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Diego Pappalardo

Ya hemos comentado en otro texto que es improbable una coexistencia pacífica y colaborativa entre los hegemones israelíes e iraníes, ya que la disensión, la tirantez y el enfrentamiento  entre Israel e Irán corresponden a la dialéctica del Poder, emanada  ésta de la Biología y de la Historia. Por ende, es razonable que Israel e Irán estén en discordia y en amago de guerra.

La supervivencia y la soberanía del estado de Israel es un valor central en la perspectiva personal de Donald Trump, colocando por extensión y desde el gobierno, a la República Islámica de Irán como adversaria, pese a que Irán no es ningún enemigo para los intereses del pueblo de los Estados Unidos.

Mediante la influencia del multimillonario Sheldon Adelson, la perspicacia política de Benjamín Netanyahu y  la demanda de la base sionista-evangélica, que son apoyaturas reales y de peso para la permanencia de Trump en la Casa Blanca, el  espíritu del estado de Israel y su afán de conservación, empujan  al presidente Trump a crear (o recrear) las condiciones materiales de índole políticas, económicas y geopolíticas para contener y excluir a Irán de la comunidad internacional.

En el discurso que dio ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mandatario líder de Los Deplorables solicitó a sus pares aislar al país asiático, participar de la presión económica y diplomática contra Teherán porque “Los líderes de Irán han propagado el caos, la muerte y la destrucción” ya que, en boca de Trump, “no respetan a sus vecinos ni fronteras ni los derechos soberanos de las naciones”1, poseyendo armas nucleares.  Esta formulación es absolutamente coincidente con la narrativa de los halcones israelíes, con Adelson y Netanyahu a la cabeza, para los cuales, Irán quiere empecinadamente destruir a Israel, fortaleciéndose con un concreto circuito armamentístico nuclear.

Para nosotros, no hay evidencias confirmatorias que afirmen que Irán, hoy, se constituya en peligro mundial por una supuesta posesión de armas atómicas y, menos, que las tenga. Si las fabricó y las posee las debe tener muy en secreto o ya se deshizo de ellas, aunque, en teoría, nadie que tenga bombas nucleares prescinde de ellas; pero, en sentido estricto y por lo que se sabe, los estudiosos y los  organismos competentes no pudieron corroborarlo. Esto lo sigue reafirmando hasta nuestros días  la Agencia Internacional de Energía Atómica.

De todas maneras, si realmente tiene estas armas nucleares, creemos que deben ser inferior en cantidad a las bombas que almacenan los integrantes formales del club atómico, aún muy por debajo de Israel con sus centenares de bombas atómicas. Irán comunica constantemente que injustamente es un damnificado por la  propaganda y las falsas acusaciones, además de las sanciones de Washington y del estado de Israel. Sin abandonar los foros de discusión de temas mundiales, ejecutando los tradicionales aparatos diplomáticos y económicos y los nuevos mecanismos de interacción con otros componentes de la sociedad internacional, el liderazgo iraní resiste y capitaliza los problemas entre formaciones capitalistas y el proceso de modificaciones en la geopolítica mundial.

El plan de acción en curso contra la República Islámica de Irán que Donald Trump  exterioriza,  es sopesado por sus amigos y aliados de todas partes del mundo como claro, duro y eficiente. En contraposición, otras opiniones como la nuestra, vienen advirtiendo que es cierto que el enfoque sionista-trumpiano es franco y rígido, pero que el aislamiento político, la fisura diplomática, el bloqueo comercial y el ahogo económico de Irán no se  darán en la medida en que sus impulsores lo pretenden. Sin duda, los  efectos de la acometida sionista-trumpiana serán notables, afectando la economía particular  de muchos habitantes del país pero no conseguirán, como se dijo, todo lo que se propusieron los anti iraníes.

Para los emisarios políticos de los grupos que predominan en la Unión Europea, el plan rompe unilateralmente los pactos multilaterales, sienta un mal precedente en las relaciones internacionales y amenaza la arquitectura de la seguridad global. Sin embargo, lo que no dicen los voceros de esos grupos crematísticos europeos es que detrás de su posicionamiento se hallan factores especiales de interés estratégico y de finalidad  capitalista que son diferentes y rivales, a la vez,  de los que mueven a la conjunción trumpiana-sionista. Ciertamente, esos círculos de poder no desean transmutar a  Irán como potencia y como polo autónomo del sistema de coordenadas geopolíticas de Occidente  puesto que las fuerzas de las Finanzas Globalistas no contemplan esas posibilidades porque no les conviene, como tampoco esas centrales transnacionales cooperan en el jalonamiento del Gran Israel, hiriendo así y de modo severo,  el sueño sempiterno de los halcones sionistas.

Son esas asociaciones occidentalistas,  junto a las facciones directivas de las administraciones estaduales rusas y chinas, las que socavan la idea de una conflagración armada y en escala elevada entre los israelíes y los iraníes en el tiempo presente. Cada uno de esos núcleos de poder  que desaprueban la guerra israelo-iraní, lo hacen porque una colisión bélica de tal envergadura alteraría las correspondientes prioridades, la identificación y la jerarquización de los enemigos cardinales y la concentración de recursos fijados por sus planificaciones de equilibrio global.

Por ejemplo, para los arquitectos de la geoestrategia  británica, la guerra global tiene que darse ya mismo contra Rusia y no contra Irán porque el enemigo a destruir es la Federación Rusa.

La República Islámica de Irán no representa en estos momentos un peligro mundial para sus ambiciones, en cambio, Rusia como entidad de poder sí lo es por antecedentes históricos y por razones geopolíticas. En consecuencia, un enfrentamiento destructivo entre Israel e Irán retardará esa meta. Por otra parte, por el lado de Rusia y China, cuyos gobiernos guardan formidables conexiones con los niveles gubernamentales de Israel e Irán, se percibe que una guerra excesivamente brutal en Medio Oriente dificultaría sus planificaciones del encuadre multipolar (o tripolar).

La coincidencia es incidental y certifica una contradicción flagrante con las intenciones veraces que tienen las piezas sionistas del gobierno de Washington como John Bolton y Nikki Haley, para los cuales es sensato y vital una ofensiva militar norteamericana sobre Teherán, planteamiento que, hasta donde conocemos, tendría el disentimiento de Trump y terminaría en fracaso tanto por el cuadro que formulamos más arriba como por el generalizado rechazo de la población iraní que no tiene ninguna simpatía por los poderes dominantes en los Estados Unidos y en Israel. Por cierto, en círculos bien informados se  apunta  que la embajadora de los Estados Unidos ante Naciones Unidas, Haley, podría ser una posible figura electoral para presidente,  en la que apostarían los halcones sionistas si Trump, una vez  culminada con normalidad su función presidencial, retorna a la vida familiar y empresarial, y nadie de su ámbito afectivo tenga suficiente categoría para sucederle o, en la peor de las situaciones, sea revocado antes de  tiempo.

Así pues,  por un lado, los miembros de la comunidad mundial, independientes de los relatos  de Netanyahu y de Trump, concluyen en que no hay peligro iraní para la estabilidad  y la paz del planeta Tierra y, por el otro, la misma realidad del tablero internacional señala que la disputa del poder internacional, con sus interrelaciones, sus cambios y continuidades, incidirán en acotar el impacto de la reorientación anti iraní de la política exterior de Donald Trump.

Nota:

1-https://www.europapress.tv/Internacional/408232/1/trump-refiere-iran-dictadura-corrupta

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