Carlos Barragán

El pasado 21 de julio, Europa estuvo cerca de despertarse con una noticia más impactante que cualquier rebrote de coronavirus: un enfrentamiento militar entre Turquía y Grecia. Aquel martes, barcos militares turcos habían partido hacia Kastellorizo, una isla griega muy cerca de su costa donde Ankara quería realizar prospecciones de gas, para imponerse a la flota griega. Atenas, por su parte, había suspendido las vacaciones de sus militares, declarado el estado de alarma y mandado fragatas a la zona. Pero la canciller alemana Angela Merkel intervino, llamó a Erdogan y consiguió que los turcos volvieran a casa. “Nos recordó a la crisis de los misiles de Cuba en 1962”, le dijo una fuente del Gobierno alemán al diario sensacionalista 'Bild'.

¿Guerra? ¿En el Mediterráneo? En los últimos meses, la búsqueda de gas, los polemicos límites marítimos y una Turquía más activa que nunca fuera de sus fronteras han convertido al Mediterráneo Oriental en un polvorín, avivando un conflicto con 200 años de historia entre Atenas y Ankara. Ambos países, que quieren beneficiarse de las bolsas de gas y petróleo que se han ido descubriendo en los últimos años en el suelo marino y alrededor de la dividida isla de Chipre, han elevado tanto el tono que algunos analistas empiezan a comentar lo inimaginable: un enfrentamiento militar entre dos miembros de la OTAN.

“Se vuelven a escuchar tambores de guerra de nuevo en Europa, pero apenas reciben atención. Todo lo que escuchamos en las noticias es sobre mascarillas, tests y el alcance de los aerosoles”, decía en su último artículo en el EU Observer Caroline De Gruyte, corresponsal europea y columnista del periódico neerlandés NRC Handelsblad. Pese a la llamada de Merkel, sin embargo, la escalada sigue y este miércoles la mecha volvió a prender. La fragata griega Limnos y el barco turco Kemal Reis llegaron a enfrentarse hasta tal punto que el buque turco fue dañado, aunque no hubo ninguna baja.

Desde el inicio de esta semana y escoltado por buques militares, el barco turco Oruç Reis está buscando gas a unos 150 kilómetros al sur de las costas turcas, a medio camino entre la isla griega de Creta y Chipre. Atenas ha urgido a Ankara a abandonar la zona “inmediatamente” y ha advertido de que cualquier estudio sísmico cruzará una línea roja. Desde Ankara aseguran que seguirán con sus investigaciones, pero algunos analistas insisten en que Erdogan estaría buscando algo más: doblar el brazo a la UE y conseguir más concesiones de sus supuestos aliados militares.

Mucho más que gas y petróleo

“En los últimos 12 meses, Turquía ha llevado a cabo acciones amenazantes, provocativas e ilegales contra Grecia, cada una más agresiva que la anterior. Esta vez, sin embargo, el gobierno griego decidió responder y pasó a la ofensiva”, explica The Greek Analyst, uno de los analistas económicos más populares del país, a El Confidencial. Hace unos días, Atenas firmó un acuerdo marítimo con Egipto para delimitar las Zonas Económicas Exclusivas de ambos países. El objetivo era invalidar un tratado muy parecido que se labró entre Turquía y el Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia (GNA) -su único aliado en el Mediterráneo- en noviembre de 2019. Y esto cabreó a Erdogan.

“Erdogan necesita un chivo expiatorio para distraer la atención doméstica, como ya ha hecho en Siria o en Libia o con el teatro de convertir Hagia Sophia en una mezquita. Debido a sus fracasos internos y a las debilidades estructurales e institucionales de la economía turca, muchas de ellas creadas por él mismo, Erdogan necesita proyectar victorias en el extranjero. Pensó que creando una crisis con Grecia y escalando en el conflicto podría chantajear a Grecia y a la UE, no parpadear hasta el último minuto y conseguir concesiones de ambas. Pero el gobierno griego ya no está dispuesto a seguir aceptando el juego de Erdogan”, recalca el analista griego.

Situada a tres kilómetros de Turquía pero a más de 550 kilómetros de Grecia continental, la isla helena de Kastellorizo es uno de los puntos más calientes del desacuerdo. Atenas dibuja sus zonas exclusivas económicas desde las fronteras de sus islas, mientras que Turquía cuestiona los tratados de Lausanne (1923) y de París (1947) considerando que solo se puede tener en cuenta las plataformas continentales a la hora de trazar las fronteras marítimas.

El primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, reconoció que cada vez son más altas las probabilidades de un enfrentamiento militar: “El riesgo de un accidente acecha cuando tantas fuerzas navales se reúnen en un área tan pequeña. La responsabilidad, en tal caso, será de quien provoca esta situación”, dijo Mitsotakis en un discurso televisado. “Grecia no sucumbirá a las amenazas ni al chantaje. Ni tampoco tolerará acciones provocadoras”. Además, aprovechó para agradecer la ayuda de su principal aliado en este conflicto, París. “Macron es un verdadero amigo de Grecia pero también un ferviente defensor de los valores europeos y del derecho internacional”.

Francia, el país de la UE más poderoso en términos militares, comunicó este jueves que dos aviones Rafale que se encontraban en Chipre realizando ejercicios militares harán una “escala” en la base aérea de Souda (Creta) y permanecerán en la zona varios días. En los últimos años, con la llegada de Emmanuel Macron y Donald Trump al poder, Francia ha asumido el rol que EEUU ha ido abandonando en la zona, lo que le ha valido críticas desde Alemania y otros países europeos por su "unilateralismo" en política exterior. No hay más que ver el papel del presidente galo en esta nueva crisis. “La situación en el Mediterráneo Oriental es preocupante”, escribía en Twitter el presidente francés. “Las decisiones unilaterales de Turquía en la exploración gasística provocan tensiones. Deben acabarse para poder establecer un diálogo entre los países vecinos y los aliados de la OTAN”.

Uno de los analistas de política exterior más respetados en Francia, François Heisbourg, aseguraba este jueves en Twitter que nos estamos acercando “a uno de esos peligrosos momentos en los asuntos internacionales donde el juego pasa de la presión y la disuasión a la realidad brutal de la violencia y la guerra. Un recuerdo de que uno solo debe entrar en lo primero después de haber considerado lo segundo”. Mientras tanto, en Turquía, la prensa acusa a París de estar buscando la guerra.

“Francia echa de menos su período colonial, especialmente en el Mediterráneo”, dijo Ismail Hakki Pekin, antiguo director de la inteligencia militar turca, a 'The Wall Street Journal'. “Francia quiere eliminar a Turquía de este área por el gas natural y el petróleo de la región. Es la razón principal de la lucha entre ambos”. En junio, un barco militar turco estuvo a punto de atacar a una fragata francesa que operaba cerca de Libia asegurando el embargo de armas de la ONU. Ese mismo mes, el presidente de la República francesa acusó a Turquía de tener una “responsabilidad criminal” por fomentar la guerra civil libia.

Y Erdogan tampoco se ha quedado callado. En las últimas semanas ha combinado discursos conciliadores con aseveraciones poco propias de un miembro de la OTAN, retando a sus enemigos a enfrentarse en el campo de batalla y anunciando que “la prosperidad de los países occidentales basada en el sangre, sudor y lágrimas y la explotación del resto del mundo se ha acabado”. “La autoestima de Turquía da un poco de miedo. Es un país muy nacionalista y no es difícil conseguir el apoyo popular frente a Grecia por razones históricas”, explica Asli Aydintasbas, especialista en el European Council on Foreign Relations (ECFR), a El Confidencial.

Desde hace años, Turquía se ha vuelto un país más asertivo, ambicioso y expansionista fuera de sus fronteras, chocando incluso con sus aliados de la OTAN. En la Alianza, los diplomáticos reconocen que Ankara es el "elefante en la habitación" del que nadie se atreve a hablar, especialmente tras su compra de misiles rusos S-400 o sus intervenciones en Libia. En este escenario cada vez más beligerante, surgen las preguntas incómodas: ¿Qué ocurriría si dos miembros de la OTAN se enfrentan? ¿Se activaría el artículo 5, que dice que un ataque contra un aliado se considerará un ataque contra todos? ¿Saldrá Turquía de la OTAN? En Ankara lo tienen claro: “Una guerra en el Mar Egeo significaría el fin de la OTAN y dejaría a Turquía definitivamente en la órbita rusa”, dijo Cem Gurdeniz, antiguo contraalmirante de la Marina de Ankara, en una entrevista al diario italiano AGI.

Una de las críticas más recurrentes de los turcos es que todos se están uniendo contra ellos. Y es cierto. Se está formando una heterogénea coalición en el Mediterráneo oriental, con Francia como líder de facto seguido de Grecia y Chipre, pero también se suman Israel, Egipto o Emiratos Árabes Unidos. “Parece que Ankara ve estas nuevas alianzas en el Mediterráneo oriental esencialmente como un eje anti Turquía y siente que solo siendo disruptiva puede alzar la voz y recibir su parte de recursos energéticos que hay en el mar”, destaca Aydintasbas.

Para tratar de encontrar una solución pacífica, este viernes los ministros de Exteriores de la Unión Europea tratarán el tema en un consejo de emergencia. Los expertos consultados, aunque se muestran escépticos, apuntan a la necesidad de un diálogo sobre la topografía y las fronteras marítimas a través de un tercer partido diplomático, aunque no está muy claro quién podría sentar a la mesa a ambos y pacificar las aguas.

“En el siglo XIX, las monarquías habrían resuelto este incidente a través de una gran conferencia. Bajo la Pax Americana, desde 1945 a 2017, EEUU habría negociado un acuerdo. Hoy estamos ante la simple anarquía, donde potencias medianas compiten por influencia y recursos”, tuiteaba Ulrike Speck, analista de política exterior alemán. La falta de unidad exterior de la UE complican que Josep Borrell pueda tomar una postura consensuada. ”No se puede ir contra la geografía, pase lo que pase, Turquía siempre será un actor principal en el Mediterráneo oriental, un vecino de Europa y un socio importante”, señalaba Borrell hace unos días. Mientras Francia y Grecia reclaman sanciones contra Turquía, otros países más amistosos con Ankara como Alemania, Italia o España, que no dudan en apoyar públicamente a Grecia y a Chipre en defensa de su territorio soberano, prefieren buscar otras vías para reducir el conflicto.

"España mantiene la misma postura: defensa de una salida negociada a la escalada de tensión en el Mediterráneo Oriental, con pleno apoyo a la labor de buenos oficios llevada a cabo por el Alto Representante y de Alemania. Nos sigue preocupando la vulneración de la ley internacional y de los derechos soberanos de los Estados", declaraba un portavoz del Ministerio de Exteriores a El Confidencial. En un viaje a Turquía a finales de julio, la propia ministra Arancha González Laya se ofreció como posible mediadora del choque entre ambos países, pero no ha ido más allá.

Por lo tanto, solo queda Alemania. “Es la única oportunidad, porque Alemania tiene en sus manos la presidencia de la UE y Merkel está interesada en intermediar entre Turquía y Grecia”, afirma Aydintasbas. Merkel convenció a Erdogan de retirar sus barcos en julio advirtiéndole de que, de lo contrario, sería incapaz de evitar sanciones de la UE contra su país.

Pero, ¿habrá guerra? Un conflicto armado en el Mediterráneo no está en el interés de ninguno de los dos países. Casi el 90% del comercio turco pasa a través de sus puertos, la mayoría situados en el Mediterráneo oriental, mientras que Grecia cuenta con la flota comercial más grande del mundo (en tonelaje). Sin embargo, eso no significa que ninguno de los dos países quiera sacar pecho. Y cualquier mínimo error podría arrastrar a ambos -y al resto de sus aliados- a un conflicto insólito.

En Grecia hay consenso: si Turquía cruza las líneas rojas, se responderá militarmente. “Pese a nuestras innumerables diferencias a nivel interno, hay un gran apoyo de todos los partidos a usar todas las medidas de disuasión necesarias por las Fuerzas Armadas Griegas si Erdogan decide actuar unilateralmente. Aunque todo el mundo espera y trabaja para un resultado pacífico, esta crisis parece más seria que cualquier otra desde la crisis de Imia en 1996 [cuando tres oficiales griegos murieron y Turquía y Grecia estuvieron a punto de entrar en guerra]”, recalca The Greek Analyst.

“No creo que Turquía y Grecia se arriesguen a una guerra, pero el problema en esta situación tan explosiva son las consecuencias no controladas”, concluye Aydintasbas. “En otras palabras, puede haber “accidentes” que se acaben saliendo de control. Esto es cómo empezó la Primera Guerra Mundial: un pequeño incidente que arrastró a todo el mundo a la guerra”.

Fuente: El Confidencial

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