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Javier Benítez

Fin de la globalización económica. Es el mojón fundamental que emergió en 2018, provocado por dos sucesos fundamentales: la guerra comercial, y el cuestionamiento de la hegemonía del dólar. Así lo entiende el presidente de la Consultora Ekai Center, Adrián Zelaia, quien incide en que estamos ante la constatación del fin de un modelo de desarrollo.

Comienzo del fin de la globalización económica

Zelaia subraya que "frente a varias décadas en las que la globalización económica parecía un concepto, no sólo políticamente imparable, sino también casi una realidad física que se imponía por sí misma, nos hemos encontrado en estos años -y fundamentalmente diría que esto ha estallado en 2018- con un cuestionamiento del propio concepto de la globalización".

El analista incide en que el punto de partida de esta situación era el menos esperable: el propio EEUU.

"Mientras que el concepto de globalización antes era cuestionado por parte de colectivos de oposición en Occidente, de los países en vías de desarrollo, etc., de pronto nos encontramos con que el cuestionamiento más importante en este momento ha venido desde EEUU. Esto nos sitúa ante unas coordenadas totalmente nuevas de cara al futuro a las que seguramente podemos clasificar como el comienzo del fin de la globalización".

Esto se puede constatar en distintos ámbitos, según el experto, al indicar que uno de ellos es el de las guerras comerciales desatadas entre los partidarios del libre comercio internacional -aquel sin ningún tipo de obstáculos entre unos y otros países-, y los más intervencionistas, partidarios de que se establezcan barreras a este libre comercio. Esto se ha plasmado en concreto en medidas adoptadas desde EEUU, y lo más notorio ha sido esa guerra comercial que se ha abierto entre EEUU y China".

Para Zelaia, otro ámbito muy importante dentro de este inicio del cuestionamiento de la globalización, sería el del comienzo activo del cuestionamiento de la hegemonía del dólar.

"Durante 2018 hemos visto cómo distintos países -cada vez más, fundamentalmente entre los países emergentes- han adoptado acuerdos sucesivos de comerciar entre ellos, no en dólares, sino en sus propias monedas. Y esto poco a poco va arañando la capacidad del dólar, su potencial hegemónico como moneda de reserva internacional, que ha sido un aspecto central de la economía de EEUU y de su hegemonía política".

Fin de la reactivación

Los retos están siendo muy distintos en Europa y EEUU, observa Zelaia.

"Pero después de diez años del estallido de la crisis financiera nos hemos encontrado con un período de aproximadamente tres años de reactivación, y en este momento todas las previsiones han empezado a apuntar hacia abajo, hacia una pérdida del dinamismo del crecimiento, y a la vez, a los riesgos inmediatos de estallido de la burbuja financiera".

El analista explica que esto también ha permitido constatar cuál era la realidad de fondo: la de una reactivación que ha estado soportada sobre bases falsas, en la medida en que los riesgos globales que generaron el estallido de la crisis financiera en 2008, que se plasmaban básicamente en el sobreendeudamiento y en el riesgo -no de deuda- a través de derivados financieros, se siguen manteniendo. "No sólo no se han reducido, sino que en algunos ámbitos se han agravado", sentencia.

"El hecho de que esos riesgos estructurales se mantengan, o incluso se hayan agravado, evidencia por sí mismo el [hecho de] que esta recuperación no podía durar mucho tiempo, y ahora estamos viendo cómo de alguna forma estaba muy claramente ligada a las políticas monetarias expansivas que artificialmente han mantenido viva la economía occidental".

Fin o cuestionamiento del modelo de desarrollo occidental

Esto tiene dos aspectos, remarca Zelaia.

"Desde una perspectiva de corto plazo tenemos precisamente el hecho de que esta reactivación -la capacidad de desarrollo de la economía occidental- se estaba poniendo en marcha sin resolver los problemas estructurales que los crearon, fundamentalmente el sobreendeudamiento y el riesgo acumulado en el sector financiero".

El experto indica que también estamos en un momento en el que si contemplamos qué es lo que está pasando, cómo se está desarrollando esta reactivación, vemos cómo los problemas estructurales del modelo de desarrollo de largo plazo en el que Occidente lleva viviendo desde los años '70 u '80, tiene unos problemas estructurales que no se han resuelto, y de los cuales la clase política occidental parece que no sabe desprenderse o no sabe superar.

Son fundamentalmente el hecho de haber crecido durante décadas en base a un endeudamiento progresivo -público y privado de Occidente- desde los años '70.

"Ese endeudamiento impulsa artificialmente el crecimiento con los incrementos de deuda, pero genera decrecimiento cuando hay que pagar esa deuda".

"Entonces depende hasta qué punto seamos capaces de prolongar esa situación, mantener este crecimiento, o de alguna forma es posible que estemos trasladando el problema a nuestros hijos y que hayamos crecido durante cuarenta años a costa de generar pobreza para nuestros hijos. Estamos ante la constatación definitiva del fin de ese modelo de desarrollo que no da más de sí", sentencia Adrián Zelaia.

Fin de la política monetaria expansiva

Lo que ha ocurrido es que a partir del año 2012, tanto Europa como EEUU han desarrollado una política monetaria expansiva radical en dos direcciones: en la creación de más dinero a través de préstamos que se dan fundamentalmente para alimentar el sector bancario, y por otro lado reduciendo los tipos de interés a cero.

"Se han mantenido así hasta ahora, durante seis años aproximadamente en Europa, cuatro o cinco años en EEUU".

"Esto comenzó en el año 2012, no por casualidad, sino en buena parte como respuesta al fin de las políticas de rescate bancario que se desarrollaron desde 2008 hasta finales de 2010 aproximadamente. De tal forma que agotaron la capacidad de endeudamiento de las cuentas públicas, además de generar un coste político tanto a Europa como a EEUU: el sentimiento anti bancario se había exacerbado, entonces hubo un cambio político radical en Europa y EEUU ante ese término de las políticas de rescate, pero fueron sustituidas por unas políticas de expansión monetaria, que en base a otro pretexto, fundamentalmente pretendían mantener vivo el sistema financiero", concluye Adrián Zelaia.

2018 cerró un círculo dantesco y abrió un mundo multipolar

El año 2018 constituyó el final de un período que empezó en septiembre de 2008 cuando el capitalismo podría haber colapsado. Sin embargo, fue el inicio de un de un período que es el que acaba ahora en el que solamente un país relevante, que es China, puso en marcha un programa de infraestructuras de inversiones públicas masivo.

EEUU vs China

Ese programa del gigante asiático generó una mejora de su productividad y tecnología, que es la que ahora preocupa tanto al presidente de EEUU, Donald Trump, "como si los norteamericanos no hubieran tenido la posibilidad de hacer lo mismo, es decir, de invertir masivamente para elevar masivamente la productividad de su país". Así lo explica el Dr. Armando Fernández Steinko, profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

El analista señala que "lo que hizo EEUU fue gastar su dinero en financiar y rescatar a sus bancos, a su sistema financiero. Es decir, no hicieron inversiones productivas y eso ahora les pasa la cuenta [factura]".

La gran estafa de Occidente a sus sociedades

Respecto a esa década a la que al que se refiere Fernández Steinko, incide en que "en Europa ni siquiera se hicieron las inversiones financieras que se hicieron en EEUU, y en el mundo occidental se difundió la idea de que la crisis era un problema de escasez, de que la austeridad era necesaria porque 'habíamos gastado por encima de nuestras posibilidades'".

Algo que, según el analista, "es una cuestión ideológica, no tiene sustrato empírico real, y que permitió sin embargo aplicar políticas restrictivas de reducción de gasto público y el estancamiento de la creación de empleo. Eso ha generado en Europa una sensación de que no hay dinero y que por tanto, no podemos compartirlo con extranjeros, y por tanto 'vamos a por el extranjero' que es el responsable de que 'nos hemos quedado sin dinero', lo que está generando una desestabilización muy importante de los países occidentales con el auge de partidos de ultraderecha".

El profesor detalla la situación generada tras la crisis desatada en 2008, y cómo procedió en Europa.

"Se gastaron millones y millones de euros en rescatar a los bancos. Rescatar a un banco es decirle al accionista de ese banco que a pesar de que la empresa en la que él ha invertido, se ha equivocado y ha perdido dinero, nosotros, los ciudadanos que no hemos invertido en esa empresa, pagamos las pérdidas de esas empresas".

En este sentido, Fernández Steinko remarca que "esos bancos cuando ganan, reparten dividendos entre sus accionistas, pero cuando pierden, somos todos los demás los que pagamos el pufo, las pérdidas de esos bancos. Eso es una cosa increíble. Es un abuso del principio de responsabilidad limitada, de responsabilidad que regula a las economías capitalistas", manifiesta el experto.

"Lo que ha pasado es que en el momento en que las empresas han ido mal, hemos sido todos los contribuyentes los que hemos pagado eso, y eso es una enorme explosividad económica cuando después a esos mismos contribuyentes que han pagado los rescates bancarios, se les dice que no hay dinero para sus hijos ni para la seguridad social, a pesar de que están trabajando productivamente y 'han hecho bien sus deberes'. Por eso es profundamente injusto pero es un discurso que han difundido las élites occidentales, eso de que 'hemos vivido por encima de nuestras posibilidades', dice el analista.

Mundo multipolar: EEUU ya no puede evitarlo

Hay una tentación muy fuerte por parte de algunos Gobiernos de aplicar políticas unilaterales, según Fernández Steinko. "Eso es muy peligroso porque pone en duda todos los acuerdos, escritos y no escritos, firmados y no firmados, y genera una especie de jungla mundial en la que solamente los poderosos pegan más fuerte, y los que sucumben son los más débiles: una guerra sin cuartel entre unos países y otros. Eso es el caos que pensábamos que habíamos dejado atrás después del año '45 [la postguerra]. Sin embargo hay muchos países, y un sector importante de la opinión pública –incluso de países como EEUU– que no creen en el unilateralismo, sino que se dan cuenta que aunque los problemas son muy grandes, solamente se pueden solucionar de forma multilateral", observa.

2018: punto de inflexión en Medio Oriente

Para Fernández Steinko, el polvorín de Medio Oriente es un ejemplo clásico de la no aplicación de criterios de multilateralidad para solucionar problemas complejos, que significa que hay muchos actores, que hay intereses contrapuestos parciales que hay que equilibrar, que requiere de una diplomacia fina.

"Sin embargo, cuando se introducen las armas, se bombardean países, se exterminan Gobiernos, se interviene de forma masiva, como han hecho los EEUU en Asia y en Oriente Medio, todo eso se pierde y las soluciones terminan siendo de tipo militar, que en un lugar como Medio Oriente no pueden ser las soluciones únicas. […]  No ha salido bien, ha sido un auténtico desastre para el mundo occidental. No olvidemos que el problema de la desestabilización del Gobierno de [la canciller alemana, Angela] Merkel viene como consecuencia de la crisis siria que los propios países occidentales han contribuido a crear activamente", subraya el analista.

El profesor echa mano a la historia reciente para reforzar su análisis. "Recuerdo aquí una vez más que fueron los franceses los que apostaron por eliminar a [Muamar el] Gadafi y que la llegada migrantes a través de Libia es una de las más difíciles de parar precisamente por eso, porque han descabezado un Gobierno, que podía ser más o menos atractivo, legítimo o democrático, pero al menos era un espacio de orden relativo".

"Se ha bombardeado, se han exterminado a esos Gobiernos, se los ha quitado del poder sin reemplazo. Y es el origen de una desestabilización la propia Europa. Pero esto, si lo pensamos bien, demuestra la importancia del multilateralismo y eso las élites europeas lo están valorando de forma muy seria", explica el experto.

"Europa no pensaba que fuera a sufrir esas consecuencias porque pensó de forma unilateral. No se dio cuenta de que Oriente Medio forma parte de la realidad europea, como también el Este de Europa, Ucrania y Rusia. Entonces eso es una cosa que hay que solucionar de forma multilateral y no forzando la diplomacia en un sentido de enfrentamiento", concluye el Dr. Armando Fernández Steinko.

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