Mauricio Ramírez Núñez y Andrés Zamora Gutiérrez

En plena coyuntura del Covid-19, las potencias mundiales proceden en solucionar las problemáticas económicas, sociales y de salud con la variada gama de recursos que poseen. Sin embargo, esto no quiere decir que el sistema internacional no esté sufriendo una serie de transformaciones geopolíticas profundas. En lo que respecta a China, Rusia y Estados Unidos, la carrera armamentista y la lucha por el poder pasa ahora al espacio de la farmacología, sobre todo, por la reciente intención del gobierno chino en probar los resultados de su vacuna en su personal militar como alta prioridad; esto en el lenguaje del poder y la influencia provoca una mayor erosión del modelo unipolar-neoliberal al que estábamos acostumbrados, bajo un dominio occidental, dando paso a lo que algunos autores han llamado la nueva multipolaridad representada por Brasil, China, Rusia, Sudáfrica, Singapur, Corea del Sur, India, Irán, Pakistán, entre otros.

En un sentido ontológico, la pandemia plantea una reconfiguración del dasein (ser-ahí) como eje de conservación del ser humano en el planeta. Primero en el aspecto espiritual, debido a la realización de su autenticidad y existencia, para luego construir la supervivencia del colectivo mediante las relaciones con los otros. No es posible entender lo anterior si se parte del principio homogéneo de lo que occidente interpreta etnocéntricamente como sociedad internacional; por lo que la heterogeneidad de los pueblos (sus tiempos, saberes, y tradiciones) dentro de espacios geográficos determinados no puede ser ignorada.

El estudio de la geopolítica clásica, analizada principalmente por Halford Mackinder, Alfred Mahan y Friedrich Ratzel ha tomado el espacio físico y marítimo como eje principal para comprender la conducta de los estados a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Posteriormente, el espacio aéreo comenzó a tener mayor relevancia, al reforzarse el concepto de soberanía y territorialidad luego de dos extensas guerras mundiales. En tiempos recientes, con la consolidación de la informática y la revolución tecnológica, se adhirió el ciberespacio como otro de los frentes de batalla entre potencias. Aquí se combina el lema del “heartland”, utilizando los factores tangibles o intangibles de la geopolítica (tierra, mar, aire y ciberespacio) como paradigma dominante del nuevo orden mundial que se aproxima.

Ahora, con la crisis del Covid-19 se abre la posibilidad de pensar si realmente los virus y la medicina serán el nuevo conflicto geopolítico en el presente y el futuro cercano. Se interpreta la noción de farmacogeopolítica como los espacios pandémicos donde las potencias ejercen su poder e influencia, en primera instancia, mediante la contradicción unipolar-neoliberal/multipolar, por lo que la seguridad militar y nacional de los estados pasará por la adaptación de los sistemas de salud a la nueva normalidad; así como a un sistema de alianzas estratégicas para su posterior supervivencia, trayendo de paso nuevamente a lo interno, la discusión sobre el rol del Estado y el mercado en servicios esenciales o estratégicos.

Una manera de ejemplificar la decadencia del unipolarismo neoliberal de occidente como ideología, en la que el dogma del “libre mercado tiene la sabiduría suficiente” para resolver todos los problemas de la sociedad sin la intervención del Estado, es la paradoja de los derechos humanos y derecho a la vida, y cómo los sistemas de salud colapsados de pacientes contagiados en muchos países de Europa y América Latina han llegado a dilemas éticos del quién es prioridad para ser tratado: el “sujeto de rendimiento” en términos de Byung-Chul Han, o el adulto mayor improductivo. El mercado por sí solo ha demostrado su incapacidad para hacer frente a crisis de escala global en temas de salud, otra prueba de ello, es el impacto de la pandemia en países como Estados Unidos y los altos costos que implica para las personas tratarse la enfermedad del Covid-19.

Ese optimismo de “lo que vamos a hacer cuando acabe la pandemia”, se vuelve un imperativo biológico agravado por las crisis económicas, el desempleo y las revueltas sociales. La incertidumbre general causada por el coronavirus provoca vacíos políticos, ansiedad social y altera el estado de ánimo nacional, circunstancias aprovechadas geoestratégicamente por las potencias para trabajar en la dirección de sus intereses; no podemos olvidar que a pesar de la actual situación, el sistema internacional llegará a un reordenamiento, donde las distintas regiones del orbe se adaptarán a las nuevas reglas, normas y procedimientos fuera de la esfera individualista, con el objetivo de instaurar liderazgos con visiones de mundo tradicionalistas y al mismo tiempo innovadoras. No en vano la integración regional y las cadenas de valor local son la nueva tendencia económica a nivel mundial.

En esta nueva etapa de desglobalización posneoliberal, quien lleva la batuta es oriente; mientras el occidente globalista compite por el gran mercado de la vacuna, Euroasia busca una para ganar influencia política y nuevas “amistades” en el plano internacional. China ha afirmado que actualmente se encuentra en fase final de pruebas para su vacuna y de ser exitosa la convertirá en un bien público global, no piensa cobrar al respecto ni patentar, sino que por medio de la cooperación internacional y la diplomacia (soft power) buscará colaborar con el tratamiento, en especial, de aquellos países periféricos y con menos posibilidades económicas. Rusia por su parte, ya está ofreciendo un fármaco contra el virus que países como México, Colombia, Perú y Brasil, ya están comprando para tratar a sus enfermos.

La lucha política llega a todo espacio, ninguno queda fuera de ella; desde los cuerpos y la sexualidad, hasta la biodiversidad, pasando por el mundo digital y el espacio exterior. No es de extrañarse que la farmacología representa un nuevo gran espacio de lucha geopolítica entre naciones (guerra de las medicinas), algo no del todo novedoso, pero que en tiempos de pandemia, ha quedado demostrada la existencia de intereses políticos por un posicionamiento estratégico en esta área por parte de diversos actores, con una clara intención de tomar ventaja a sus rivales y llevar sus diferencias al campo de la medicina. Todo lo anterior, sin dejar de lado la comprensión del virus como una amenaza al espacio vital individual (cuerpo) y nacional (especialmente el económico), cuya lucha es interpretada bajo una lógica abierta de guerra.

Son muchas las preguntas que surgen en torno a esta delicada coyuntura internacional y lucha por el poder; ¿cuánto costará realmente en términos económicos y políticos la vacuna y en cuánto tiempo estará lista? ¿tendrá acceso toda la población a la misma a pesar de las diferencias socioeconómicas existentes? esperamos no encontrarnos a la vuelta de la esquina una nueva ola necropolítica donde el poder soberano esté en manos de empresas farmaceúticas, que en el fondo, por el precio que le pongan a la vacuna van a tener el poder de decidir cuáles vidas merecen vivir y cuáles no. ¿Qué rol tomarán países como China, Estados Unidos y Rusia ante estas posibles realidades y cómo modificará esto las relaciones internacionales en su conjunto?

Entre las lecciones que ha dejado el SARS-CoV-2 y según lo ha planteado el director del Instituto Centroamericano de Administración Pública (ICAP), el Dr Alexander López, el manejo exitoso de la pandemia no ha tenido que ver necesariamente con un tema de democracia o autoritarismo. No es que los países con democracias liberales hayan enfrentado mejor o se han contagiado menos que aquellos cuyos sistemas políticos son menos permisivos. El hecho determinante para marcar la pauta en la adecuada conducción y contención del virus ha estado relacionado a otras variables citadas por el Dr López, a saber; una institucionalidad fuerte y robusta, confianza social en el Estado y liderazgos claros capaces de tomar decisiones en periodos de emergencia.

Es muy evidente que en aquellos países donde el mercado ha suplantado el rol del Estado con mucha fuerza, se han encontrado estados más disfuncionales, con instituciones más débiles y limitaciones graves, junto con mayor polarización social y un vacío de liderazgo que en lugar de facilitar el proceder de las autoridades, se ha visto traducido en un incremento de fallecidos y una incapacidad de contener con prontitud el avance del virus. El presidente francés, Emmanuel Macrón así lo expresó al inicio de la presente crisis cuando dijo que: “hay bienes y servicios que deben colocarse fuera de las leyes del mercado”.

Todo lo anterior es parte de las disputas geopolíticas, mientras China o Rusia plantean un modelo más similar a un capitalismo de Estado con sus correspondientes libertades y regulaciones, llenas de pragmatismo y no de ideología, gran parte de occidente sigue religiosamente atado a la doctrina del mercado como fuente de salvación ante los retos venideros. Se necesita tanto del Estado y el mercado; así como de esa novedosa pluralidad de actores sociales cuyo rol y protagonismo es esencial para toda democracia, cada uno en su justo medio, no con los desbalances occidentales que solo han generado más desigualdad y destrucción ambiental.

Oriente parece tener más claro el panorama del mundo que se avecina y además, lidera la producción de energías renovables y modelos de economía compartida, como por ejemplo, la Alianza Global de Economía Compartida (GLASE en inglés) que China promueve, donde se nota un estado superior de conciencia frente a los problemas de distribución de riqueza y medio ambiente que tiene por delante la humanidad. Ello puede ayudar a explicar también las razones de la disputa en términos farmacogeopolíticos con un occidente decadente y deseoso de protagonismo, nos encontramos entonces ante diferendos de carácter políticos, económicos y militares difíciles de separar con un mundo lleno de tensiones y serias contradicciones a lo interno de cada país.

Mauricio Ramírez Núñez,
Académico e investigador, Magister en Estudios Latinoamericanos con énfasis en Cultura y Desarrollo.
Andrés Zamora Gutiérrez,
Licenciado en Relaciones Internacionales con énfasis en Política Internacional

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