Autor: Juan Carlos Segura Just

Editorial: Actas

Categoría: Historia Militar

Núm. Págs: 316 pp. + 20 de fotos

 

 

Este libro profundiza de una forma totalmente novedosa en la intervención directa de españoles y sus descendientes en la Guerra de Secesión americana que se libró entre 1861 y 1865. Tanto el Norte federal como el Sur confederado enrolaron en sus filas a importantes contingentes de españoles y de hispanos, que formaron unidades militares propias, en las que se hablaba español, o fueron integrados en los ejércitos regulares de ambos bandos. Oficiales y soldados lucharon heroicamente en batallas como Gettysburg o Antietam, en las que llegaron incluso a enfrentarse unos contra otros.

Cuanto más investigamos más nos sorprendemos de los que han hecho los españoles a lo largo de la historia.

Quizá no se sabían la letra entera de «Dixie», quizá todavía hablaban mejor en el español de sus bisabuelos que en inglés, quizá el uniforme gris de la Confederación les venía demasiado estrecho, pero hubo un puñado de españoles que se batieron el cobre y dieron su sangres en la terrible Guerra Civil americana. Incluso hasta hubo algún héroe en Gettysburg, como el soldado de la Unión Francisco Navarrete, que arrebató una bandera a los sudistas, sin que por ello, no se sabe aún por qué motivo, fuera condecorado.

Para empezar, uno de los grandes militares de la Unión, el almirante David G. Farragut, procedente de una familia menorquina. O el mismísimo general George Gordon Meade, que derrotó a Lee en Gettysburg, casualmente había nacido en Cádiz. O el general confederado James Johnston Pettigrew, un apasionado de nuestro país que escribió un libro titulado «España y los españoles». Nos tenía por gente «entrañable, caballerosa y valiente».

Por razones mayormente geográficas más que ideológicas, la mayoría de nuestros paisanos que combatieron en aquella terrible guerra lo hicieron con la Confederación, con los rebeldes. Al fin y al cabo, varios de los estados sudistas como la Luisiana y la Florida tenían entre sus habitantes a muchos descendientes de españoles, muy en especial de gente llegada desde las Islas Canarias.

En el momento de la batalla, aquellos españoles se unieron a sus vecinos, como es habitual. Sin embargo, también hubo gente nuestra entre las tropas azules de la Unión. Especialmente en el 39º Regimiento de Nueva York, conocido como la Guardia Garibaldi, pues además de usar camisas rojas como los partisanos garibaldianos tenían al revolucionario italiano entre sus héroes. Aquel regimiento estaba formado por gran parte de inmigrantes que ya en aquellos años llegaban en mansalva a la isla de Ellis, en Nueva York. El uniforme que gastaban era también de aires italianos, pues era calcado del que usaban los bersaglieri, con su sombrero de plumas incluido.

En el sur, la mayor parte de nuestra tropas se alistó en el 10º Regimiento de Luisiana (también estuvieron en el 13º, con su uniforme de zuavos), y cabe aquí recordar un libro importante sobre ellos, «Legión extranjera de Lee», de Tom Brooks. Y eran tipos como Gustavo López, de Nueva Orleans; Pedro Barau, también de Nueva Orleans, alistado en los Rebeldes de Luisiana, fue hecho prisionero y acabaría jurando lealtad a la Unión; Alejandro Berthancourt (típìco apellido canario), igualmente de Nueva Orleans, murió en Gettysburg; Juan Basco de los Rangers de Orleans; Pedro Bellory; Antonio Campos, igualmente de Nueva Orleans, desaparecido en combate; Manuel Castaño, desaparecido en combate; Antonio de León; Juan Fernández, después de ser hecho prisionero juró lealtad a la Unión; Juan Gutiérrez, Juan Lemán (perdió el brazo derecho en Gettysburg)...

Pero hubo más españoles, allá en tierra más o menos extraña. Como el Regimiento de Cazadores Españoles de la Milicia de Infantería de Nueva Orleáns; la Guardia Española o Southern Star Guards, del 21 Regimiento de Infantería de Alabama. O en los texanos de los Partisanos de Benavides, una tropa cuajada de canarios de la zona de San Antonio de Béjar; o el 8º Regimiento de Infantería de Florida. Los mandaba el texano Santos Benavides, nieto del fundador de Laredo.

La obra también desmiente el mito de que los carlistas participaron en esa guerra, por la sencilla razón de que las fechas no cuadran, porque distan más de veinte años entre el final de la primera Guerra Carlista y el inicio de la Guerra de Secesión americana, no obstante es posible que alguno de los combatientes de forma individual tuviese ideología carlista, pero ningún colectivo como tal participó en esa guerra. El origen del bulo se originó en una publicación falsaria que corrió luego por las redes.

Se estima que aproximadamente unos diez mil hispanos participaron en la Guerra de Secesión, de los que unos tres mil quinientos eran españoles, y de éstos, unos dos mil quinientos estuvieron en el bando de la Confederación, y más de mil con la Unión. Además de miles de civiles españoles que colaboraron en la retaguardia. Evidentemente todos ellos no pueden ser mencionados en este libro, porque el tiempo y la historia han borrado su rastro, aunque hemos podido conseguir referencias de un número considerable de españoles, y de descendientes directos de españoles, que tuvieron una intervención directa en esa guerra, con hechos relevantes protagonizados por muchos de ellos.

Los españoles y sus descendientes tuvieron intervenciones destacadas en los escenarios más emblemáticos y legendarios de la Guerra de Secesión, como en la puerta del infierno de la segunda batalla de Bul Run, el campo helado de Fredericksburg, la defensa de Culp’s Hill y Cemetery Hill, Death Valley (el valle de la muerte), Wheat field (campo de trigo), Peach Orchard (huerto de melocotoneros) o la carga de Pickett, en Gettysburg.

A miles de kilómetros de la que fue la patria de sus abuelos, nuestros paisanos, como siempre, nunca dejaron de dar la cara en una guerra terrible, considerada la primera guerra moderna, una contienda que ya sabemos que también está regada con sangre española.

Perfil del autor

JUAN CARLOS SEGURA JUST, Nacido en Barcelona el 1960, es abogado y doctor en Derecho por la Universidad Central de Barcelona. Oficial reservista de las Fuerzas Armadas españolas. Ha sido comentarista en diversas emisoras de radio —COPE e Intereconomía—, televisión —13TV, Canal CataláTV y en la actualidad TV1 Cataluña— y columnista de los diarios digitales Diálogo Libre, Crónica Global y El Catalán.es. Es autor del Libro Negro de la Independencia.

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