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Georgina Higueras

La modernización del Ejército Popular de Liberación (EPL), iniciada por Deng Xiaoping hace casi 40 años, ha emprendido una carrera espectacular desde la llegada al poder de Xi Jinping, en noviembre del 2012. La creciente rivalidad entre China y EEUU ha llevado Pekín a proyectar su fuerza más allá de su entorno, con un portaaviones operativo y dos en construcción, una primera base militar fuera de su territorio -en Yibuti-, un gran despliegue de instalaciones en las disputadas aguas del mar del Sur de China y una abrumadora capacidad de cíberpoder.

El actual proceso de reforma del EPL es el más importante desde su fundación en 1927. Xi, el único líder que se ha autonombrado comandante en jefe, está empeñado en elevar la capacidad de combate del Ejército más numeroso del mundo, con dos millones de efectivos, tras la reducción de 300.000 realizada en los dos últimos años dentro del intento por conformar unas tropas más móviles y eficaces, “capaces de repeler, si fuese necesario, a cualquier enemigo”.

Aunque Pekín descarta una contienda de aniquilación total con EEUU, su política exterior más asertiva y expansiva en los adyacentes mares del Este y del Sur de China choca con la voluntad estadounidense de seguir patrullando esas aguas y apoyar en contra de China las reivindicaciones de sus aliados y amigos, Japón, Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunei, lo que puede desencadenar un conflicto armado.

Transformación desde el interior

El pasado febrero, China dio un paso más en el reforzamiento de su presencia militar en esas conflictivas aguas y ordenó el despliegue del avión furtivo J-20, uno de los pocos cazas de quinta generación del mundo. El anuncio de que la fuerza aérea patrullará de forma regular el mar del Sur de China con J-20 y con algunos de los 24 Sukhoi-35 recién comprados a Rusia es, según el diario oficial 'Global Times', “una advertencia” a Washington y a los demás países de que “China no se dejará intimidar y defenderá su integridad territorial”.

Xi ha abordado la transformación del EPL desde el interior. Por una parte, ha puesto fin a las regiones militares para evitar viejos problemas del caciquismo, y las ha sustituido por teatros de operaciones, cuyos mandos responden ante la Comisión Militar Central y son los responsables de “planear, dirigir y apoyar las operaciones conjuntas” con las que hacer frente a las amenazas de seguridad, mantener la paz y limitar eventuales conflictos. Por otra, ha dividido el EPL en cinco cuerpos. A los tradicionales de tierra, mar y aire, ha añadido una fuerza de misiles y otra de apoyo estratégico. La fuerza de misiles incluye los cohetes de medio y largo alcance, convencionales y nucleares, así como sus lanzaderas, tanto desde las crecientes flotas de submarinos y aviones estratégicos, como de superbombarderos. La fuerza de apoyo estratégico engloba a las espaciales, las cíberfuerzas y otras con capacidades electromagnéticas. Está vinculada a la investigación en inteligencia artificial y tecnologías hipersónica y cuántica de la Academia de Ciencias Militares.

El Libro Blanco de la Defensa de 2015 impone el abandono de la mentalidad tradicional, que prima la tierra sobre el agua, y destaca que la defensa china debe de ser “activa” y no limitarse a las aguas del este de Asia. En este sentido, otorga un nuevo papel defensor a la Armada en aguas profundas. También echa al cajón de la historia las artes militares de Mao Zedong, basadas en la guerra de guerrillas y en un ejército de campesinos. Ahora se promociona una milicia de ingenieros especialistas en tecnología de la información y el ciberespacio.

Las complejidades de una guerra moderna

China no ha librado una guerra desde 1979, cuando quiso castigar a Vietnam por invadir Camboya, y solo salió victoriosa por su aplastante superioridad numérica. Altos mandos militares reconocen que el EPL carece de experiencia en las complejidades de una guerra moderna y en la coordinación de las distintas fuerzas, por lo que todas las transformaciones ordenadas por Xi Jinping van encaminadas a suplir estas carencias. También son de gran utilidad las maniobras militares conjuntas con Rusia, que cada año revisten mayor complejidad, mayor número de efectivos y se realizan en mares más lejanos, incluidos el Mediterráneo y el Báltico. China comenzó en el 2005, en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghai, estos ejercicios conjuntos que, bajo el mandato de Xi, han adquirido una enorme importancia estratégica, en línea con el reforzamiento de las relaciones entre Moscú y Pekín.

Xi Jinping insiste en que China no tiene intenciones expansionistas ni belicistas, y que la modernización del EPL solo pretende adecuarlo a la defensa del siglo XXI y al peso de China, pero la rapidez de su avance ha desatado una peligrosa carrera armamentista no solo entre sus vecinos sino también en EEUU, que pretende renovar todo su arsenal nuclear y ha declarado a China y Rusia como las principales amenazas a su seguridad, en lugar del terrorismo.

Fuente: El Periódico

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