Juanjo Fernandez

Desde la altura que domina el terreno se ven unos vehículos avanzando hasta la cima de una pequeña ladera. Son blindados VCI Pizarro, una sección mecanizada que ocupa la pequeña altura y que comienza a hacer un nutrido fuego con sus cañones de 30 mm. Una gran cortina de humo surge de la nada delante de ellos. La ha lanzado la artillería para cubrir el avance de la infantería y de los carros de combate. De repente, dos helicópteros de ataque Tigre surgen por detrás y atacan con lanzamientos de cohetes no guiados SNEB de 68 mm. Todo esto, sin que lo sepamos, se está monitorizando desde el cielo, a gran altura, con drones Searcher y Atlantic.

Esta es parte de la tecnología que, con luces y sombras, hemos podido ver esta semana en el Ejercicio Toro 19, el mayor que realiza el Ejército de Tierra español. Se trata de unas maniobras a nivel División y las cifras hablan por sí solas: 6.000 militares, 750 vehículos, 12 helicópteros y cerca de 15 drones son las fuerzas involucradas en este macroejercicio. Es de máxima exigencia, se trata de un ensayo de guerra simétrica, es decir, contra un enemigo dotado de capacidad militar similar y en el que la tecnología propia puede ser anulada e incluso superada.

La situación simulada es la de un país costero ficticio (Skolkan), aliado y miembro de la OTAN, que ha sido invadido por su vecino, con históricas reivindicaciones territoriales. Tras invocarse el artículo 5 de la Alianza, que considera el ataque a un miembro como un ataque a todos, se pone en marcha una Fuerza de Respuesta de OTAN que, en una primera fase, desplegaría en otro país vecino y aliado, en una Fase 2 realizaría una contención del enemigo impidiendo su progresión y en una Fase 3 buscaría la derrota y expulsión de las tropas invasoras. Formando parte de esta fuerza está la División española, cuya misión sería recuperar la capital y la segunda ciudad en importancia, actuando conjuntamente con unidades de otros países.

La mayor parte de los efectivos se han movilizado en San Gregorio (Zaragoza) llevando el mayor peso de la acción la Brigada “Aragón” I, que participa casi al completo. También hay importantes efectivos en Chinchilla (Albacete), donde actúa el grueso de las FAMET (helicópteros del Ejército) en apoyo de las acciones de la Brigada Paracaidista, que ha desplegado allí. Hay, por último, otros efectivos en Badajoz, Valencia, Galicia, Asturias y otras localizaciones.

Helicópteros en acción

Los helicópteros aportan movilidad, transporte de cargas y apoyo con fuego. Para estas funciones las FAMET llevaron helicópteros de maniobra AS332 Súper Puma, AS532 Cougar y un SA330 Puma, este último un aparato francés. Los Cougar son la versión militar y más moderna del Puma y Super Puma. Son helicópteros que han dado mucho juego pese a ser modelos derivados de helicópteros civiles y no desarrollados específicamente con fines militares, aunque ya se encuentran en fase de sustitución por el más moderno NH-90 Caimán, que constituirá la espina dorsal de los helicópteros de maniobra.

Junto a los helicópteros de maniobra, que son como los utilitarios válidos “para todo”, se desplegaron dos helicópteros de transporte pesado CH-47 Chinook del BHELTRA V. Se trata de un magnífico modelo para transporte pesado con gran capacidad de carga, tanto de material como de personal. Pieza clave en las FAMET, estos helicópteros van a sufrir un importante (y necesario) programa de modernización que les va a mantener en activo en perfectas condiciones.

Entre las acciones realizadas por la Brigada Paracaidista con el concurso de helicópteros destaca la toma simulada de un puente (representado por la presa de Ontur, Albacete) o el asalto helitransportado llevado a cabo por la Tercera Bandera “Ortiz de Zárate”, donde 300 paracaidistas con su material fueron llevados en cuatro oleadas para atacar unas posiciones defendidas por el enemigo.

Para el ataque el Ejército cuenta con el helicóptero Tigre (EC665), la “joya de la corona” de FAMET y un gran helicóptero de combate, muy moderno, bien preparado y actualizado con la mejor tecnología. Su misión es apoyar a las fuerzas de tierra con sus armas: cohetes SNEB de 68 y 70mm, misiles contracarro SPIKE-ER (muy eficaces, de los mejores del mundo) y con su cañón de 30 mm situado en el morro y que puede actuar con total precisión. También proporciona escolta a los helicópteros de transporte y maniobra.

Blindados: cara y cruz de una moneda

Es en el capítulo de medios blindados donde el Ejército dispone de carros de combate y vehículos de combate de infantería (VCI) de primer nivel, pero donde otros tipos de medios acorazados dejan bastante que desear.

El carro Leopardo es un magnífico vehículo acorazado. Su blindaje compuesto, su cañón de 120 mm de eficacia más que probada, su sistema de mando y control BMS-LINCE (que potencia sus capacidades), su alta movilidad y el elevado nivel de adiestramiento de sus tripulaciones, contrastado internacionalmente, hacen de este carro de combate un arma temible. Algo muy parecido podríamos decir del VCI Pizarro, un vehículo de cadenas bien armado, con capacidad para transportar un pelotón de fusileros en su interior y mejorado en Su Fase II (segunda tanda de construcción) que es visto con interés por los ejércitos de otros países.

Sin embargo, el Leopardo, que aún tiene vida por delante, necesita una ser modernizado de forma urgente si queremos que lo dicho anteriormente de él se mantenga en el tiempo. Los avances en cañones, proyectiles y sobre todo misiles, hacen que su protección deba ser mejorada. Esto afecta no solo a la defensa pasiva (el blindaje en sí) sino a la implementación de sistemas de protección activa (como el TROPHY israelí o el ADS alemán) que combaten el misil entrante antes de que llegue a impactar en el carro. También precisa mejores ópticas y sistemas de tiro, adaptándose a los avances tecnológicos. Respecto al Pizarro, no debería abandonarse una futura modernización que incluyera la instalación de misiles contracarro como el SPIKE, ya en uso por el Ejército.

En este ejercicio Italia ha tenido una presencia muy importante en número de efectivos y en la calidad del material desplazado a San Gregorio, que ha consistido en el Primer Batallón al completo del 82º Regimiento de Infantería “Torino”, perteneciente a la Brigada “Pinerolo”, una de las mejores del ejército italiano. Esta unidad utiliza vehículos Freccia de 8 ruedas, equivalentes a lo que deberá ser nuestro futuro 8x8 Dragón, pero ellos los tienen desde hace años. Desplegaron 40 de estos vehículos en tres versiones distintas, la de transporte de personal (para un pelotón) con torre tripulada armada de un cañón de 25 mm, la de combate contracarro, armada con torre tripulada y cañón de 25 mm pero también con lanzador de misiles SPIKE, recargables desde el interior y por último, una nueva versión portamortero de 120 mm, con un diseño muy funcional y unas extraordinarias capacidades de tiro. Esto en unos vehículos de alta movilidad y con unos pesos entre las 26 y 29 toneladas.

Frente a este despliegue de potencia y modernidad, los zapadores todavía trabajan con sus viejos TOA (el venerable M-113 americano), un vehículo que salió buenísimo… en la Guerra de Vietnam. No es de recibo que los zapadores no dispongan aún de un material moderno, cuando son precisamente las unidades que deben ir en vanguardia abriendo camino al resto de unidades. La visión de nuestros zapadores, adelantándose bajo un simulado fuego enemigo, con sus vetustos y mal protegidos transportes, saliendo de los mismos a pie para realizar la voladura de un campo de minas porque todavía no han llegado las esperadas “mangueras” (un grueso cable explosivo que se lanza sobre el campo de minas abriendo un camino) para después ver pasar por la brecha abierta una compañía italiana con sus flamantes y modernos 8x8, no es reconfortante. El nuevo vehículo Castor (derivado del Pizarro) para ingenieros ya debería haber estado en servicio hace años.

Y algo parecido podríamos decir de la caballería o la artillería. Los primeros todavía trotando con el VEC y esperando con ansiedad el futuro 8x8 con torre tripulada (tripulada, un detalle que no debe pasar inadvertido) para reemplazar sus viejos vehículos de seis ruedas y sin planes concretos sobre la modernización de sus Centauro. De los segundos baste decir que siguen casi con las mismos autopropulsados M-109 que llegaron en 1978.

Más allá de los puntos débiles, hay otros aspectos que sí se están moviendo a la velocidad que pide la modernización tecnológica. El general Fernando García González-Valerio, máximo responsable de la ejecución del Ejercicio Toro 19, señala uno de ellos: los drones. "Nos hemos impuesto gestionar un espacio aéreo muy saturado donde no solo hay aviones, helicópteros y fuegos de artillería, también RPA’s (drones), de los que estamos utilizando seis modelos diferentes”, explica a este diario.

Los drones han llegado para quedarse y en este ejercicio, por vez primera, el Ejército ha puesto en operación todos sus modelos. Entre ellos el más ligero es el Raven, un pequeño modelo que se lanza a mano y es utilizado para, como se dice militarmente, “ver al otro lado de la colina”. Más pesado, aunque aún de clase I, para uso de batallón tenemos el Fulmar X (diseño nacional) con autonomía de 8 horas y, más pesados y complejos, el Atlantic (también nacional), un UAV de 50 kg con autonomía de 5 horas y el Searcher, modelo israelí clase II con 15 horas de autonomía. La mayoría están configurados con ópticas diurnas e infrarrojas que permiten unas buenas capacidades de reconocimiento, observación y, en algunos casos, de iluminación de objetivos mediante láser.

Fuente: El Confidencial

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