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Cataluña 14-F: la Generalitat ha perdido

Comentar lo que ocurrió ayer en Cataluña es simple: para la mitad de los catalanes no ocurrió absolutamente nada que fuera de interés. Ninguna sigla de la amplia opción (25 candidaturas) interesó a la mitad de los catalanes. Pero lo significativo no es este desinterés, sino cómo se distribuyó. Solamente esto, explica los resultados que se produjeron. Ni en los catorce días previos de campaña electoral, ninguna sigla consiguió “emocionar”, ni movilizar el voto. Y esto, y no quien fue el vencedor, es lo más interesante de esta jornada electoral.

DESINTERÉS Y DESAFECCIÓN

El que los porcentajes de voto hayan bajado 22 puntos en relación a 2017, es importante, pero, mucho más importante es preguntarse por qué. Obviamente, el Covid y el terror sembrado, tienen algo que ver, pero no hay que exagerar: podía votarse por correo y, si se hubieran esforzado un poco, hubiera podido votarse telemáticamente. Pero la cuestión es:

1) Que solamente votó la mitad del electorado (como ocurrió en Galicia y en el País Vasco anteriormente).

2) Que la “abstención” no afectó de manera igual a todos los partidos: dos sectores se vieron favorecidos: ERC, JxCat y Vox.

3) Que no solamente hubo desinterés el día de las votaciones, sino que la campaña electoral careció de ritmo y vida (salvo para los que consideraron un deber arrojar piedras sobre Vox).

Y esto no puede explicarlo solamente el Covid, en un momento en el que la curva de contagios ha bajado y nos encontramos entre ese interregno entre la “tercera” y la “cuarta” ola.

Y no hay que confundir: un 20% del electorado, no suele votar por las razones que sean, pero un 22% más es demasiado como para pensar que solamente el virus ha sido el culpable. Hay otra explicación mucho más simple:

- El ciudadano medio tiene la sensación de que la “administración” lleva un año fallando (la asistencia sanitaria, especialmente, la educación, las oficinas municipales…), y el nacionalismo se ha preocupado de identificar obsesivamente “administración” con “generalitat”. De hecho, en Cataluña no existe otra “administración” pública que la elefantíasica burocracia de la gencat. Si la “administración” se apaga, una parte sustancial de los ciudadanos tiene tendencia a pensar que es a causa de la gencat… no de quien la gestiona, sino de la estructura de poder regional.

- El ciudadano medio desde, algo así como 2004, viene percibiendo que todo lo que tiene que ver con la gencat es la discusión en torno al “autogobierno”, “el ejercicio del derecho a la autodeterminación”, el “referéndum soberanista” y demás conceptos repetidos obsesivamente desde la plaza de Sant Jaume. Y tiene la sensación de que esta cantinela va a seguir, incluso aun cuando un socialista se siente en la poltrona de la presidencia (no olvidemos que toda esta marejada de consignas apareció cuando Pascual Maragall era presidente de la gencat.

- Al ciudadano medio le resulta imposible olvidar que desde hace algo más de 10 años, cualquier noticia sobre la gencat difundida en los medios, tiene que ver con el “proceso soberanista” y no con el bienestar de los ciudadanos. La gencat, por así decirlo, ha difundido de manera militante el ideal independentista. Ha gobernado -y esto es lo importante- para un sector de Cataluña, no para toda Cataluña. Y esto, especialmente en momentos de crisis, lo ha percibido el electorado.

El resultado de todo esto ha sido la DESAFECCIÓN de la mitad del electorado por cualquier cosa que tenga que ver con la gencat: es la sensación que impregna a muchos ciudadanos catalanes de que “esto no va conmigo”, “la gencat gobierna para los suyos”, “los indepes de la gencat solamente se preocupan de la independencia y el resto les trae al fresco”, “¿la gencat? ¡que le den!”.

Ayer, hasta las 10:30, cuando la absurda ordenación anti-covid de la gencat, obligó a cerrar los bares, lo que se oía en las conversaciones era DESAFECCIÓN hacia todo lo que pudiera emanar de la institución autonómica… incluidas unas elecciones.

Y esto, solamente, explica la distribución anómala de la abstención que puede resumirse así:

- En las zonas nacionalistas la abstención ha sido menor que en “Tabarnia” o en las zonas en las que el independentismo es más débil.

- En las zonas de mayor implantación “constitucionalista”, la abstención ha sido mucho mayor (no llegando a veces ni al 45%).

Esto implica que los principales afectados por la abstención han sido los partidos “constitucionalistas” y, por sí mismo, explica, que la caída en picado de Cs, no haya sido recuperada por ningún partido (salvo, algunos votos por Vox):

La abstención ha afectado especialmente a los “constitucionalistas”.

Quienes han ido a votar, mayoritariamente, han sido: por un lado, los nacionalistas empeñados en que tienen más del “50% de los votos” (como si una fotografía electoral en un momento dado, del 51% de los votos fuera suficiente para justificar la independencia, idea a la que se van a aferrar en los próximos meses) y, por otro, los “estatalistas” (no, los “constitucionalistas”) que están hartos de la deriva de la gencat desde 2004 y están dispuestos a manifestar su protesta votando, no a los más agresivos, sino a los que, de hecho, han sido víctimas de los más agresivos durante la campaña electoral: Vox.

LA "VICTORIA" PÍRRICA DEL NACIONALISMO INDEPENDENTISTA

Sumado, el voto independentista (ERC+JxC+CUP) supone el 47,45%... ¡del 50% del total de la población catalana! Es decir, en la práctica, algo menos de un 24%. Y estas cifras ya están mucho más próximas a la realidad lingüística catalana. Hay una cifra que indica cuál es el techo máximo del independentismo: el 35% de usuarios de la lengua catalana habitualmente que, no mayoritariamente, pero sí significativa, utilizan el catalán el 100% de su tiempo (y, en buena medida, solamente ven TV3).

La diferencia entre el 23% de votantes independentistas y ese 35% (deducidos los que, por supuesto, votan al PP o al PSC) son los “nacionalistas” con miedo al Covid que no han votado. Pero en unas elecciones normales, el bloque indepe no podría tener más allá de ese 35%. Si en alguna ocasión ha tenido más ha sido, simplemente, porque cada vez más, la gencat se ha convertido en portavoz, encarnación y gran timonel del “procés” y ha utilizado las “armas institucionales” (TV3, Catalunya Radio, prensa subsidiada, subsidios a la sociedad civil favorable) a su favor, creando el espejismo que se disolvería si, un buen día, el nacionalismo fuera apartado de la gencat.

Las declaraciones de los dirigentes indepes no dejan lugar a dudas: creen que han vencido, como en su infinita ingenuidad (o idiotez; recordar: “La República Catalana no existe, idiota”) porque sumados se aproximan a ese 51% mítico para ellos.

Aquí vale la pena hacer un aparte sobre las candidaturas que se han presentado a las elecciones. Algunas de ellas no han suscitado el más mínimo comentario, pero están ahí: se suele olvidar que no existían solamente tres “opciones indepes” (ERC, JxCat y CUP), sino que a estas había que sumar otras cuatro: el Partido Demócrata de Cataluña (restos en putrefacción de CDC, que intentaban jugar la carta de la moderación y retornar al nacionalismo de los años 80) (2,72%), el Partit Nacionalista de Catalunya (0’16%), el Front Nacional de Catalunya (0’18%) y el Moviment Primaries per la Independencia de Catalunya (0’21%), calderilla que, en conjunto da un 3,27% y sumados al 47,45%, suma ¡un 50,72%!... es decir, un 25% del total de la población catalana…

Los nacionalistas e indepes difícilmente puede hablar de éxito. Su predicación (para quien escucha los sermones diarios de los “grandes sacerdotes” del sector) cada vez deja más indiferente a la gente y, a fuerza de insistir, el independentismo tiende a ser, cada vez más, una secta, mucho más que una religión amplia. La temática de las sectas siempre es obsesiva y cansina… salvo para los que comparten la creencia y están dispuestos a ir un día de lluvia, desapacible, con Covid, que, para colmo, es el día de los enamorados, a votar a los redentores de Cataluña.

¿Y AHORA QUE…? O REALISMO, O NUEVAS ELECCIONES

La hegemonía entre los indepes, se dirime hoy por hoy, entre ERC y JxCat. Son hermanos separados: Junqueras y Puigdemont, se odian. El primero fue estafado, literalmente, por el segundo, que tomó las de Villadiego y ahí sigue a pan y cuchillo en Waterloo. El segundo “chupó talego” como suele decirse. Este es solamente uno de los muchos agravios comparativos y puyas que llevan lanzándose unos contra otros desde hace cuatro años. ¿Lograrán acordar firmar un pacto que les permitiría formar gobierno? Es probable. Pero, el problema es ¿para hacer qué?

Las declaraciones de los dirigentes de estos grupos ayer y hoy no pueden tomarse en serio, siguen la inercia de la campaña electoral. Todos hablan de máximos, pero las cosas no están tan claras: en ERC existe una corriente que reconoce el fracaso del “procés” y habla de inaugurar un “camino nuevo”. En JxCat no quiere oírse hablar de fracaso, sino del erre que erre: referéndum, camino hacia la independencia. Incluso en algunos sectores de este grupo existe la opinión de que ya hubo referéndum y lo ganaron, así que…

Si bien, lo más normal sería un acuerdo ERC+JxCat, no parece claro que se vayan a poner de acuerdo y, en última instancia, esto implicaría el fin de los coqueteos de ERC con Sánchez y la apertura de un nuevo período de inestabilidad en las relaciones entre la gencat y el Estado que, como ya se ha demostrado, siempre es desfavorable para el más débil, la gencat.

Luego está la otra opción, ERC+PSC, a la que se apuntaría En Común-Podemos (otro partido con una caída de votos de casi el 50%: de los 326.360 de 2017, ha pasado a los 194.017 de ahora). Con Illa, como presidente (que por eso ha sacado un 1’71% más que ERC). Sería la opción más razonable para que la gencat pudiera mantener relaciones de buena armonía con el Estado y arrancar alguna competencia y euracos para afrontar el post-covid (porque Cataluña, uno de los primeros destinos turísticos del Estado, está apagándose económicamente).

Cada partido tiene problemas internos y gravosos costes para abordar cada opción: si por Junqueras fuera, ERC ya habría adoptado un nuevo curso y pactaría con el PSC, constituyéndose como la CiU del siglo XXI. Pero el liderazgo de Junqueras no es sólido. Pere Aragonés -que vive a dos pasos de donde vivo yo- no es muy apreciado, ni siquiera por sus vecinos, pero ejerce el poder que le da el haberse sentado en la poltrona presidencial y hará lo que sea para mantenerse allí.

Todas las formaciones independentistas están presas de sus maximalismos: el que, públicamente, renuncie ahora a la independencia, corre el riesgo de ser abandonado por el electorado que irá, como la vaca va al toro, hacia quien le prometa independencia para pasado mañana.

Las siglas indepes y, en concreto, ERC, están presas de su pasado: y éste queda cada vez más atrás. Visto hoy, Francés Macià es una antigualla gagá, Companys un pobre diablo sin carácter fusilado después de haber cometido errores y crímenes, Prats de Molló, una aventura irresponsable, el 6 de octubre de 1934 una locura sin base, lo 40 años de ausencia de ERC de la política catalana indican su oportunismo y el escaso valor de sus miembros que no fueron capaces ni siquiera de montar células clandestinas, y la aventura independentista del “procés” sólo ha sido como ver una película de Charlot en tiempos de Star Wars. Si ERC renuncia a su pasado, se sitúa ante el abismo y ante el peligro de disidencia interna y abandono por parte del electorado indepe (las candidaturas menores indepes pensaban poder sobrevivir por las pérdidas de las dos mayoritarias que solamente han conservado votos, manteniendo la ficción indepe).

No va a ser fácil formar gobierno, y sea cual sea el que se forme, el fantasma de la inestabilidad no se habrá disipado cuando se aleja el fantasma del Covid.

Y AHORA TOCA HABLAR DE VOX

Lo que ha pasado con los partidos constitucionalistas, Pp y Cs, ya lo hemos explicado a través de la “desafección”, incluso el por qué Vox ha subido. Tengo delante la publicidad que Vox envió a todo el electorado. Era solamente una carta de Ignacio Garriga, por una cara, en castellano, con ocho párrafos. No creo que nadie haya votado a Vox por esta pobre hoja en la que solamente con buena voluntad podría percibirse un programa político. La explicación debe estar en otro lugar.

Vox ha hecho una campaña marcada por agresiones y altercados provocados por los independentistas radicales y permitidos por la Conselleria de Interior. Los “cerebros” que dirigen las porras y las cámaras de video de los Mossos d’Esquadra, han pensado que era mejor acallar a Vox e impedir que pudieran lanzar sus consignas, y lo que han logrado es que, ante determinado electorado, harto y cansado de las consignas indepes, de las consignas blandi-blup de Cs y de la mediocridad e irrelevancia del PP catalán, se enterase de la existencia de Vox y le apoyara, no tanto por su programa (insisto: la carta enviada por Vox a todos los hogares era muy, pero que muy discreta y, en absoluto suficiente para movilizar a un 7,69% del electorado). Ha sido el independentismo radical el que, con sus acciones hostiles, sus agresiones, su intolerancia y su violencia hacia quien públicamente se manifiesta en oposición a ellos, ha hecho la verdadera campaña de Vox.

Como era inevitable, Vox se presentó desde ayer como el gran vencedor. No lo era por la sencilla razón de que estas elecciones han sido anómalas por todo lo dicho anteriormente. Pero lo que sí es cierto, es que el “constitucionalismo” ha perdido fuerza en su conjunto y Vox ha recuperado a los votos más hartos procedentes de ese sector. Falta ahora ver lo que hacen y dicen sus once diputados en el Parlament. Porque de eso dependerá su futuro.

MÁS CARNAVAL QUE DIA DE LOS ENAMORADOS

Un 20% de los llamados a estar presentes en mesas, dijeron que no, que no estaban dispuestos a tener que relacionarse con unos cuantos cientos de ciudadanos, de los que, estadísticamente, algunos estarían contaminados por el virus. Así que la gencat encontró la solución: en las últimas horas de votación, debían acudir a votar los infectados por el virus… para ello, los miembros de las mesas debían ponerse un traje aislante por completo similar a los utilizados en guerra química y bacteriológica. Suponemos que alguna oficinilla de la gencat que habrá puesto las botas comprando este equipamiento. El caso es que las instrucciones -algo complicadas- para ponerse el disfraz estaban solamente en inglés, alemán y polaco. Y, para colmo, nadie o casi nadie, fue a votar en esa franja horaria. Era como si en las elecciones al soviet supremo de la URSS se hubiera ordenado a los “rusos blancos” que fueran con uniforme zarista para poder ser estigmatizados mejor por sus vecinos.

Las declaraciones sobre los miembros de las mesas hoy en las distintas televisiones, me han hecho pasar un buen rato: todos ellos insistían en la desorganización, el caos, y en el carnaval que suponía esta medida tan estúpida como las “franjas horarias” en los bares. Uno de los presidentes de mesa, decía en A3 que, después de ponerse el uniforme, esperaban un desfile de votantes zombis que no se produjo.

Otro detalle de ayer: certifico que, en mi pueblo, no hubo colas para votar en ningún momento (y tengo a gala vivir en un pueblo cuya tasa de abstenciones fue superior a la media catalana), pero, viendo TV3 parecía como si las colas fueran la constante en toda Cataluña. No hubo ni una sola toma de TV3 en las que no se vieran unas colas, como las que encontramos cuando aparecía algún cantante de moda… El “ministerio de la verdad” tenía que entrar en acción. Y lo hizo.

LA LECTURA NACIONAL DE LAS ELECCIONES CATALANAS

Estamos en un momento decisivo para el gobierno Sánchez. El gran problema para el presidente y, sobre todo, para los barones sociatas, consiste en cómo deshacerse de la presencia del moños, de su pareja y de los restos de Podemos. Las declaraciones de sus dirigentes de Podemos, cada vez son más marcianas, inoportunas y abren más y más fisuras dentro del PSOE.

A esto se une la presión de la UE: “deshazte de estos irresponsables”, es el consejo general. Se lo dieron a Sánchez en Europa antes del verano y las elecciones catalanas han sido una nueva advertencia: a pesar de que no hay ministros de Podemos catalanes y que el moños apenas ha estado presente en la campaña electoral la caída de votos de su partener catalana (En Común-Podemos que une, en su interior a la antigua Izquierda Unida, al partido de la Colau y a la rama catalana de Podemos) ha sido notable, demostrando que la opción que nació del “movimiento de los indignados”, se encuentra en fase terminal y agónica.

Por otra parte, está la famosa “mesa de diálogo” que Sánchez siempre ha retrasado (para evitar que le pase lo que a ZP con Artur Mas) y que poco antes del inicio de la campaña quedaron en reabrir las partes. Esto, unido a la puesta en libertad el día antes de que empezara la campaña, de Junqueras, indica muy a las claras que Sánchez desearía gobernar con el apoyo de ERC… Pero, para ello, precisa que el PSC esté presente en el futuro gobierno de la gencat. Y una cosa son las palabras y mensajes intercambiados antes de la campaña y, otra muy diferente, estar en condiciones de hacerlos en realidad.

Presumiblemente el pacto era: pongo en libertad a los presos, abrimos “mesa de diálogo” a cambio de un gobierno PSC+ERC en Cataluña. Ahora queda ver si esto es posible, o quien ha tomado el pelo a quien. Y mucho nos tememos que Sánchez, de la escuela de trileros de Ferraz, tenga mucha más habilidad que ERC, al que, ya en su momento, un tontorrón como Puigdemont logró, literalmente, tangar.

Pero entre los “constitucionalistas” también van a producirse alteraciones: Cs, en primer lugar, está desahuciado. Le queda de vida, lo que dure la legislatura. Y el PP está escindido entre el afán de “moderación” para captar votos centristas fugados de Cs y la necesidad de una mayor radicalidad para evitar que su propio electorado le abandone en dirección a Vox. En Cataluña, de momento, ya se ha producido el “sorpasso” (si bien es cierto, que en las circunstancias excepcionales que hemos repasado) de Vox a Cs y al PP. Ahora queda ver, cuánto tardará en producirse ese “sorpasso” a nivel de Estado.

CONCLUSIONES: MOMENTOS DE IMPASSE

Como era de prever, las elecciones catalanas ni podían resolver nada, ni han resuelto nada (de hecho, las elecciones, como máximo aclaran el panorama político y modifican las correlaciones de fuerzas, pero nunca, absolutamente nunca pueden resolver problemas).

La fiesta de disfraces, el carnaval catalán de ayer, ni siquiera ha merecido una aprobación popular: nadie puede decir, gane quien gane, he ganado yo. Nadie puede ganar con un 50% de abstenciones. Absolutamente nadie. Nadie puede pretender que los resultados electorales le beneficien porque todos ellos han quedado condicionados por la altísima abstención.

¿Quién ha ganado y quién ha perdido?

- Ha perdido, en primer lugar y, sobre todo, la gencat, ese gobierno autonómico solo para catalanes independentistas. Y de qué manera ha perdido: por goleada y por un abstencionismo histórico.

- Ha perdido el “constitucionalismo” con sus consignas blandiblups y su falta de liderazgo y de actividad política entre elecciones.

- Ha perdido el nacionalismo que apenas supone una cuarta parte del total del censo.

- Ha ganado Vox que ha aprovechado, no su campaña, sino la campaña criminal desarrollada contra ellos por los indepes más descerebrados y por la más descerebrada TV3.

- Ha ganado el PSC que casi ha duplicado el porcentaje de votos a pesar de la alta abstención y al margen de las cualidades reales de Illa, responsable de la mala gestión del Covid, pero “célebre” por su presencia diaria en medios de comunicación.

- Ha ganado, sobre todo, por encima de todo y sin discusión el partido de la abstención. Una cosa es que no sirva de nada abstenerse, pero otra cosa es mostrar el hartazgo hacia la gencat por parte del electorado, algo que siempre es una opción: “NO EN MI NOMBRE”, que quiere decir: “HAGA LO QUE HAGA EL NUEVO PARLAMENTO, LO HARÁ EN NOMBRE DE LA MITAD DE LOS CATALANES Y HAGRA LO QUE HAGA EL NUEVO GOBIERNO DE LA gencat LO HARÁ EN NOMBRE DEL 25% DE LOS CATALANES”. ¿Representatividad? ¡Vaya mierda de representatividad!

Casi nadie está enamorado de los partidos políticos, ni de la gencat. Lo demuestra la existencia del partido mayoritario: la abstención.

Por Ernest Milá

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