El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha atacado repetidamente a China los últimos días. Pero, ¿qué está realmente detrás de las acusaciones y amenazas contra la nación asiática?

La retórica antichina en el Gobierno de Estados Unidos ha alcanzado un punto nunca antes visto en la historia de las relaciones bilaterales de las naciones. El 14 de mayo, la senadora republicana Marsha Blackburn llamó a sus colegas, a través de una carta, a no reunirse con empresas chinas y "tener cuidado" al tratar con funcionarios de ese país. Pidió, además, evitarlos en los pasillos del Congreso.

Días antes, el senador republicano Lindsey Graham, un aliado cercano del presidente Trump, había propuesto una legislación para autorizar al mandatario estadounidense imponer sanciones contra China, si el país no proporciona un "informe completo" acerca de los eventos que condujeron al brote del coronavirus en los próximos 60 días.

El proyecto de ley exige, además, el cierre de todos los "mercado mojados" y la liberación de los activistas arrestados en los disturbios en Hong Kong. De lo contrario, se propone congelar los activos chinos en EEUU, introducir prohibiciones de viaje, endurecer la emisión de visas y restringir el acceso de las empresas chinas a la financiación bancaria en el país norteamericano y en los mercados de capitales.

Además, EEUU impuso nuevas restricciones que limitan drásticamente el tiempo que los periodistas chinos pueden trabajar en el país. Ahora, los reporteros oriundos de China, incluso los que viven en Estados Unidos desde hace años, tendrán sus visas de trabajo en el país limitadas a un máximo de 90 días.

La misma semana, Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU, pidió a hackers supuestamente relacionados con China que dejen de robar los datos de las investigaciones relacionadas con el coronavirus. El funcionario calificó el comportamiento de China en el ciberespacio como "una extensión de sus acciones contraproducentes a lo largo de la pandemia de COVID-19".

Donald Trump, por su parte, amenazó con romper las relaciones con el país asiático, en una entrevista con Fox Business. El presidente afirmó, además, estar "muy decepcionado con China" por no contener el coronavirus. En una conferencia de prensa reciente, el mandatario volvió a insinuar que China ha desarrollado el virus deliberadamente.

Las elecciones que se acercan

Para Zhou Rong, politólogo de la Universidad Renmin de China, Trump utiliza las acusaciones a China relacionadas con la pandemia únicamente con fines políticos.

"En aras de la victoria en las elecciones, [Trump] puede estigmatizar a China, hacer acusaciones incómodas contra la Organización Mundial de la Salud y entrar en conflicto con Rusia", subrayó a Sputnik el experto.

El politólogo consideró, sin embargo, que las amenazas de EEUU de romper los lazos con el país asiático, sin embargo, son inviables.

"Tal decisión no puede ser tomada por una única persona. Dado el enorme mercado de China, cuya población es de 1.400 millones, muchos empresarios estadounidenses no estarán de acuerdo con él. Además, en el caso de una ruptura con China, Estados Unidos no podrá encontrar un mercado alternativo comparable y, por ende, no podrá resolver los problemas de empleo y los problemas de importación y exportación", resaltó.

Zhou Rong apuntó que "China se mantendrá firme y no sucumbirá a las provocaciones de los políticos estadounidenses".

La ventaja de China en la salida de la crisis

La confrontación de Estados Unidos con China con relación a la pandemia se inicia en un momento en que las ambiciones chinas crecen, mientras el país va ganando la lucha contra el COVID-19. Ya en Estados Unidos, la pandemia mostró que el país está perdiendo la oportunidad de seguir siendo el líder mundial que proclama ser. Para Mijaíl Belyaev, experto en el Instituto Ruso de Estudios Estratégicos, EEUU ya está perdiendo ante China en lo que está relacionado con la recuperación económica después de la crisis sanitaria.

"Los países están emergiendo [de la crisis por la pandemia] a ritmos diferentes. China ya está en el camino de la recuperación económica, lo está haciendo con éxito, mientras que los estadounidenses parecen estar cada vez más atrapados precisamente en esta situación de crisis", apuntó el analista a Sputnik.

Para Belyaev, los estadounidenses entienden que están perdiendo y, al no tener la oportunidad de promover su economía, tratan de restringir políticamente a China. Como de costumbre, lanzan mano de todos los métodos disponibles, incluso los más despreciables, para alcanzar sus objetivos, apuntó el experto.

El juego sucio de EEUU

Una de las estrategias adoptadas por EEUU es utilizar la plataforma de la Organización Mundial de Salud para atacar a China. Al principio, bajo el pretexto de una supuesta cooperación insuficiente de Pekín con el ente sobre el problema del coronavirus, aunque la nación asiática trabajó estrecha y constructivamente con la comunidad mundial en la lucha contra la pandemia desde su inicio.

Luego, EEUU inició una campaña diplomática destinada a restaurar el estado de Taiwán como observador de la OMS en la Asamblea Mundial de la Salud que se llevará a cabo virtualmente el 18 y 19 de mayo.

Para Yang Mian, experto del Instituto Chino de Comunicación de masas, Estados Unidos está tratando de usar el venidero evento para poner a China en el centro de atenciones y quitar el enfoque de "la incapacidad del Gobierno de Estados Unidos de reaccionar efectivamente a la situación epidemiológica" en su territorio.

"En la actualidad, los expertos médicos estadounidenses y las autoridades locales creen que la respuesta del Gobierno federal a la epidemia es ineficaz. La Administración Trump quiere librarse de la responsabilidad por fallos obvios. Por lo tanto, las acusaciones del Gobierno de EEUU contra China son una maniobra distractora, una forma relativamente simple de ocultar su la culpa", afirmó a Sputnik Yang Mian.

La campaña antichina

En vísperas de la Asamblea Mundial de la Salud, Estados Unidos ha llamado a sus aliados y a las organizaciones internacionales que controla a crear un amplio frente internacional antichino.

"Este es el estilo característico de la política estadounidense: tratar de implicar en la corriente principal de su política al máximo de países que dependen de ellos de una manera u otra. La dependencia puede ser económica, política e ideológica", apuntó el analista ruso Mijaíl Belyaev.

Incluso la OTAN se ha sumado al eco de acusaciones contra la nación asiática. El secretario general de la Alianza del Norte, Jens Stoltenberg, recientemente en una entrevista acusó a China y Rusia de difundir información errónea para aumentar su influencia en los procesos políticos en la OTAN y la Unión Europea y para desestabilizar la arena mundial ante la pandemia. El alto cargo, sin embargo, no citó ejemplos concretos que respaldaran sus acusaciones.

Para Belyaev es improbable que la creación de una alianza antichina ayude a Estados Unidos a detener al gigante asiático. El experto considera que el orden mundial creado por EEUU "colapsa ante sus ojos" y que China está "claramente convirtiéndose en el nuevo líder mundial".

China podría colocar a Apple y a otras compañías de EE.UU. en una 'lista negra' en venganza por Huawei

China está dispuesta a incluir varias compañías estadounidenses en una 'lista de entidades no fiables', así como a tomar otra serie de medidas en respuesta al plan de EE.UU. de bloquear los envíos de semiconductores al gigante de telecomunicaciones Huawei, informó este viernes Global Times, que cita una fuente cercana al Gobierno chino.

Las medidas comprenden el lanzamiento de investigaciones y la imposición de restricciones a compañías como Apple, Cisco y Qualcomm, así como suspender la compra de aviones Boeing.

El Departamento norteamericano de Comercio anunció el viernes en un comunicado que está modificando una regla de exportación para "apuntar estratégicamente a la adquisición por parte de Huawei de semiconductores que son el producto directo de cierto software y tecnología de EE.UU.".

"China tomará contramedidas enérgicas para proteger sus propios derechos legítimos" si Washington avanza con el plan de cambiar sus reglas y prohibir que los proveedores esenciales de chips, incluida la empresa taiwanesa TSMC, vendan chips a Huawei, aseveró la fuente del periódico.

"Bomba nuclear"

Los analistas consultados por el medio chino califican de "bomba nuclear" las posibles medidas punitivas dirigidas contra grandes compañías estadounidenses como Qualcomm, Cisco y Apple, que dependen en gran medida del mercado chino.

He Weiwen, un ex alto funcionario comercial chino, opina que Pekín debería introducir estas contramedidas y llevar a cabo "investigaciones exhaustivas" sobre las empresas estadounidenses relevantes para hacer que "sientan dolor".

A su vez, una fuente que se expresó bajo condición de anonimato explicó que las "rondas de investigaciones interminables" sobre esas firmas reducirán la confianza de los inversores e impactarán en los ingresos de las empresas en el mercado chino.

En lo que se refiere a Boeing, China podría, posiblemente, descartar todos los pedidos actuales, incluso si eso significa que algunas empresas chinas tendrán que pagar por los daños liquidados, indicó en declaraciones a Global Times una fuente de la industria de aviación. Si Boeing perdiera los pedidos de China, la empresa, que ya está al borde de la bancarrota, solo podría recurrir al Gobierno de EE.UU. para pedir ayuda, detalló la fuente.

Más allá de grandes compañías, la mayoría de las empresas estadounidenses incluidas en la lista pueden ser firmas de pequeño tamaño que dependen mucho de las empresas chinas, como las agencias comerciales norteamericanas, sostiene Gao Lingyun, experto de la Academia China de Ciencias Sociales.

Si Pekín impone sanciones a estas compañías, que son especialmente vulnerables a las medidas restrictivas, la mayoría de ellas "serán llevadas al borde del colapso", anticipa Gao, añadiendo que tales contramedidas podrían servir de advertencia de "primer nivel" para la parte estadounidense.

¿Beneficiará la relación bilateral?

Con todo, este experto opina que la adopción de contramedidas por parte de Pekín "finalmente beneficiará" las relaciones bilaterales, ya que —explica— solo se podrá "volver a la normalidad" si se consigue "derrotar a la pequeña porción de políticos estadounidenses que dañan las relaciones bilaterales las relaciones y el comercio de los dos países.

Esta es la segunda vez en dos días que China lanza un mensaje de contraataque contra EE.UU. Este jueves, trascendió que Pekín se declara "extremadamente insatisfecho por el abuso de litigios" por parte de EE.UU. contra China por el covid-19 y baraja imponer contramedidas punitivas contra individuos, entidades y funcionarios estatales estadounidenses.

Rusia hace caer sus inversiones en valores de EEUU

Las inversiones en valores del Gobierno de Estados Unidos en marzo cayeron a 3.850 millones de dólares.

Rusia, en marzo de 2020, redujo más de tres veces el volumen de inversiones en valores del Gobierno de EEUU en comparación con febrero, de 12.580 millones de dólares a 3.850 millones de dólares. Esto se desprende de los documentos publicados por el Tesoro de Estados Unidos.

Los bonos a largo plazo representaron 3.380 millones de dólares en lugar de 4.300 millones de dólares un mes antes; los bonos a corto plazo 473 millones de dólares en comparación con 8.200 millones de dólares antes. En febrero de este año, la inversión total alcanzó 12.580 millones de dólares.

En la primavera de 2018, Rusia comenzó a reducir drásticamente sus inversiones en la deuda pública de EEUU, en aquel entonces se situaron en 96.000 millones de dólares. En agosto de 2019, por primera vez desde febrero, Rusia aumentó sus inversiones en valores del Gobierno de Estados Unidos a 9.300 millones de dólares.

El mayor tenedor de estos valores en marzo siguió siendo Japón con 1,27 billones de dólares. El segundo lugar con 1,08 billones de dólares está ocupado por China, el líder durante mucho tiempo.

Lavrov: La pandemia del coronavirus tendrá consecuencias en las esferas política y militar

"Las consecuencias [de la pandemia] van a observarse, sin duda, en las esferas política y militar, en la esfera de seguridad, de seguridad económica y ecológica, en la esfera humanitaria", ha declarado este viernes el ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, en una entrevista para el canal RBK.

En ese sentido, el jefe de la diplomacia rusa ha remarcado que las cuestiones de seguridad militar forman parte de las competencias del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que el impacto de la pandemia del nuevo coronavirus en este ámbito debería ser considerado por los líderes de sus cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.

"No espero la libertad que existía hasta ahora"

Lavrov sostiene que el restablecimiento completo de las comunicaciones a nivel mundial requerirá mucho tiempo y no cree que se produzca una vuelta a la misma vida que llevábamos antes de la pandemia. "No creo que se consideren apropiadas las medidas redundantes, pero no espero la libertad que existía hasta ahora", confesó.

El canciller también ha denunciado los "intentos de sacar beneficios geopolíticos" de la situación y ha recordado que Pekín avisó de la existencia del nuevo coronavirus a finales de diciembre y en enero el tema ya era objeto de discusiones en la comunidad científica internacional.

"Decir que los chinos se cerraron a la Organización Mundial de la Salud o que la OMS no estaba al tanto u ocultaba información como mínimo no es correcto", ha señalado.

El ministro de Exteriores ruso ha subrayado que "no se puede acusar a alguien de algo sin pruebas" y actualmente "todos los esfuerzos deben enfocarse no en los gritos '¡detengan al ladrón!', sino en unirse y crear una vacuna".

"Hay que determinar las causas concretas de la aparición de este coronavirus. Ahora todos coinciden en que es de origen natural, pero cómo comenzó este proceso y cómo el virus empezó a transmitirse de humano a humano, eso hay que determinarlo", ha declarado Lavrov, quien ha señalado que es algo necesario "para contrarrestar una posible repetición de una situación semejante en el futuro y no para decir 'venga ya, tenía razón, el virus apareció en tal mercado, por eso hay que imponer sanciones contra ese país'".

Inversores consideran real el riesgo de colapso total en la economía por la pandemia

LONDRES (Sputnik) — La economía global sufrirá un colapso total en el futuro próximo si los gobiernos no autorizan a reanudar las actividades suspendidas por las cuarentenas, declaró a Sputnik el inversor de capital riesgo y socio gerente de la empresa Untitled Ventures, Oskar Stachowiak.

"Un colapso económico total es un escenario real en el futuro cercano si las economías de los países no se abren", advirtió Stachowiak al señalar que "la economía sufrirá el mayor daño en el segundo trimestre de este año aunque, como podemos ver ahora, para el fin del trimestre la situación mejorará". 

El experto prevé que muchas compañías deprecien sus activos y, en consecuencia, crezcan las deudas.

"Si las restricciones continúan en el tercer trimestre, la economía tendrá un problema serio", aseveró el inversor.

Según Stachowiak, la situación se agrava con las medidas de apoyo desproporcionadas y una gestión anticuada.

"El sector financiero se gestiona de acuerdo con los modelos de antes (...) cuando supusimos que mañana será como ayer y, según ese escenario, no necesitamos algunas reservas porque tenemos a nuestra disposición el capital", explicó.

El experto sostiene que las empresas industriales serán primeras en reanudar sus actividades mientras que el sector de servicios aún tendrá que aguantar la cuarentena.

Stachowiak destacó que la propia población está cansada del confinamiento y quizás esté dispuesta a enfrentarse a ciertos riesgos.

"Si (el país) lleva mucho tiempo en cuarentena, la población se cansa y desea correr los riesgos propuestos por el Estado y en este caso, desde el punto de vista económico, tal decisión (suavización o cancelación de la cuarentena) prevalecerá sobre cualquier riesgo", dijo el experto al indicar que actualmente el número de contagios se va disminuyendo.

Análisis: China impulsa la pérdida hegemónica de Estados Unidos

Pablo Jofré Leal

China es objeto de ataques permanentes de Estados Unidos, precisamente desde que inició su ascensión global. En este artículo analizamos el porqué del embate.

El poderío chino en materia económica, influencia política internacional y sobre todo al prestigio que obtiene en su pugna contra Estados Unidos, sitúa hoy al gigante asiático como blanco de ataques permanentes de Washington, que constata inevitablemente, que la otrora supremacía global va cuesta abajo en la rodada.

Desde el renacimiento hasta el inicio de este siglo XXI, tomando en ello el calendario occidental, la hegemonía de occidente se había mantenido sin grandes sobresaltos – tal vez con algo de disputa en la supremacía desde fines de la segunda guerra mundial (SGM) cuando la ex Unión Soviética adquirió el rango de superpotencia, hasta la caída de los socialismos reales, Pero, eso sólo fue un lapso, efímero en el conjunto del dominio occidental.

Durante el último medio milenio, el trono hegemónico se ejerció, principalmente, por un número muy reducido de naciones occidentales. Primero, en el marco atlantista europeo, con predominio en amplios y extensos territorios, en todos los continentes, a manos de España, Francia y que en el caso del Imperio británico logró mantener cierta supremacía hasta la segunda década del siglo XX. En esa etapa, marcada por el fin de la SGM comienza, con todo su ímpetu económico y militar, a imponerse Estados Unidos, que consolida, tras el derrumbe de Europa y Japón, la impronta de superpotencia y con ello encabezar la conformación de un Nuevo Orden Mundial, centrado en intereses y valores emanados de una visión de mundo imperialista, en grados jamás vistos en la historia de la humanidad.

Efectivamente, esa omnipotencia se verifica en múltiples aspectos: número de bases militares en el mundo, que en el caso estadounidense alcanza las 800 bases militares y bases Navales en todos los continentes. Invasiones, ya sea parar derrocar o afianzar gobiernos afines. Procesos de desestabilización, para concretar el dominio de recursos naturales como petróleo, gas, uranio, rutas de navegación. Instalación de entidades políticas, como es el caso del sionismo, para así crear cabezas de playa en Asia Occidental. Conformación de bloques regionales, dominio de instituciones y recursos financieros, que le permiten diversificar como no lo habían hecho imperios anteriores, la sujeción de gran parte de países dependientes. Manejo de medios de información y el encauzar el proceso de globalización, como la expresión máxima de un modelo neoliberal y una fase de Macdonalización del mundo (1) que expresa la ideología dominante.

En todo caso, hablo de una cultura mediocre, basada, principalmente en el consumo y donde elementos como la posesión de armas, el hedonismo, la ignorancia social suelen imponerse. Resulta sintomático, por ejemplo, el desprecio del presidente estadounidense Donald Trump a los intelectuales, los científicos, todo lo que huela a cultura. Un ejemplo de ello es su consejo que para “desinfectarse” del virus Covid 19 había que tomar productos desinfectantes como Lysol y otros productos de limpieza, que matarían en el interior del organismo a los contagiados. Los medios consignaron que “pese a las alertas lanzadas por médicos y expertos estadounidenses, algunos ciudadanos se tomaron al pie de la letra las palabras del magnate neoyorquino, pensando que así se curarían, cuando en realidad se estaban envenenando.

Esa misma ignorancia, en un país donde sus mandatarios no suelen brillar por su altura intelectual, permite que se acuse a China por ejemplo de ser el causante de la pandemia global producto del Covid 19. El presidente Donald Trump, cuyo país al cierre de este artículo exhibe cifras gigantescas, en cuantos a contagiados, un millón doscientas mil personas y 70 mil muertes, en una treta dirigida a desviar la atención sobre la inoperancia de su administración en el combate al virus, asignándole a China la responsabilidad de un mal que aqueja al conjunto del planeta.

Trump acusa a China de haber creado el Covid 19 en un laboratorio de Wuhan (ciudad donde se sitúa el origen del primer contagio), llamándolo incluso Virus Chino y sumando en esta línea confrontacional a países aliados como Francia y Gran Bretaña. Igualmente, Trump se ha enfrascado en una agria disputa con la Organización Mundial de Salud (OMS) a la cual acusa de haber actuado en forma complaciente con el gobierno de Beijing y dar malos consejos de cómo enfrentar la pandemia. Tanto a China como a la OMS, el gobierno estadounidense responsabiliza de la pandemia y la crisis sanitaria en su país, no hay autocrítica respondan de sus actos, una vez terminada la pandemia, amenazando incluso con medidas judiciales pues las económicas, en el caso de la OMS ya las tomó al suspender el aporte financiero que Estados realiza y que representa el 16% del presupuesto total de este organismo internacional.

China, a través de una declaración pública, no se guardó palabras ni historia para responder a Trump. Lo pudo en su lugar en materia sanitaria y criticando su línea de andar exigiendo responsabilidades, como si el gobierno chino y tuviese un plan destinado a perjudicar a Estados Unidos. El Portavoz de la cancillería china, Geng Shuang sostuvo que “Hemos declarado en varias ocasiones que el tema del Covid 19 es una cuestión que se debe estudiar por los médicos y los científicos y no debe ser politizada. Por ahora la OMS y la mayoría absoluta de los expertos consideran que no existe ninguna prueba de que el nuevo coronavirus fuera inventado en un laboratorio”.

Geng Shuang trajo a colación temas que el oportunismo de Trump oculta. El alto funcionario chino afirmó con contundencia “¿Alguien culpó a Estados Unidos por el SIDA? El año 2009 la gripe HINI estalló en una gran área de los Estados Unidos y se propagó por una decena de países causando la muerte de 200 mil personas. ¿Alguien pidió a Estados Unidos que pagase por ello? En la década de los 80 del siglo XX el SIDA se detectó por primera vez en los Estados Unidos y se extendió por el mundo. ¿Cuántas personas padecen SIDA hoy? ¿Alguien culpó a Estados Unidos por eso? Los virus son enemigos comunes de toda la humanidad y pueden aparecer en cualquier país en cualquier momento. China, como otros países ha sido atacada por el virus. China es una víctima no una cómplice del virus. Todos deben tener claro que el enemigo es el virus, no China”.

El temor estadounidense a China

¿Por qué ese empecinamiento de Estados unidos por desacreditar a China, por responsabilizarla de una pandemia cuyo origen merece ser estudiado sin prejuicios? China ha señalado, por ejemplo, que soldados estadounidenses que asistieron a los V Juegos Militares mundiales en octubre del año 2019 en la ciudad de Wuhan fueron los portadores del virus, cuya traza se ha encontrado en fallecidos y examinados post mortem por causas respiratorias en los Estados Unidos. Por más solicitudes que se han hecho, Washington no ha dado respuesta a esta información. Se habla de laboratorios vinculados a la guerra biológica y una alianza entre Washington y Tel Aviv para propagar el virus, que tampoco ha sido desmentida por el binomio mencionado. Conjeturas hay muchas y “lo claro es la poca claridad” existente frente al origen primario de este Covid 19. Sobre acusaciones se puede escribir varios tomos.

La respuesta a tanto empecinamiento estadounidense en culpar a China radica en factores políticos, económicos y de fuerte confrontación hegemónica, en momentos que el predominio estadounidense está siendo cuestionado en todo el planeta. Una preeminencia que sucumbe a la par del deterioro de la autoridad del mandatario estadounidense convertido en una caricatura de sí mismo. China está golpeando las bases de lo que ha sido el poderío estadounidense tras el fin de la SGM. Estableciendo alianzas comerciales con gran parte de los países del mundo, sin invasiones, ni agresiones militares ni chantajes en el seno de los organismos internacionales.

China ha entrado de lleno en África, con 250 mil trabajadores de esa nacionalidad, miles de empresas. Con inversiones que han pasado de 85 millones el año dos mil a 400 mil millones de dólares en la actualidad, considerando en ello sólo en los países subsaharianos, diversificado en infraestructura ferroviaria, represas, oleoductos, carreteras y donde los llamados metales estratégicos son una fuente valiosísima para las industrias tecnológicas modernas: oro, coltán, vanadio, manganeso, uranio, cromo, entre otros. Una presencia marcada además por diferencias notables con relación a las antiguas metrópolis y la de Estados Unidos. La diplomacia china “en medio siglo ha dado un cambio notable respecto a su relación con África. Se ha desprendido del pasado ideológico para acometer con enorme pragmatismo y un marcado sesgo económico su política exterior en el continente sobre principios como la confianza mutua, beneficio recíproco, igualdad de las partes, la no injerencia en asuntos internos y la coordinación”. Frente a ello Estados Unidos tiene muy poco que ofrecer.

Una forma de trabajo similar es la que ha llevado a cabo la República Popular China en Latinoamérica. Un Estados Unidos que tras la guerra civil estadounidense en la segunda mitad del siglo XIX comenzó a penetrar en los países al sur del Río Grande, hasta consolidar su poderío político, económico y militar tras el fin de la primera guerra mundial, convirtiendo a Latinoamérica en lo que despectivamente se denominó “el patio trasero estadounidense”. Un mercado como plaza de negocios privilegiada para Washington, cerrada para cualquier eventual competidor. Y, sin embargo, sobre todo en la última década China ha entrado de lleno en materia de inversiones, infraestructuras e incluso en apoyo a gobiernos enemigos de Estados Unidos como es el caso de la República Bolivariana de Venezuela, con la cual mantiene fluidas relaciones políticas, comerciales y estratégicas, vinculadas a la industria del petróleo y el oro.

En un artículo escrito hace un lustro mencionaba el inmenso empuje que China estaba impulsando con Latinoamérica y que significó, que entre los años 2005 al 2014 la República Popular China otorgara 120 mil millones de dólares a países de la zona, estableciendo además un fondo de inversión para la cooperación bilateral en áreas de biotecnología, minería y proyectos de infraestructura que superaron los 15 mil millones de dólares. En el decenio 2016 al 2026 se definió un proceso de inversión de 250 mil millones de dólares. Un crecimiento de inversiones de un 70% frente al 20% menos de Estados Unidos que va en franco retroceso y menor influencia. China ocupa hoy el espacio que Washington ha dejado en función de sus propias realidades, ya sea porque sus preocupaciones de superpotencia lo tienen con la mira puesta en sus intereses en Europa, Asia occidental y la zona en disputa del mar meridional de la China. Una visión estratégica de los gobernantes estadounidenses con una miopía en aumento tan grande como sus desafortunadas intervenciones en guerras de agresión en el Magreb y Asia Occidental. Unido a sus problemas internos, con una sociedad dividida y un presidente que genera tensiones y desconfianza en todos los continentes.

Es esta pérdida de influencia global, junto a la necesidad de desviar la atención sobre sus problemas sanitarios y políticos internos el que explica la política de Trump y su administración de enfocar la dirección de sus críticas contra China. País al cual Washington responsabiliza de la producción y propagación del Virus. Una acusación que se da, además, en el marco de guerra comercial y un fuerte cuestionamiento a la hegemonía en decadencia estadounidense. Un país más empeñado en cercar a la República Islámica de Irán, imposibilitar el desarrollo y ampliación a occidente de la Federación Rusa y tratar de impedir el desarrollo de China en el comercio global, tratando de sumergirla en conflictos como es el caso del Mar Meridional de la China, donde ha incitado a sus socios de la región, para presionar y tensar las relaciones con Beijing.

Donald Trump, al ser electo, dejó claramente establecido que “nuestro enemigo es China” y así lo ha concretado en su mandato, incluso generando un fuerte sentimiento antichino en la población, generando querellas impulsadas por abogados estadounidenses, que pretenden hacer pagar a China millonarias indemnizaciones por “propagar el virus y ser culpables de miles muertes en Estados Unidos”. Se ha generado, igualmente, la petición por los sectores más extremistas de la sociedad estadounidense de imponer decisiones migratorias, que impidan la entrada de estudiantes y trabajadores chinos. El llamado viene de políticos influyentes, como es el caso de Tom Cotton senador republicano por Arkansas, que ha llamado al gobierno a impedir no sólo que las mentes más brillantes de China sean entrenadas por Estados Unidos, sino que se impida que Beijing robe la vacuna contra el Covid 19 en una acusación que demuestra el temor atávico que se tiene con China.

La sinofobia está desatada en Estados Unidos y el mismo Cotton ratificó sus denuncias estereotipadas y que hunden sus raíces desde que los primeros inmigrantes chinos se instalaron en el oeste norteamericano a mediados del siglo XIX. Cotton afirma que "Los servicios de inteligencia chinos están tratando activamente de robar la propiedad intelectual de Estados Unidos en lo que se refiere al virus que lanzaron al mundo, porque, por supuesto, quieren ser el país que atribuya el mérito por encontrar los fármacos o la vacuna, y luego usarla como influencia contra el resto del mundo". A pesar de estos ataques, que esconden el profundo temor de Washington ante el avance global chino, el Dragón chino sigue despierto y con ansias de no dormirse en los laurales, que lo sitúan hoy como una de las principales potencias mundiales.

Geng Shuang, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, ha sido enfático en dar a conocer la posición de su gobierno: "Estas demandas estadounidenses son muy absurda y no tienen ninguna base legal. Desde que comenzó el brote, China ha actuado de manera abierta, transparente y responsable, y el gobierno de EE. UU. debería desestimar tales litigios vejatorios". Mientras los contagios y las muertes sean una constante en Estados Unidos los ataques contra China se van a intensificar, para Trump la búsqueda de un enemigo que oculte su pésima administración es prioritario.

NOTAS

  1. Uso este concepto en el sentido asignado por la pensadora chilena Marta Harnecker, quien sostiene que: “Tras la caída del socialismo ha cambiado radicalmente la correlación de fuerzas y nos encontramos en una etapa ultra reaccionaria...la Globalización plantea tres problemas fundamentales: la polarización creciente de la sociedad, el desastre ecológico hacia el que camina la humanidad y la expansión del modelo cultural estadounidense, que denominaré la Macdonalización de la cultura”. Harnecker Marta. Entrevista de Amelia Castilla. Diario El País. Sección Cultura. Madrid. España. Sábado 26 de febrero del año 2.000. Página 5. El pensador Alain Touraine, señala que la globalización no es otra cosa que, “la máxima expresión salvaje del capitalismo” y mirado así, el adoptar corrientes culturales como la expresada por la macdonalización resulta tan preocupante que se afirma que si a esa tendencia no se pone fin estamos en camino a convertirnos en apátridas, o en autómatas de la globalización.

Análisis: La trinchera que Europa necesita si no quiere morir en el fuego cruzado de EEUU y China

Jonathan Hackenbroich*

Si gestionar la crisis del coronavirus no fuera suficiente para los europeos, otro reto gigantesco acecha al continente: la amenaza de la coerción económica tanto de EEUU como de China, al tiempo que la competición entre las dos superpotencias aumenta. Europa ha fortalecido recientemente sus medidas de control de las inversiones extranjeras provenientes de fuera de la Unión Europea, pero también tendrá que construir nuevas herramientas para aguantar las amenazas directas y los efectos colaterales de la rivalidad entre EEUU y China.

Después del acuerdo comercial de la "Fase 1" de enero entre los EEUU y China, aumentaron las esperanzas de que los dos países al menos pausaran la batalla comercial hasta que se celebraran las elecciones de EEUU. Donald Trump tenía planeado vender el acuerdo como un logro frenando a Pekín. Pero el coronavirus ha permitido a Joe Biden decir que ese acuerdo era malo, envalentonando aún más a aquellos en la administración Trump que creyeron en la contención de China.

Trump y su secretario de Estado Mike Pompeo se han unido a la pelea, diciendo que han visto “grandes pruebas” de que el brote del coronavirus se originó en el Instituto de Virología de Wuhan, pudiendo haber sido fabricado por el ser humano. Los servicios de inteligencia estadounidenses están investigándolo y, por ahora, han sido cautos a la hora de saltar a las conclusiones. Pero la Administración prosigue en su intento de encuadrar esta crisis como un ataque chino a la seguridad nacional de Estados Unidos, que fue negligente en el mejor de los casos y criminal en el peor. Por lo tanto, Estados Unidos parece que intentará responsabilizar a China durante el resto del año. Dado que la Casa Blanca no cree ni en la diplomacia ni en el poder militar como instrumentos de política exterior, usará la coerción económica para hacerlo.

El plan de China

El debate en China es, por supuesto, más opaco. Pero sus acciones no lo son. Pekín se ha decidido a ganar influencia rellenando el vacío dejado por la falta de liderazgo de Estados Unidos. Para lograrlo, intenta aumentar la dependencia de terceros países con su economía y cadenas de valor y ya ha usado la coerción económica con el sector de la salud.

El gobierno chino está contraatacando a las alegaciones sobre el laboratorio de Wuhan con una propaganda antiestadounidense feroz en casa y con más coerción económica fuera de ella: cuando Australia pidió una investigación independiente para detallar el estallido inicial de la pandemia, por ejemplo, China amenazó con hacer un enorme boicot a productos, universidades y carne roja australiana del mercado chino. La coerción económica chocará contra la misma coerción económica y terceras partes como Australia o Europa se verán afectados de forma directa o indirecta.

Entonces, ¿cuáles son los cálculos estratégicos que están haciendo Estados Unidos y China? ¿Y por qué en esta gran crisis están arriesgando incluso parte de sus propios intereses económicos? Al principio podría parecer que estas crisis podrían desalentar a los gobiernos a no usar estas armas económicas por su efecto boomerang - un arancel chino también daña a la economía china, por ejemplo-. Pero para los jugadores que persiguen una estrategia de "máxima presión" a gran escala destinada a ganar una competencia bipolar de gran poder, las crisis económicas crean nuevas oportunidades para la presión.

Los líderes políticos alrededor del mundo están tan desesperados en sacar a sus países de esta crisis que, según esta lógica, estarán contentos de evitar cualquier medida que les lleve a sufrir un mayor daño. Por lo tanto, será más fácil que se plieguen a las peticiones de la superpotencia en cuestión. Funcione o no, EEUU ya ha puesto esta lógica en práctica endureciendo sus sanciones al principio de la crisis en países como Irán, Venezuela o Cuba.

La Administración Trump puede pensar parecido sobre los europeos y sus dilemas estratégicos: la industria automovilística está sufriendo grandes pérdidas, por ejemplo. La amenaza de un arancel contra los coches europeos podría hacer saltar la alarma entre los políticos alemanes. Para la Administración de Trump si aumentas la coerción económica puedes conseguir cambios en el comportamiento de esos países.

¿Vuelve el dilema del prisionero?

Voy más allá. En esta competición bipolar de superpotencias, hasta cierto punto, las ganancias o pérdidas relativas importarán más que las absolutas. Cuando el rival pierde más, China o EEUU estarán dispuestos a sufrir, siempre y cuando se puedan asegurar que el daño infligido en su economía no se nota tanto en el caos económico de esta crisis o no desencadena un gran número de críticos que se opongan a la medida.

Un acelerado nacionalismo y la indignación pública por las políticas del oponente pueden aumentar aún más el margen de maniobra geoeconómico de los líderes. Y, por último, el aprovechamiento de una dependencia unilateral que un oponente tiene de un determinado sector o producto siempre tendrá un coste económico inmediato bastante bajo, por lo que la crisis podría incentivar tales medidas en lugar de hacerlas menos viables.

En las próximas semanas o meses, estos acontecimientos podrían converger en una guerra feroz en general y una batalla económica en particular. Esto podría suceder una vez que la dependencia de EEUU de las importaciones médicas chinas haya disminuido, cuando las cifras de desempleo de EEUU se hayan disparado a niveles impensables en el pasado, cuando queden solo unos meses para las elecciones estadounidenses y cuando las consecuencias mortales de la reapertura temprana se vea más clara.

En ese punto, Trump podría desatar su furia contra China. Para prevenir esto, los europeos deberían planificar un escenario en el que prevean las precisas medidas que pueden tomar China y EEUU a cada momento. Ambos países cuentan a su disposición con una gran variedad de herramientas para provocar auténtico daño a los europeos. Si Europa no quiere verse implicada en el fuego cruzado, debería preparar sus defensas y contramedidas lo antes posible.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Jonathan Hackenbroich y titulado 'China, America, and how Europe can deal with war by economic means'

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