus 170.000 habitantes, ese es Ceuta y Melilla. Desde que Pedro Sánchez llegó al Gobierno, acumulan los reveses. En agosto de ese año, Rabat suprimió, sin comunicárselo a España, la aduana de Melilla, pactada entre ambos países en 1866. Acabó así de un plumazo con el comercio legal. El Gobierno español no protestó.

En octubre pasado, cortó el contrabando con Ceuta, una medida legítima porque perjudicaba su economía, pero que no consensuó con España pese a que golpea de lleno la ciudad autónoma. El Gobierno guardó silencio. El ministro de Economía marroquí y el director de Aduanas ya han anunciado que sucederá otro tanto en breve con Melilla. El Gobierno seguirá probablemente guardando silencio. Estas decisiones marroquíes lastrarán aún más la recuperación económica de ambas ciudades.

Durante la pandemia, las dos ciudades se han hecho cargo durante meses, alojándolos y alimentándolos, de cientos de marroquíes a los que las autoridades de Rabat no permitían regresar a su país. Marruecos inició el 15 de mayo una repatriación con cuentagotas y aún hoy en día un buen puñado de sus ciudadanos permanecen varados en Ceuta y Melilla —también los hay en la Península, incluidas 7.000 temporeras en Huelva—, a la espera de que reabra sus fronteras, clausuradas desde hace tres meses y medio.

El Gobierno de Rabat ni siquiera ha permitido que los ceutíes y melillenses que se quedaron bloqueados en su país por el súbito cierre de las fronteras terrestres vuelvan a sus casas cruzándolas, como sí pudieron hacer esos cientos de marroquíes que figuraban en la lista de los elegidos repatriables. Los ceutíes y melillenses tuvieron —así lo pactó Asuntos Exteriores con Rabat— que viajar primero a Tánger, navegar después hasta Málaga y, una vez allí, pusieron por fin rumbo hasta sus respectivas ciudades. Un viaje de muchos cientos de kilómetros en lugar de una decena.

El temor a las represalias marroquíes tras una visita real o una mera protesta no es una particularidad de los ejecutivos socialistas de España. Íñigo Méndez de Vigo, secretario de Estado para la UE del Gobierno de Mariano Rajoy, puso en 2013 todo su empeño en convencer a los ceutíes de que no solicitaran su ingreso en la unión aduanera europea. Tal decisión convertiría su frontera en euro-marroquí, en lugar de ser solo hispano-marroquí, y reforzaría el carácter europeo de la ciudad. El vecino podría molestarse.

Hassan II, el anterior rey de Marruecos, no desaprovechaba una oportunidad para recordar, en público o en privado, su reivindicación territorial ante España. Su hijo, Mohamed VI, lleva 13 años sin mencionar en sus discursos las dos ciudades. Con discreción se ha dedicado, en cambio, a asfixiarlas para que sean inviables económicamente. Ya están en coma vegetativo.

El estrangulamiento no ha suscitado reacción alguna por parte de los sucesivos gobiernos españoles, que anteponen la colaboración marroquí en la lucha contra la inmigración irregular y la cooperación antiterrorista. Saben que Rabat es capaz de suspenderla. La cortó en agosto de 2014, tras un enfado del monarca porque su lancha fue interceptada por error, por la Guardia Civil, en aguas de Ceuta. De nada sirvieron durante algunas semanas las disculpas que presentaron el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y hasta el propio Felipe VI.

Los gobiernos españoles se olvidan de que disponen de muchos más medios de presión económicos y jurídicos sobre Marruecos de los que Marruecos tiene para apretar las tuercas a España. Bastaría, por ejemplo, con que España comunicase a la Organización de Aviación Civil Internacional y a Eurocontrol que recupera el control del tráfico aéreo —cedido voluntariamente a Marruecos desde 1975— en el Sáhara Occidental para acabar con los vuelos civiles en ese territorio. El problema es que el Ejecutivo español debería rendir cuentas ante la opinión pública, algo que el palacio real marroquí no está nunca obligado a hacer.

Marruecos veta las exportaciones de Melilla, también a través de la Península

Tras el cierre de la aduana comercial de Melilla hace dos años, algo que Marruecos hizo sin informar a España, y que existía desde tratado hispano-marroquí de Fez de 1866, Melilla ha tenido que ingeniarse otras manteras de continua con este comercio internacional que suponía unos ingresos superiores a los 45 millones de euros anuales.

Según ha publicado El Confidencial, la solución de los empresarios melillenses pasaba por enviar la mercancía a Almería, para de allí enviarlas al puerto marroquí de Beni Enzar, que se encuentra junto a Melilla. Sin embargo, desde principios de mes, Marruecos, en su estrategia de asfixia a las ciudades autónomas, ha bloqueado también esa posibilidad.

El Confidencial recoge la denuncia de la Confederación de Empresarios de Melilla, en la que señala que “la aduana de Marruecos ya no acepta el formulario EUR-1, que certifica el origen europeo de la mercancía, si la empresa exportadora tiene su sede social en la ciudad autónoma. Previsto por el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Marruecos, ese certificado da derecho a una importante rebaja e incluso a una exención de aranceles para las mercancías europeas”

De esa forma se trata a los envíos melillenses como no europeos, sometiéndolos a aranceles muy superiores, encareciendo la mercancía y, por tanto, impidiendo que Melilla pueda vender sus productos, al tener que competir con otros muchos más baratos.

El Confidencial ha recordado que, en el momento del cierre de la aduana, el Gobierno español no protestó convocando, por ejemplo, al embajador marroquí en Madrid o llamando a consultas a su embajador en Rabat. Ni siquiera la diplomacia española redactó una nota verbal de protesta.”

Entre el resto de medidas que ha tomado Marruecos, de “acoso” a Ceuta y Melilla, podemos citar que al cierre de las fronteras por la crisis del Covid, se permitió la salida por los pasos terrestres de algunos marroquíes atrapados en ambas ciudades, mientras que, sin objeción de España, se obligó a ceutíes y melillenses a desplazarse kilómetros hasta Tánger, para tener que viajar a Málaga, y posteriormente y con el coste económico significativo que implica, tener que desplazarse de nuevo hasta sus ciudades, en lugar de permitirles, al igual que los marroquíes atrapados, cruzar unos centenares de metros para volver a sus casa por las fronteras.

O la decisión unilateral de Rabat, que también cita El Confidencial de ampliar las aguas territoriales marroquíes incluyendo dentro de sus límites las de Canarias, Ceuta y Melilla, que el país alauita no reconoce. O impedir la exportación de pescado fresco a Ceuta, o un largo etcétera, cuyo único fin, reconocido en sede parlamentaria marroquí por el ministro de Exteriores, Mohamed Benchaaboun, en respuesta a una pregunta de un diputado, cuando declaró que "recientemente se han tomado una serie de medidas para reducir las operaciones de contrabando que representan una amenaza para la salud de los ciudadanos, contribuyen significativamente a la depresión de un grupo de empresas nacionales y perjudican el presupuesto estatal"

Una respuesta en consonancia con los diarios oficialistas marroquí que insistentemente denominan a las dos ciudades autónomas españolas “territorios ocupados” , parte del relato nacionalista marroquí que no corresponde a la realidad histórica. Ceuta y Melilla, han estado vinculadas a la península incluso en tiempos de Al Andalus, y como parte, primero del Reino de Portugal, hace 600 años, y posteriormente, mediante plebiscito y por decisión de los ceutíes a España, lo que trasciende por siglos la formación del Reino de Marruecos actual, en 1956, o de la dinastía alauita de 1.666.

Análisis: La estrategia híbrida: así intenta Marruecos asfixiar a Ceuta y Melilla

Javier Sakona

A nadie se le escapa en Ceuta (y Melilla) que hace tiempo que Marruecos sacudió el tablero y cambió de estrategia sin perder de vista el objetivo que tiene entre ceja y ceja desde hace más de 60 años: recuperar las dos plazas que considera suyas, aunque nunca hayan estado bajo su bandera, y aunque se a base de asfixiar su economía y la de los ciudadanos que las habitan. A nadie le escapa a este lado del Estrecho, porque al otro lado, Ceuta y Melilla son solo dos apéndices exóticos del que poco o nada saben más allá de los saltos a la valla y las operaciones contra el terrorismo yihadista. Buena prueba de ello es que Marruecos anuncia la reapertura de sus fronteras excluyendo a las dos ciudades autónomas y todos los puertos españoles y lo que preocupa en España es que este año no va a haber Operación Paso del Estrecho.

Mientras, las fronteras de Ceuta y Melilla siguen bloqueadas unilateralmente por Marruecos, la economía de las ciudades autónomas se tambalea y buscan una alternativa de futuro para su supervivencia sin que que haya iniciativas, ni políticas ni económicas, en el horizonte que puedan desatascar la situación. Un escenario marcado por la tensión política y la incertidumbre económica y social al que nadie parece prestar la debida atención en la escena política española, más pendiente de la fractura de la indisoluble unidad de España por el lado catalán que por el precipicio real y cada vez más plausible al que está empujando a Ceuta y Melilla el único Estado que desafía la integridad del territorio español: Marruecos.

Un escenario que no parece interesar a los sucesivos Gobiernos de España, ya sean del PSOE o del Partido Popular, pero que sí atrae la atención de los expertos.

Javier Jordán, profesor titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada, recuperaba estos días atrás en su cuenta de Twitter un certero análisis publicado en la revista ‘Global Strategy’, de la que es director, sobre el camino emprendido por Marruecos para asfixiar a las dos ciudades autónomas bajo el título “Ceuta y Melilla: ¿emplea Marruecos estrategias híbridas contra España?”. Una estrategia, explica, que se mueve en zonas grises, esa difusa frontera en la que es difícil distinguir entre la agresión hostil y la competencia legítima. Hasta que es demasiado tarde.

La estrategia híbrida tiene cuatro fases: la configuración del entorno, la más difícil de detectar, la interferencia, la desestabilización y la última, el empleo “directo, puntual y limitado” de la fuerza. Pero, ¿cuál es el diagnóstico en la actualidad?, se pregunta Javier Jordán. Y he aquí el meollo de la cuestión.

Marruecos nunca ha disimulado, ni un ápice, que viene usando sin pudor el control del flujo migratorio, la cooperación antiterrorista o la ratificación periódica de los acuerdos pesqueros con la Unión Europea para su propio interés. Una política que, admite el experto, puede entenderse “compatible con la competencia pacífica”, en la que incluso cabría la aprobación del proyecto de ley por el que Marruecos amplía su Zona Económica Exclusiva solapándose con la ZEE española de las Islas Canarias. “Ese tipo de reclamaciones y litigios se ajustan a la normalidad dentro de la competencia pacífica siempre que no vayan seguidos de medidas unilaterales. Como sí hace por ejemplo Pekín con la militarización de islotes artificiales en el Mar del Sur de China”, pone como ejemplo.

Pero al analizar los últimos movimientos de Marruecos, con los que trata abiertamente de asfixiar la economía de ambas ciudades españolas, la perspectiva cambia. “Si en lugar de la perspectiva macro ponemos el foco en la política marroquí respecto a Ceuta y Melilla, la hipótesis sobre la configuración del entorno (primera fase de la escalada) y el empleo de estrategias híbridas cobra sentido”.

“En los últimos años el gobierno marroquí ha protagonizado distintas actuaciones susceptibles de ser interpretadas desde la óptica de lo híbrido”, señala Javier Jordán, poniendo siete ejemplos:

El primero tiene su más fiel reflejo en la polémica que retumba en Ceuta y Melilla estos días: la visita truncada de los Reyes a las ciudades autónomas. En 2007 el gobierno marroquí montó en cólera y llamó a consultas a su embajador en Madrid en protesta por la visita de los reyes de España. La historias es de sobra conocida en la ciudad, Mohamed VI condenaba la visita real calificándola de “acto nostálgico de una era sombría y decididamente superada” y  de “flagrante falta de respeto por parte del Gobierno español de la letra y el espíritu del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación de 1991”.

El segundo episodio de esta estrategia en la zona gris fue más sutil y pasó desapercibido a ojos de muchos ceutíes y melillenses. En 2010 comenzaron a detectarse pasaportes marroquíes de personas nacidas en Ceuta o Melilla que atribuían a Marruecos la posesión de ambas ciudades. España protesta ante Rabat y la Policía vetó la entrada de los titulares de esos pasaportes falsos en territorio español.

El tercer movimiento aún tiene réplicas y es, quizá, el más coincido allende el Estrecho, copando titulares, eso sí, sin mencionar a Marruecos. En la última década el número de inmigrantes que entran de manera irregular en Ceuta y Melilla por vía terrestre o marítima se ha disparado, con picos espectaculares como los saltos multitudinarios registrados en 2017 y 2018.  En su análisis, Javier Jordán admite que Marruecos ha usado el control del flujo migratorio como palanca para influir sobre la acción exterior española, lo que podría considerarse legítimo. “La paz no es sinónimo de armonía en las relaciones entre Estados”, matiza. Además, concede, “es cierto que la diferencia de renta per cápita en la frontera entre España y Marruecos es la segunda más acusada del mundo (después de la de Corea del Norte y del Sur, que está militarizada). De modo que la presión migratoria per se no depende de la voluntad del gobierno marroquí, aunque la política de externalización del control migratorio de la Unión Europea “dota a Marruecos de una herramienta para ejercer presión por esa vía”. Una herramienta que el Reino alauita no ha dudado en usar sin miramientos y eso ya se asoma sin disimulo a esa zona gris que permite “la configuración [del entorno] con el fin de crear y mantener condiciones que permitan ejercer el poder sobre el rival”, señala Jordán en su artículo.

Una estrategia a la que, además, medios de comunicación y algunos partidos políticos (aquí que cada palo aguante su vela) han ayudado sobremanera, subraya Jordán: “El goteo de noticias en los medios de comunicación relacionadas con las vallas de Ceuta y Melilla y con la saturación de los centros de internamiento de inmigrantes genera una visión ‘problematizada’ de ambas ciudades ante el resto de la sociedad española, que en su mayoría desconoce otros aspectos de la realidad ceutí y melillense”.

La cuarta vuelta de tuerca afecta directamente a la ciudad hermana de Melilla y apenas ocupó ni preocupó a las autoridades españolas, pese a ser un conflicto diplomático de primer nivel. En 2018 las autoridades marroquíes cerraron unilateralmente la frontera comercial entre Melilla y Marruecos acordada en el Tratado Hispano-Marroquí de Fez de 1866 y solicitada de nuevo por el Marruecos recién independizado en 1956. Dos años después, las consecuencias económicas son devastadoras.

El quinto movimiento de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, aparentemente simbólico, también pasó desapercibido para la opinión pública, pero para el autor es otro claro ejemplo de la configuración del escenario para otra vuelta de tuerca. En 2019 el gobierno de Marruecos notificó a sus funcionarios la prohibición de entrar en Ceuta o Melilla ni para viajar a la Península. Ee mismo año también negó el paso a Ceuta a los marroquíes con título de viaje otorgado por la Delegación del Gobierno.

Si el cierre unilateral de la aduana de Melilla—abierta al comercio con Marruecos desde hace 150 años—fue la primera estocada a la economía melillense, en 2019 le tocó el turno a Ceuta con el cierre del paso de mercancías de Tarajal II y la erradicación del porteo, considerado como contrabando por Marruecos. Aquí, de nuevo, caben las interpretaciones, siempre según de qué lado de la valla fronteriza se observe el escenario. “Se trata de una medida perfectamente legítima ya que este tipo de ‘comercio atípico’ constituye una competencia desleal y, según se afirma, es utilizado para blanquear dinero procedente de la droga. A la vez dicha medida está perjudicando gravemente a la economía ceutí, así como a los miles de marroquíes del otro lado de la frontera que vivían del porteo de mercancías. Otra consecuencia añadida es la ralentización del paso por la frontera; algo que también penaliza económicamente a la ciudad pues desincentiva el turismo desde el otro lado”.

Pero, aunque potencialmente legítima, la medida tiene un inquietante reverso oscuro, puntualiza Jordan en su artículo. “Aunque es indudable que Marruecos tiene derecho a impedir el contrabando, cabe preguntarse por qué tomó la decisión de manera repentina cuando el fenómeno era evidente desde hacía años, y cuando parte de las consecuencias recaen sobre su propia población sin haber adoptado medidas previas para moderar su impacto”.

El séptimo nudo con el que Marruecos pretende asfixiar lenta y obstinadamente a las dos ciudades españolas se anudo el pasado mes de febrero, recuerda el politólogo, cuando la Aduana de Bab Sebta vetó la entrada de pescado fresco primero y de todo tipo de mercancía después a través de la frontera del Tarajal. “Las autoridades marroquíes tomaron esta medida sin notificación previa, explicándose en la prensa marroquí como un endurecimiento sobre los operadores comerciales que exportan a Ceuta”, recuerda Jordán.

Siete acciones “de carácter político, legal, diplomático, económico, cognitivo y social con efectos directos e indirectos en dichos ámbitos, que son susceptibles de enmarcarse en una estrategia híbrida de carácter no lineal”, a la que podría añadirse una octava: la anunciada este miércoles con la reapertura de las fronteras marroquíes para el regreso de sus nacionales en el extranjero en la que se excluyen, además de todos los puertos españoles, los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla, que “seguirán cerrados” sin fecha de desbloqueo, según precisaban a EFE fuentes del Gobierno marroquí este jueves.

Ocho ejemplos que marcan el ritmo de la presión de Marruecos sobre las dos ciudades españolas y que, considera Javier Jordán, nos sitúan —y esa es la única buena noticia— en el primer escalón de la estrategia híbrida. “La implementación paulatina de esas medidas, con la mirada en el largo plazo (paciencia estratégica), y su nivel de intensidad moderado se corresponde con la primera fase del conflicto en la zona gris –la configuración del entorno–, que puede prolongarse durante años a la espera de oportunidades que permitan aumentar la coerción y/o influencia”.

Una estrategia que, como todo en la vida, es cuestión de oportunidad y paciencia. Y de eso sabe mucho Marruecos. “En este caso además del condicionante geográfico –Ceuta y Melilla son enclaves limitados por la frontera marroquí y el mar– que permite instrumentalizar la presión migratoria sobre ellas y condicionar su economía, se añaden las turbulencias experimentadas en la política interna española en los últimos cinco años: el ancho de banda político ocupado por la respuesta al independentismo catalán y los problemas a la hora de formar gobiernos estables; de hecho, no sería descartable que la intensificación de las medidas enumeradas se encuentre vinculada a estas circunstancias. Esto es algo que conviene tener presente ante los enormes desafíos políticos, económicos y sociales que va a generar la pandemia del COVID-19”, alerta Jordán y a este lado del Estrecho se ponen los pelos de punta solo con pensarlo.

Debilidades a las que el politólogo añade otras no menos inquietantes, desde el total desconocimiento y creciente desinterés de la opinión pública a la política de rearme de Marruecos, condición imprescindible para el último paso de una estrategia híbrida, el empleo “directo, puntual y limitado” de la fuerza, máxime cuando ni Ceuta ni Melilla están bajo el paraguas de la OTAN.

Para el experto, parece meridianamente claro que la actitud de Marruecos puede enmarcarse en una estrategia híbrida, aunque para ello todas estas medidas deberían estar planeadas y sincronizadas, algo que no puede contrastarse sin la versión de Marruecos, pero, el autor confiesa que “es plausible” y se inclina a creer que todas las medidas antes enumeradas obedecen a un plan predefinido.

Estén o no orquestadas, haya o no un plan de Marruecos para crear el escenario propicio para desestabilizar Ceuta y Melilla y asestar el golpe decisivo, Javier Jordán advierte que “quizás sea útil que las autoridades españolas consideren la perspectiva de lo híbrido al analizar la política marroquí hacia Ceuta y Melilla”.

Si además de tomarse en serio el problema quisieran darle solución, tal vez debieran leer otro interesante artículo de Javier Jordán en Global Strategy, en el que analiza los resultados del proyecto MCDC ‘Countering Hybrid Warfare’ en el que se ofrecen alternativas a la hora de afrontar las estrategias híbridas, “dificultando así que el otro lado mantenga la iniciativa”. E iniciativa es justo lo que le falta a España a este respecto.

Análisis: Incidentes con Marruecos ¿Una zona gris?

Guillermo Pulido*

¿Qué es una zona gris?

La "zona gris", no necesariamente tiene que formar parte de una estrategia nacional unificada y bien planeada, ya que en muchas ocasiones las decisiones de los Estados (siguiendo la terminología de Graham Allison) no se corresponden con las del actor racional único, sino con las decisiones de organizaciones (ramas del ejército, ministerios, monarca, gobierno...) que siguen sus propias lógicas y procedimientos.

La zona gris es todo conflicto entre actores estratégicos (normalmente Estados) que se sitúa en un umbral por debajo de la guerra abierta, pero que emplea un nivel de violencia que se sitúa por encima de la mera competición pacífica.

En las estrategias de zona gris se usan varias herramientas: Proxies (actores militares interpuestos), acciones militares encubiertas, hechos consumados, amenazas de sanciones económicas, acciones de propaganda y operaciones de influencia en medios de comunicación del país adversario... También se contempla la amenaza del empleo de fuerza armada e incluso el uso de la fuerza armada, aunque de un modo que no desencadene una respuesta militar a gran escala del país agredido.

Las acciones encubiertas de la Unión Soviética para hacerse con el control del gobierno checoslovaco en 1948 son un ejemplo de acciones en la zona gris.

La política de Irán para ganar influencia en diversos países de Oriente Próximo a través de milicias y partidos políticos, en combinación con la amenaza del empleo de su fuerza armada convencional mediante salvas de misiles o cerrando el Estrecho de Ormuz, también podrían considerarse como estrategias de zona gris.

La "Marcha Verde" que organizó Marruecos para conquistar el Sáhara Español en 1975 fue una estrategia para un conflicto contra España que quedó limitada a la zona gris. Así, Marruecos consiguió su objetivo estratégico, conquistar el Sáhara Español, sin escalar a una guerra abierta.

La principal característica de la zona gris está en la asimetría de la situación estratégica, en la que los actores calculan que escalar a un conflicto militar abierto tendría muchos más costes que beneficios, motivo por el que el conflicto queda limitado a la zona gris.

La asimetría puede deberse a su vez a una cuestión de intereses o material. La asimetría de intereses se da cuando para uno de los dos Estados, el objeto en disputa que causa la crisis, tiene mucho más valor o importancia que para el otro. Este fue el caso del Sáhara Occidental en 1975, conflicto en el que España tenía una gran superioridad militar, pero debido a la poca importancia que tenía el Sáhara Español para el Estado, se prefería no correr el riesgo de llegar a una guerra con Marruecos, lo que dio ventaja a las acciones marroquíes.

 

Por otra parte, la asimetría material favorable también puede alentar acciones en la zona gris, ya que el Estado agredido, aun dando una gran importancia al objeto en disputa, no podría escalar a un conflicto abierto, porque militarmente sería mucho más débil. Este fue el caso de la toma de Crimea por una fuerza militar encubierta rusa sin que ello provocara una represalia militar ucraniana.

En ese sentido, dentro de la teoría estratégica canónica, la clave de la zona gris consiste en manipular la escalada en los "puntos Schelling", que son los umbrales o hitos que al cruzarlos provocan un cambio en el conflicto generando una escalada. Por ejemplo, este punto se atravesó cuando las tropas norteamericanas en 1950 se adentraron en territorio de Corea del Norte, desencadenando la intervención militar directa de China.

Las estrategias de zona gris también se caracterizan por su ambigüedad, las maniobras de agitación y el incrementalismo.

La ambigüedad de las acciones trata de confundir de las intenciones del Estado agresor, para así dificultar la respuesta disuasiva militar del adversario y mantener el conflicto en la zona gris. Por ejemplo, las concentraciones de masa de maniobra militar para hacer unos ejercicios a veces se emplean como escusa para concentrar una fuerza ofensiva que amenace con acciones militares contra el país adversario; tal y como hizo la URSS y el Pacto de Varsovia unos meses antes de la invasión de Checoslovaquia en 1968.

Promover la agitación política y social para tener una excusa con la que amenazar con un conflicto armado suele ser muy habitual en la zona gris. Es lo que sucedió los días anteriores a la invasión de Crimea en 2014, durante la Marcha Verde o la agitación que promovió Hitler en Austria y los Sudetes antes de la anexión de ambos.

El incrementalismo está directamente relacionado con las "tácticas salami" (el objetivo se alcanza por fases, como al cortar las rodajas de un salami) y es el cierre del círculo de las estrategias de zona gris. Es decir, que el incrementalismo implica que para lograr el objetivo en disputa, en lugar de tomarlo por completo, se van logrando pequeñas mordidas o avances, cuya defensa implique un costo demasiado elevado para el Estado defensor en contraste con el pequeño beneficio de defenderlo.

Usando la táctica salami el Primer Ministro británico, Neville Chamberlein llegó a la falsa conclusión de que la defensa de los Sudetes no merecía una nueva gran guerra del Reino Unido contra Alemania, lo que permitió a Hitler apropiarse de todo el territorio sin gastar una bala.

La asimetría, acciones ambiguas, las maniobras de agitación y el incrementalismo constituyen un conjunto que hace que el conflicto se desarrolle por debajo del nivel de la guerra convencional a gran escala, pero por encima del de la competición pacífica.

Por otra parte, como esas acciones no son en absoluto maniobras resolutivas y decisivas, sino que son incrementales, los conflictos de zona gris suelen dilatarse mucho en el tiempo.

¿Una zona gris marroquí?

Ciertas acciones de los últimos meses por parte de Marruecos no deben interpretarse como una hostilidad abierta ni pero sí pueden ser entendidas dentro de la zona gris del conflicto y la estrategia.

 

En este orden de cosas, el cierre unilateral de la frontera comercial entre Melilla y Marruecos, ulteriores acciones de agitación interna de guerra psicológica en España y los territorios concretos de Ceuta y Melilla, maniobras militares de demostración de fuerza, etc, formaría parte de un conjunto estratégico de zona gris. Marruecos desea crear una perspectiva en los decisores y en la población española de que un enfrentamiento por la ciudades autónomas no valdría la pena, aprovechando una supuesta asimetría de intereses favorable a Marruecos.

Para concluir, en el conflicto y la estrategia, cuando se conducen en la zona gris, la superioridad militar material no es necesariamente el factor determinante, sino que es en la voluntad y el valor que se otorga al objeto de disputa donde reside la clave de la estrategia del conflicto y su desenlace.

*Doctorando en Estudios Estratégicos de Disuasión Nuclear; M.A. Seguridad y Defensa: redactando la obra "Mosaic Warfare & Multi Domain Ops". Editor de de Ejércitos y autor en Political Room.

Fuente: The Political Room

Análisis: Ceuta y Melilla: ¿emplea Marruecos estrategias híbridas contra España?

Javier Jordán* 

En un documento previo he tratado sobre la escalada en los conflictos en la zona gris donde distingo varias de fases representadas en el siguiente inferior.

 

El nivel más difícil de detectar es el primero: la configuración [del entorno] con el fin de crear y mantener condiciones que permitan ejercer el poder sobre el rival. La dificulta a la hora de distinguir entre esta fase fronteriza y el blanco de la competencia pacífica se debe a que algunas de las actividades de coerción e influencia empleados en ella también se dan en contextos de política normal entre Estados.

La literatura sobre el conflicto en la zona gris y sobre las estrategias –y amenazas– híbridas se centra mayoritariamente en Rusia, China e Irán. Sin embargo, es lógico que desde una perspectiva española nos preguntemos si existen casos más cercanos a nuestras fronteras. Concretamente, si determinados aspectos de las relaciones entre Marruecos y España se pueden interpretar desde esa perspectiva.

En mi opinión, hay dos episodios históricos encuadrables en la zona gris. El más claro fue la Marcha Verde en 1975, que dentro del proceso de escalada podría situarse en la fase de desestabilización. Otro de carácter más dudoso –por desconocer las verdaderas intenciones de Marruecos– fue la crisis del islote Perejil en julio de 2002 que ya he analizado en un trabajo previo. Atendiendo a los hechos quizás se trató del inicio de una ‘táctica salami’, así como de un tanteo de la voluntad política española, aunque para llegar a una conclusión definitiva haría falta conocer los auténticos motivos de los responsables marroquíes.

Pero, ¿cuál es el diagnóstico en la actualidad?

Desde una perspectiva general, Rabat procura influir sobre la acción exterior española utilizando como palanca el control del flujo migratorio, la cooperación antiterrorista o la ratificación periódica de los acuerdos pesqueros con la Unión Europea. Que esos aspectos relevantes para España sean utilizados por nuestro vecino como herramienta de presión y moneda de cambio resulta compatible con la competencia pacífica (blanco, diferente del conflicto en la zona gris). La paz no es sinónimo de armonía en las relaciones entre Estados.

En ese contexto, la aprobación hace un par de meses por el Parlamento marroquí de un proyecto de ley que amplía su Zona Económica Exclusiva solapándose con la ZEE española de las Islas Canarias, no ha de entenderse necesariamente como una acción agresiva propia del conflicto en la zona gris. Ese tipo de reclamaciones y litigios se ajustan a la normalidad dentro de la competencia pacífica siempre que no vayan seguidos de medidas unilaterales. Como hace sí por ejemplo Pekín con la militarización de islotes artificiales en el Mar del Sur de China.

La cuestión de Ceuta y Melilla

Sin embargo, si en lugar de la perspectiva macro ponemos el foco en la política marroquí respecto a Ceuta y Melilla, la hipótesis sobre la configuración del entorno (primera fase de la escalada) y el empleo de estrategias híbridas cobra sentido.

Primero, porque existe un conflicto latente. Marruecos reclama abiertamente la posesión de ambas ciudades, convirtiéndose así en el único Estado que desafía la integridad del territorio español. Aunque en 1975 fracasaron al tratar de incluir ambas ciudades en el listado de Naciones Unidas de Territorios No Autónomos (pendientes de descolonización), las autoridades marroquíes han seguido manteniendo una actitud revisionista sobre la delimitación de sus fronteras fundacionales. Esta postura también repercute en la delimitación de los espacios marítimos en la zona del Estrecho de Gibraltar pues Marruecos no reconoce las aguas territoriales de Ceuta ni, más al este, las de Melilla y los peñones de soberanía española.

En segundo lugar porque en los últimos años el gobierno marroquí ha protagonizado distintas actuaciones susceptibles de ser interpretadas desde la óptica de lo híbrido. Aquí van los principales ejemplos:

  • En 2007 el gobierno marroquí llamó a consultas a su embajador en Madrid como expresión de “rechazo” a la visita de los reyes de España a Ceuta y Melilla. De manera paralela el monarca marroquí Mohamed VI también condenó y lamentó el viaje de los reyes dentro de las fronteras españolas.
  • En 2010 comenzaron a detectarse pasaportes marroquíes de personas nacidas en Ceuta o Melilla que atribuían a Marruecos la posesión de ambas ciudades. En respuesta, gobierno español ordenó la no aceptación de esos pasaportes por su carácter inválido. Aunque su número fue relativamente reducido, la Embajada española en Rabat pidió a las autoridades marroquíes que esos hechos no se volvieran a repetir.
  • A lo largo de la década de 2010 se ha incrementado sustancialmente–en comparación con la década anterior– el número de inmigrantes que entran de manera irregular en Ceuta y Melilla por vía terrestre o marítima con oscilaciones entre un año y otro.  Es cierto que la diferencia de renta per cápita en la frontera entre España y Marruecos es la segunda más acusada del mundo (después de la de Corea del Norte y del Sur, que está militarizada). De modo que la presión migratoria per se no depende de la voluntad del gobierno marroquí. Sin embargo, el despliegue fronterizo incentivado económicamente por la Unión Europea para controlar el flujo migratorio le dota de una herramienta para ejercer presión por esa vía. Al mismo tiempo, el goteo de noticias en los medios de comunicación relacionadas con las vallas de Ceuta y Melilla y con la saturación de los centros de internamiento de inmigrantes genera una visión ‘problematizada’ de ambas ciudades ante el resto de la sociedad española, que en su mayoría desconoce otros aspectos de la realidad ceutí y melillense.
  • En 2018 las autoridades marroquíes cerraron unilateralmente la frontera comercial entre Melilla y Marruecos acordada en el Tratado Hispano-Marroquí de Fez de 1866 y solicitada de nuevo por el Marruecos recién independizado en 1956. La decisión tiene como finalidad favorecer al puerto de Nador pero se aplicó sin consultar ni informar previamente al gobierno español y está teniendo consecuencias severas sobre la economía de la ciudad.
  • En 2019 el gobierno de Marruecos notificó a sus funcionariosla prohibición de entrar con pasaporte diplomático o privado en Ceuta o Melilla, disuadiéndoles viajar a la Península Ibérica desde ambas ciudades. En diciembre de ese mismo año también negó el paso a Ceuta a los marroquíes con título de viaje otorgado por la Delegación del Gobierno en dicha ciudad.
  • En 2019 la administración marroquí endureció la lucha contra el contrabando que cruzaba las fronteras de Ceuta. Se trata de una medida perfectamente legítima ya que este tipo de ‘comercio atípico’ constituye una competencia desleal y, según se afirma, es utilizado para blanquear dinero procedente de la droga. A la vez dicha medida está perjudicando gravemente a la economía ceutí, así como a los miles de marroquíes del otro lado de la frontera que vivían del porteo de mercancías. Otra consecuencia añadida es la ralentización del paso por la frontera; algo que también penaliza económicamente a la ciudad pues desincentiva el turismo desde el otro lado. Aunque es indudable que Marruecos tiene derecho a impedir el contrabando, cabe preguntarse por qué tomó la decisión de manera repentina cuando el fenómeno era evidente desde hacía años, y cuando parte de las consecuencias recaen sobre su propia población sin haber adoptado medidas previas para moderar su impacto. En febrero de 2020 el director de las aduanas marroquíes avisó que la medida también se aplicará en Melilla ya que no considera su frontera paso comercial sino solo de personas.
  • En febrero de 2020 las autoridades aduaneras marroquíes vetaron la entrada de pescado fresco en Ceuta, comprado por los pescaderos ceutíes en la lonja de Rincón (a 25 km de la ciudad autónoma), una práctica que se venían haciendo desde hacía décadas por ser más económico que el pescado comprado en la Península. Las autoridades marroquíes tomaron esta medida sin notificación previa, explicandose en la prensa marroquí como un endurecimiento sobre los operadores comerciales que exportan a Ceuta.

En suma, estas acciones de carácter político, legal, diplomático, económico, cognitivo y social con efectos directos e indirectos en dichos ámbitos son susceptibles de enmarcarse en una estrategia híbrida de carácter no lineal.

Al mismo tiempo, la implementación paulatina de esas medidas, con la mirada en el largo plazo (paciencia estratégica), y su nivel de intensidad moderado se corresponde con la primera fase del conflicto en la zona gris –la configuración del entorno–, que como ya señalé en el documento anterior puede prolongarse durante años a la espera de oportunidades que permitan aumentar la coerción y/o influencia.

Otro elemento propio de las estrategias híbridas consiste en la explotación de las vulnerabilidades del oponente. En este caso además del condicionante geográfico –Ceuta y Melilla son enclaves limitados por la frontera marroquí y el mar– que permite instrumentalizar la presión migratoria sobre ellas y condicionar su economía, se añaden las turbulencias experimentadas en la política interna española en los últimos cinco años: el ancho de banda político ocupado por la respuesta al independentismo catalán y los problemas a la hora de formar gobiernos estables; de hecho, no sería descartable que la intensificación de las medidas enumeradas se encuentre vinculada a estas circunstancias. Esto es algo que conviene tener presente ante los enormes desafíos políticos, económicos y sociales que va a generar la pandemia del COVID-19.

También son vulnerabilidades el escaso peso demográfico –y de representación política– de ambas ciudades, así como el desconocimiento y desinterés de la opinión pública española sobre lo relativo a ellas (salvo los problemas del control migratorio). Esto les resta prioridad e influencia como actores en la agenda política gubernamental, más allá de la atención que se les preste ante crisis puntuales vinculadas al asunto migratorio, y generalmente con el propósito de minimizar de manera reactiva sus consecuencias.

Por último, y sin pretender en absoluto caer en el alarmismo, el programa de adquisiciones de las fuerzas terrestresnavalesaéreas de Marruecos constituye otro factor a tener en cuenta. Por un lado, entraña unos costes de adquisición y de sostenimiento llamativamente elevados en relación con el PIB del país, al margen de que sus responsables lo consideren una inversión obligada como reacción al potencial militar de Argelia. Por otro, aunque las autoridades marroquíes no contemplen una acción armada contra ambas ciudades, lo cierto es que la mera posesión de esas capacidades les proporciona ventaja ante una hipotética escalada en la zona gris, máxime cuando ni Ceuta ni Melilla se encuentran bajo la cobertura explícita del Artículo 5 de la OTAN, otra vulnerabilidad crítica. Si el conflicto se agudiza pueden tensar más la situación al generar serias dudas en el lado español sobre la viabilidad política y militar de defender Ceuta y Melilla de manera efectiva. Una cuestión que no ha de perderse de vista ante el impacto económico que va a tener el COVID-19 en la operatividad de las Fuerzas Armadas españolas.

Como conclusión –y tratando de responder a la pregunta que encabeza el post– resulta plausible enmarcar la conducta de las autoridades marroquíes en lo referente a Ceuta y Melilla dentro una estrategia híbrida, encuadrada en la fase de configuración del entorno que en el futuro les permita ejercer mayor coerción.

Sin embargo, dicha hipótesis no puede contrastarse con información de fuentes abiertas porque falta un elemento indispensable en toda estrategia híbrida: la sincronización de las diversas líneas de actuación. Desde luego, es plausible –y me inclino a pensar, probable– que exista dicha orquestación. Pero sin conocer el contenido específico y las intenciones últimas del proceso de toma de decisiones marroquí, la valoración definitiva queda pendiente. En ausencia de una política intencionada que integre –aunque sea de manera no lineal- las diversas actuaciones enumeradas, identificarlas como acciones híbridas daría lugar a falsos positivos.

En cualquier caso, quizás sea útil que las autoridades españolas consideren la perspectiva de lo híbrido al analizar la política marroquí hacia Ceuta y Melilla. En caso de confirmarse la hipótesis, los resultados del proyecto MCDC ‘Countering Hybrid Warfare’ ofrecen un marco interesante a la hora de afrontar las estrategias híbridas, dificultando así que el otro lado mantenga la iniciativa.

*Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada y Director de Global Strategy

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