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Oleg Yegórov

La crisis de los misiles de Cuba de 1962 llevó al mundo al borde del abismo. EE UU pedía a la URSS que retirase sus misiles nucleares de Cuba mientras que Moscú insistía en que Washington quitase antes sus misiles de Turquía.

El presidente John F. Kennedy ordenó a la Marina de EE UU que bloquease Cuba. Nikita Jrushchov reaccionó con el envío de cuatro submarinos Foxtrot, equipados con torpedos nucleares. El 27 de octubre el desastre anduvo cerca. Los soviéticos, que tenían una base en la isla, derribaron un avión espía U-2 estadounidense y mataron al piloto. La guerra estaba a un paso.

Tensión sin precedentes

Entonces la situación empeoró todavía más. Fuera de las costas de Cuba, 11 destructores de EE UU y un portaaviones rodearon un submarino soviético B-59. No sabían que los B-59 estaban equipados con armas nucleares y comenzaron a lazar cargas para forzar al submarino a subir a la superficie. Los oficiales soviéticos tenían que decidir si responder o no.

El capitán del submarino, Valentín Savitski, intentó contactar con Moscú, pero no había ninguna línea abierta. Las cargas explotaban cada vez más cerca. “Parecía que estaba sentado en un cañón de hierro y alguien te pegaba con un mazo”, explicó posteriormente Vadim Orlov, oficial de inteligencia en el B-59.

El submarino se estaba quedando sin energía ni aire y necesitaba subir a flote pero la tripulación no sabía si los estadounidenses les iban a disparar o no. ¿Quizá ya había empezado la Tercera Guerra Mundial?

Arjípov entre en escena

Tres oficiales tenían que tomar una decisión. Subir, siguiendo las peticiones de los estadounidenses o lanzar los torpedos, incluyendo uno nuclera. Según Orlov el capitán Savitski estaba listo para atacar, así como también lo estaba el oficial político.

Orlov declaró que Savitski, nervioso y seguro de que la guerra ya había empezado, gritó: “¡Vamos a explotarlos ahora! ¡No vamos a deshonrar a nuestra marina!”. Sin embargo, el tercer oficial, el capitán Vasili Arjípov, que estaba al cargo de toda la flotilla, convenció a sus compañeros de que lanzar un torpedo nuclear era un decisión demasiado peligrosa.

El B-59 subió a la superficie y pidió a los buques de EE UU que cesasen sus provocaciones. Fue obligado a abandonar las aguas cubanas y a volver a la URSS, junto con otros submarinos. Pero una de las claves fue que la tripulación evitó un choque a gran escala. Al día siguiente, el 28 de octubre de 1962, Jrushchov y Kennedy llegaron a un acuerdo. La crisis de los cubanos había llegado a su fin.

Sobreviviente del K-19

Una de las razones por las que Savitski hizo caso a Arjípov fue por la autoridad que tenía tras largos años de servicio. El episodio por el que se hizo famoso entre las tripulaciones de submarinos ocurrió un año antes de la crisis de Cuba.

En 1961 Arjípov servía en un submarino nuclear K-19, de pésimo recuerdo por sus problemas y accidentes, que llegó a tener el apodo de “Hiroshima”. En julio de 1961, el K-19 realizaba ejercicios en el Atlántico norte cuando el reactor nuclear se averió y comenzó a perder líquido refrigerante.

La radiación aumentó peligrosamente y la tripulación y varios oficiales entraron en un estado de pánico y trataron de rebelarse. Arjípov, primer oficial y uno de los pocos que mantenía la calma, fue capaz de organizar una evacuación en buenas condiciones. Un año después, en Cuba, volvió a hacer gala de ese temperamento.

Héroe desconocido

Arjípov no recibió ningún halago después de que se resolviera la crisis, al menos de manera oficial. Toda esta historia se mantuvo clasificada. El militar continuó sirviendo y llegó a ser vice almirante en 1981. Después de retirarse vivió tranquilamente con su familia en la región de Moscú.

En 2002, durante una conferencia dedicada al 40 aniversario de la crisis de los misiles de Cuba, el oficial de inteligencia Vadim Orlov reveló los detalles de aquellos sucesos, incluyendo lo cerca que estuvo el desastre nuclear y del papel desempeñado por Arjípov para evitarlo.

Thomas Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de EE UU, comentó profundamente impresionado: “La lección de todo esto es que un tipo llamado Vasili Arjípov salvó el mundo”. Los conferenciantes estuvieron de acuerdo, pero no pudieron escuchar la opinión de Arjípov. Había muerto cuatro años antes, en 1998.

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