Javier Benítez, Fernando Salgueiro

Augusto Ferrer-Dalmau Nieto llegó a Siria el 29 de septiembre como un soldado más entre las tropas del Ejército ruso. En lugar de un fusil, este pintor de batallas español llevó entre sus manos un arma mucho más poderosa: una libreta. En ella apuntó la esencia que más tarde plasmará en un cuadro que dará cuenta de la verdad vista en Alepo.

"La idea de ir a Siria surgió hace cerca de un año, cuando me invitaron a visitar el taller Grékov de pintura militar, en Moscú, a través del embajador y del Ministerio de Defensa de Rusia. Y hablándolo salió el tema de que yo había pintado en operaciones y en misiones en otros países. Y dije que yo quería conocer Rusia porque no conocía al soldado ruso. Dije que no lo conocía y que quería pintar Siria", explica Ferrer-Dalmau Nieto a Sputnik.

Soldado con la mente rasa

La conversación que comenzó en el taller Grékov pasó de ser una simple anécdota a la excusa perfecta para que el Ministerio de Defensa de Rusia lo invitase a recorrer las calles devastadas de Alepo en compañía de las tropas rusas. La idea, dice, era ver con sus propios ojos la guerra de Siria, de la que no se habla demasiado. "Es una guerra de la que no se ha dado mucha publicidad en imágenes. No tenemos una iconografía gráfica", explica.

Una peculiaridad que ha permitido al considerado como mejor pintor vivo de temática histórica y bélica de la actualidad —Académico de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco, Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil—llegar a tierras sirias sin ninguna imagen preconcebida, sin ninguna idea de lo que se iba a encontrar y, lo más importante, sin prejuicios que acabasen empañando la vista de este artista privilegiado del óleo.

Reconoce a Sputnik que haber llegado a Siria con una mente muy abierta, muy optimista y con muchas ganas de ver cosas ha sido lo que más le ha gustado de este viaje.

Probablemente sea este uno de los motivos por los que Ferrer-Dalmau haya acabado definiendo su experiencia con los soldados y con los oficiales rusos como una de las más bonitas que ha vivido.

"Ha sido muy bonito. He compartido el día a día con un ejército, para mí, muy similar al español. Nadie tenía conocimiento de cómo era porque no ha habido extranjeros que hayan convivido con el Ejército ruso en operaciones en el día a día".

"Me he sentido en casa"

La misma experiencia le ha servido para romper "muchos mitos y muchos moldes" preconcebidos. El Ejército ruso que se ha esforzado por mostrar Hollywood —"uno villano y un esperpento de ejército", dice— solo existe en la gran pantalla. Y es que después de haber desayunado, comido y dormido con los soldados sabe que son "muy disciplinados, muy ordenados, buenas personas y gente muy simpática y cariñosa".

"He visto que muchos soldados leían, algo a lo que estoy poco acostumbrado. Se me ha desmontado el mito del ejército ruso duro y malo", explica. Reconoce que se ha sentido con los soldados protegido y tranquilo. Exactamente igual, pone como ejemplo, que cuando ha ido acompañado de soldados españoles en las innumerables misiones que ha tenido la oportunidad de plasmar en sus lienzos.

"Me he sentido como en casa. Como en casa. Como cuando voy con el Ejército español. Exactamente la misma sensación. Me sentía en casa", dice con cierto tono de sorpresa. Visiblemente contento, añade que el Ejército ruso lo condecoró con la medalla de la misión.

 

La medalla del Ejército ruso como reconocimiento a la lucha contra el terrorismo internacional. El cuadro de Ferrer-Dalmau será un alegato contra este y a favor de la paz

Ferrer-Dalmau se levantaba con los soldados de buena mañana, desayunaba con ellos e iba donde ellos iban. Comía allí donde podían. A veces, en una base rusa si tenían la suerte de tener una cerca. "Hacía cola con los soldados, con mi bandeja, como cualquier soldado", insiste. Veía lo que hacían a diario y estos lo acompañaban allí donde creía que habría material para su obra. Al cabo de unos días, comprendió cómo debía ser su cuadro.

Pintar la historia

Los 10 días que ha pasado este pintor barcelonés de 54 años en Siria han servido para que en su libreta le dé forma a ese lienzo. El óleo deberá dar cuenta de los horrores de una contienda que ya dura siete años —de las calles devastadas, de los edificios en ruinas y del escenario dantesco— pero, sobre todo, de la humanidad que vence al miedo como vence la calma a la tormenta. Quiere que sea, dice, "una imagen humana" de lo que es la misión del Ejército ruso.

"Quiero que en el cuadro se vea la ayuda. Quiero que se vea la operación que está haciendo el Ejército ruso con la población civil. El cómo se está volcando todos los días… Hay un plan de desarrollo, hay un plan de ayuda… Eso yo lo he visto con mis propios ojos", subraya. No hay duda: el cuadro deberá ser humano.

Durante el tiempo que ha estado en Siria se ha limitado a tomar "apuntes, anotaciones y esquemas" y a escribir sobre aquellas cosas que le han llamado la atención para acordarse de ellas cuando volviese a Madrid. También ha tomado fotografías de detalles, de edificios y de soldados. En fin, de material para construirse un repertorio; un catálogo de la guerra de Siria: el atrezo con el que más tarde deberá dar vida a su obra.

Tiempos más tranquilos

Ya ha vuelto a Madrid y se va a tomar las cosas con calma, pero sin dormirse en los laureles. Es momento, dice, de aglutinar todas las anotaciones para tener una imagen de lo que quiere pintar. Esa imagen "ya la tengo en la cabezota", dice. Pero eso no ha evitado que ya tenga la casa "llena de papeles por el suelo, con mil cosas y mil fotografías que tengo que clasificar". Insiste: "¡Es que la verdad es que el cuadro lo tengo! ¡Lo tengo en la cabeza! ¡Lo tengo más o menos dibujado! Pero tengo que ir encontrando todos los elementos para ir casándolos".

Ferrer-Dalmau ha estado dos veces en Afganistán —una de ellas con los españoles—, otra en el sur junto con georgianos y estadounidenses, otra en el Líbano, en Mali con la Unión Europea, con la OTAN y con la ONU…

Todas, al menos aquellas misiones españolas, las ha acabado inmortalizando en cuadros que ahora cuelgan en los museos de todo el mundo. Todas las misiones son similares. Dice que lo que cambia "son las personas". ¿Es posible que la de Alepo haya sido un poco más diferente? El deseo de este pintor de batallas es nítido.

"Quiero que la gente, cuando pasen los años y vea el cuadro, diga: 'Mira, Alepo era así hace 100 años. Ahora es así'. Quiero que quede esa constancia. Es un documento histórico. Quiero que digan: 'Mira, esa calle la pintó Ferrer-Dalmau, que estuvo ahí, que fue a verla, que estuvo con los soldados cuando aún estaban en guerra. Quiero que sea un documento histórico".

Calcula que en acabar su obra —de unos dos metros de ancho— tardará, como mínimo, ocho semanas. Por ahora se empaña de la inspiración desperdigada por el suelo de su casa. Así que espera tenerla acabada en mayo de 2019. El cuadro, dice, deberá quedarse en Rusia porque "es parte de su historia". Es en Rusia, dice, donde tiene que estar. Le gustaría que el cuadro recorriese otros países antes de descansar definitivamente en Moscú. Un deseo que sería más fácil de cumplir "si fuesen tiempos más tranquilos".

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